Pensionistas

El bloc del cartero

Nadie los esperaba tal vez. A fin de cuentas, razonaría alguno, mientras el resto de la población iba al desempleo -en muchos casos para quedarse-, si no veía su sueldo sometido a recortes puntuales o definitivos, moderados o brutales, a ellos, a los pensionistas, se les mantuvieron los ingresos. Con aumentos anuales pírricos, casi grotescos, pero aumentos al fin y al cabo. Pero he aquí que las circunstancias han cambiado y, después de unos años en que sostuvieron en muchos casos a los suyos, se han alzado para protestar por la precarización, teñida de amenaza, que planea sobre las pensiones. Son muchos, meten miedo. Y como dice una de nuestras lectoras, torpe estrategia será tratar de enfrentarlos al resto de la población. El problema es más hondo: un reparto de la riqueza más digno y justo para todos.

LA CARTA DE LA SEMANA

Mi compañera de al lado

Acabo de salir del hospital. Una semana de pruebas, pinchazos, curas, sueros… Pero una semana especial. Especial, como mi compañera de al lado. Cuando llegas allí, te retrae la idea de que te ingresen con una anciana, quieres a alguien joven, que comparta tus aficiones. Pero hoy doy las gracias por conocerte, Julita. 85 años de experiencia, alegría, dulzura, sabiduría y mucho amor. A veces, basta un momento de compañía para hacernos sentir mejor en circunstancias adversas.

Compartir estos días contigo ha sido la mejor terapia. Me has contado historias cargadas de valores, te escuché hablar con nostalgia sobre los recuerdos del ayer. Hemos reído y cantado hasta olvidar, porque hay personas, como tú, que tienen propiedades curativas. Eres un ejemplo de esperanza, de la verdadera alegría que reflejas en tu rostro. Puedo decir que me ha cambiado la perspectiva de ver las cosas y que, si uno pone fuerza y ganas, es más feliz. Me llevo el mejor de los recuerdos y espero que te recuperes pronto para comer juntas tu tarta de galletas con chocolate. Gracias por cruzarte en mi camino.

Puy Merino Bravo (Burgos)

Por qué la he premiado... Por mostrarnos que en cualquier sitio nos aguarda el magisterio de lo verdaderamente esencial, que no es otra cosa que el arte de vivir.


Que no nos manipule

Miro las manifestaciones de los jubilados y pienso que, al salir a la calle, luchan por no perder los derechos que tanto les costó conseguir. Yo nací con esos derechos, con una educación de calidad y gratuita, llegué a la universidad, algo que no había hecho ninguna mujer en mi familia. Tengo una sanidad universal y gratuita a la que debo la vida. Hay derecho a una pensión de jubilación digna. Gracias a que ellos lucharon he tenido acceso a un trabajo y a un salario también dignos.

Se nos olvida, pero esto se consiguió entre los años sesenta y ochenta en este país. Los medios y este Estado, en lugar de meter miedo diciendo que no va a haber dinero para las pensiones, deberían informar más y mejor. Recordar que, desde la crisis de 2008, los ricos tienen más y los pobres, menos. Al Estado le pido que garantice el estado del bienestar, que administre bien nuestros impuestos, que haga que paguen más los que más tengan, que vele por que la desigualdad no siga agrandándose. Que no nos manipule. El problema no es de los jubilados, porque hay muchos y cada vez hay más, sino del Estado.

Felipa Aragón Perea, Getxo (Vizcaya)


Acostumbrarse a la locura

Ya han pasado más de dos décadas desde que me marché de mi país. No había una guerra, sino un simple hecho: la locura de tener armas y la facilidad de comprarlas y usarlas. Tuve la suerte de criarme en California en los setenta, en una época de mucha creatividad y libertad en la educación. También me acuerdo del día en que perdimos la inocencia. Fue el primer tiroteo en un colegio, en 1979, en San Diego, y aún me acuerdo de ver los helicópteros sobrevolar la zona. El hecho de que alguien pudiese levantarse por la mañana y decidir matar porque no le gustaban los lunes me horrorizaba y me horroriza. Por desgracia, nos hemos acostumbrado a la locura de ver a alumnos saliendo en fila con los brazos en alto y escoltados por policías. Cada vez que ocurre, me reafirmo en mi decisión de vivir lejos de aquello. Es triste pensar que un profesor, al levantarse para ir a trabajar, cogiese sus herramientas de trabajo: «Llaves, libros, ordenador, pistola».

Nicholas Moramarco (Correo electrónico)


Niños mimados

Ellos fundaron esta democracia, lucharon por los derechos que hoy disfrutamos: educación, sanidad, prestaciones, pensiones. Ellos nos han criado intentando que tengamos más de lo que ellos pudieron disfrutar de niños y jóvenes. Ellos han mantenido y mantienen muchas casas de hijos y nietos durante esta devastadora crisis. Ellos mismos son los que ahora dicen ‘basta’ a esos políticos en los que habían depositado toda su confianza, después de venir de una dictadura, y que cada vez están más lejos de su pueblo.

Y nosotros ¿qué? Seguiremos como niños mimados disfrutando de las prebendas del sudor de nuestros mayores. Hemos creado una mimada clase política llena de privilegios. Quizá sea el único error que ellos han cometido. Es comprensible que con miles de euros de sueldo, dietas y demás, y teniendo asegurada la mayor jubilación con lo que cotizamos por ellos, estén fuera de la realidad.

José Manuel Verdugo Escamilla, Écija (Sevilla)


La historia se repite

En octubre de 1517, Lutero clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg sus 95 tesis. El descontento social y la imprenta favorecieron la propagación de sus ideas. No sabemos si Dios lo protegió; sí lo hizo Federico el Sabio, escondiéndolo y salvándolo de una muerte segura. Me recuerda la transgresión de Lutero lo que en Cataluña ha ocurrido cinco siglos después, también en octubre, y el vía crucis judicial que están sufriendo algunas personas por perturbar el statu quo. Queda por ver el desenlace y si alguien pasa a la posteridad. Esto lo dudo, pues si bien algunos remedan las maneras absolutistas, el lado opuesto del reparto no hace gala del arrojo de Lutero. Ver cómo raperos van a la cárcel por letras de canciones o cómo se retiran fotos de ferias de arte confirma que la intransigencia sigue muy presente en nuestro país. La historia se repite. Espero que sepamos iterar igualmente el coraje de generaciones pasadas para ejercer la libertad de conciencia y expresión y disentir cuando sea necesario.

Jesús Manuel Suárez Liste (Santiago de Compostela)