Trata

El bloc del cartero

Llama uno de nuestros lectores la atención sobre una de esas realidades cotidianas con las que convivimos casi como si tal cosa. Una realidad bajo la que se oculta el horror que es el pan diario de miles de nuestros semejantes. La trata de personas con fines de explotación sexual es uno de esos escándalos intolerables que estallan a nuestro lado y que durante mucho tiempo ha sido velado, cuando no minimizado o ignorado. Es la esclavitud de nuestro tiempo y de nuestro lugar, acaso la forma más extrema de violencia contra las mujeres (y, excepcionalmente, contra algún hombre), que solo se sostiene por la demanda de quienes prefieren no ver lo que a estas alturas es una evidencia estruendosa: que quien se presta a ser una mercancía, demasiado a menudo, lo hace en uso de una voluntad que dista de ser libre.

LA CARTA DE LA SEMANA

Presencias ausentes (o ausencias presentes)

En los 25 años que llevo trabajando en hostelería he pasado por situaciones graciosas, originales, sorprendentes. Pero la semana pasada viví una que me cuesta adjetivar. Era un sábado a mediodía. Entró una mujer sola, de unos 55 o 60 años. Con gesto amable, tranquilo, mirada tierna y apacible pidió la carta y comió con calma. Al marchar, se despidió de igual modo. En una servilleta sobre la mesa dejó escrito de puño y letra: «Muchísimas gracias por su atención. La comida estaba muy rica. Si me vieron hablar sola, no se preocupen, no estoy loca. Simplemente hablaba con mis hijos, que murieron en 2017. Pero no estoy sola. Ellos son ángeles que me acompañan a todas partes. Escogí una mesa de tres porque ellos estaban conmigo. Trato de hacer mi vida como antes, cuando ellos físicamente estaban. Pero aunque nadie los ve, yo como madre siento su presencia siempre. Con esto me desahogo un poco. Buena tarde y gracias». La leímos, la volvimos a leer. Nos transmite sentimientos encontrados. Compasión por su situación, pero también admiración por el sosiego al gestionar estas ausencias tan dolorosas como presencias que la reconfortan y ayudan a seguir adelante. Efraín Gómez Bombín, Noya (La Coruña)

Por qué la he premiado…Por acercarnos, a través de una hermosa historia, al poder de la mente humana, capaz incluso de repararse a sí misma frente al dolor más extremo.


Mi máster no es suficiente

Tengo 54 años, nací en el 64, igual que Cristina Cifuentes. En 2011, la empresa para la que trabajaba despidió a nueve de sus once empleados. Decidí entonces mejorar mi formación: por las mañanas, un curso de técnico en turismo y, por las tardes, el acceso a la Universidad para mayores de 45 años. Fue muy duro volver a estudiar, pero la nota de mi PAU fue 7,5, igual que la de Cifuentes. Pedí una beca sin la que hubiera sido imposible seguir estudiando y comencé mi grado en Historia. Terminé cuatro años más tarde, con matrícula de honor. Pero no era suficiente. En 2016, siempre con beca, me matriculé en un Máster de Patrimonio. Tengo el resguardo. También el de haber depositado en tiempo y forma el trabajo de fin de máster (TFM), que defendí en octubre, calificado con un 10, algo más que Cifuentes. Mis trabajos están colgados en Internet en el repositorio de mi facultad y cualquiera puede consultarlos y citarlos. Pero parece que aún no es suficiente: aunque no sepa qué es estar parada, sigo desempleada.

Montserrat Cubría Piris Pámanes, Liérganes (Cantabria)


Puigdemont y la Justicia alemana

Vale la pena leer la sentencia de la Justicia alemana sobre Puigdemont. El descarte del delito de «rebelión» tiene su motivo: los códigos penales de los países son obviamente diferentes y es muy difícil encontrar la misma tipología de delito. Pero es bueno remarcar que el tribunal alemán admite la existencia de «violencia» por parte del secesionismo catalán, aunque no suficiente para «doblegar al Estado». Es decir, el pacifismo del que tanto presume el independentismo no se lo ha creído la Justicia germana. Además, la resolución rechaza que Puigdemont esté siendo perseguido en España por motivos políticos. El tribunal germano deja claro que en España se pueden tener las ideas políticas que se quieran -muchos independentistas caminan por la calle tranquilamente-, pero no pisotear las leyes y burlarse de la Justicia, como hizo Puigdemont. Merece la pena subrayarlo.

José Ginés (Barcelona)


La trata, una nueva forma de esclavitud

«Si hay tantas jóvenes víctimas de la trata que terminan en las calles de nuestras ciudades, es porque hay muchos hombres (jóvenes, de mediana edad, mayores, ancianos) que reclaman estos servicios y pagan por su placer». Así se ha referido el Papa al negocio de la trata y la explotación sexual. Se calcula que el 79 por ciento de las víctimas son mujeres, menores y adultas, compradas como mercancía para nutrir la industria del sexo. La prostitución y la pornografía son muy lucrativas por su creciente demanda en todo el mundo.

Juan García (Cáceres)


Amemos la diversidad

Escribo por la sección de Niños (moda) del 8 de abril, en la que vemos a cuatro nenes blancos. Creo que ya es hora de que en estos reportajes se vieran representadas todas las culturas que hay hoy en España, con una nena o un nene con diferentes rasgos: también ellos son españoles, de origen chino, indio o africano, pero españoles. Soy una mamá española, de Valencia, y tengo una hija mulata, española y también valenciana, felizmente casada. Me gustaría que ante este tipo de revistas y artículos ella pueda también verse representada. Amemos la diversidad y la riqueza que nos da.

Alicia Alonso Calvo (Correo electrónico)


Opinar

He leído el artículo sobre Escobar del día 7 de abril, con las diversas opiniones sobre él de las personas que lo conocieron. Opinar es un tema que nos atrae; ser objetivos, una misión casi imposible. Nuestra visión del mundo está generada por una mente intangible, que es una proyección de nuestro cerebro. Lo que vemos no es el mundo, sino nuestro mundo. Muchas veces despreciamos la actitud de personas y actuamos de la misma forma que criticamos. En el artículo, lo podemos apreciar. Como decía el maestro indio Sri Nisargadatta Maharaj: «Lo que yo parezco ser es algo que no me concierne, existe solo en su mente». Sería interesante que dejáramos de aplicar esta supuesta objetividad con los demás y la proyectáramos más hacia nosotros mismos. «Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo», dijo Beethoven. ¡Que así sea!

Claudia Castro (Correo electrónico)