Memoria

El bloc del cartero

¿Tienen algún valor la experiencia y su destilado, la memoria de lo vivido? Si ha de juzgarse por ciertas señales que recibimos últimamente, y que los lectores se ocupan de señalar, no parece que demasiado. Los que deciden a quién se contrata y a quién no valoran cada vez más la pizarra vacía de la juventud, en la que podrán, con un poco de suerte y la ayuda de un sistema educativo cada vez más somero y coyuntural, escribir lo que a ellos se les antoje. Los que se arrogaron la facultad de dictar a punta de pistola el futuro de un pueblo nos urgen ahora a echar pelillos a la mar con unas disculpas apresuradas que suenan a quien apenas reconoce un desliz. Y tienen quienes los elogien por semejante gesto. Ojo con renunciar a la memoria, a la experiencia. Sobre todo, para ceder a la vieja banalidad del mal.

LA CARTA DE LA SEMANA

La edad

Tengo 46 años y, por si fuese poco, soy una mujer normal que acusa los indicios de la juventud perdida. Este de la edad es un mal endémico que, como dice el tópico, se vuelve virtud si pensamos en la alternativa de permanecer joven en el recuerdo. En esta sociedad, la juventud, la chispeante sonrisa, el quedar bien en un selfie, ser lozano y atractivo, parece lo único importante. No es lo que se sabe, sino la capacidad de aprender rápidamente, leí en una entrevista a un no menos joven y pizpireto empresario que hablaba sobre contrataciones. No sé por qué se sobreentiende que los jóvenes, solo por ser jóvenes, tienen más capacidad de adaptación, más amplitud de miras. Ah, la mirada. Esa mirada joven que los que ya no lo somos no tendremos jamás. Ni tú ni yo podemos mirar así, te asegura uno de esos jefes. Y ante eso, ¿qué podemos hacer? No me malinterpreten, hay muchos jóvenes a los que admiro por su forma de encarar la vida, su inteligencia y su forma de conducirse. Pero ¿qué pasaría si nuestra sociedad valorase todas las miradas y si cumplir años no fuese un descrédito? Imaginen que la experiencia y el arrojo se valorasen. Que jóvenes y viejos trabajásemos juntos. Que nunca más nadie debiese escuchar que tu mirada no sirve porque no eres 7 años más joven.

María Antonia Moreno (Salamanca)

Por qué la he premiado…Por invitarnos, con su reflexión, al contrato social más perentorio, acaso el único que puede garantizar una vida justa y digna para todos.


Los errores

Mi nombre es Eduardo y tengo 72 tacos. Soy el mayor de cuatro hermanos. Mi padre falleció de un infarto en 1975, dos meses antes de que dos sicarios de ETA se presentasen en la puerta y preguntasen por él.

Ahora descubro con sorpresa e indignación que, según esta gentuza, cabe distinguir entre los muertos bien muertos y los otros, los que ellos llaman ‘errores’. O sea, que si hubieran asesinado a mi padre delante de mí habría sido solo eso, un error. Pues no, mi padre fue un hombre cabal, que engendró cuatro hijos a los que supo costear estudios universitarios e inculcar valores sólidos. Fue un gran hombre, nunca un error. Gracias, papá.

Eduardo Pérez Sáenz (Correo electrónico)


Un futuro sin memoria

11 de diciembre de 1987. Tengo 12 años y estoy viendo la televisión en casa, con mi familia. Una organización terrorista, que dice hablar en nombre del pueblo vasco, ha hecho estallar un coche bomba en la casa cuartel de Zaragoza. La imagen es dantesca, recuerdo como si fuera ayer esas camillas con niños muertos. 29 de julio de 2009. Tengo casi 34 años. La misma organización terrorista ha puesto una bomba contra la casa cuartel de mi ciudad. El edificio ha quedado en ruinas, pero por suerte no hay víctimas mortales. 4 de mayo de 2018.

Los mismos asesinos, con los mismos instintos criminales, dicen que todo ha acabado y que se disuelven para siempre. Piden perdón por los daños «colaterales» y reclaman prebendas por dejar de asesinar, extorsionar, secuestrar, amenazar… Un ‘grupo internacional de contacto’ verificará que el desarme sea, esta vez sí, definitivo. Todos aquellos que han usado durante 60 años los términos ‘conflicto’, ‘bandos’, ‘presos políticos’ acogen esperanzados el inicio de un nuevo ciclo, en el que los muertos no existieron y lo único que de verdad importa es el futuro que nos espera, un futuro sin memoria, donde los que ni perdonan ni olvidan son poco menos que criminales.

J. G. N. (Burgos)


El miedo

Señores magistrados: aunque no soy experta en leyes, estoy doctorada en El Miedo con todos sus matices. Está El Miedo mezclado con sorpresa cuando de niña un viejo verde se frota contra ti, y callas. El Miedo receloso que, agazapado en el subconsciente, te hace sospechar de cualquier amigo, y dudas.

El Miedo irracional que agudiza los sentidos cuando oyes pasos a tu espalda y estás sola. El Miedo paralizante que bloquea hasta el pensamiento si coincides con desconocidos en el portal de casa y es de noche. Ustedes no lo entienden: una navaja intimida, pero cinco hombres acorralando a su presa son cinco armas que aterrorizan. Pregunten a las mujeres de su entorno si alguna vez sintieron El Miedo. Y si aún no comprenden la diferencia entre miedo y El Miedo, ellas sabrán responderles.

Esmeralda Ayape Zaratiegui (Correo electrónico)


El valor de las cosas

Esta Semana Santa hemos realizado un viaje en familia a Cracovia. En estos días de descanso aprovechamos uno para realizar una visita al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. El objetivo: dar a conocer a nuestros hijos de 7 y 10 años el horror vivido en uno de los campos de exterminio más sangrientos de la historia. Hicimos una visita guiada y nos sorprendió que, a tan temprana edad, ellos dos pusieran aquel interés en las explicaciones de la guía. Ella fue una buena docente. inspiradora y adaptable a sus escuchantes. Percibimos que estaba pendiente de nuestros retoños y ello despertó el interés en ambos por sus explicaciones.

Este fin de semana recordaba con mi pareja este viaje como una experiencia enriquecedora, sobre todo para nuestros pequeños. Uno de ellos ha participado estos días en un concurso de redacción y hemos descubierto como, de manera clara y sencilla, ha redactado las explicaciones que recibió de la guía. Los dos coincidimos en que lo más valioso de este viaje ha sido descubrir la sensibilidad de nuestros hijos, Roger y Julia. Estamos orgullosos de ellos. Al fin y al cabo, ellos dos serán nuestra inmortalidad.

Rosa Povedano (Correo electrónico)