Censura

El bloc del cartero

Nos habíamos olvidado de que, según la Constitución, el Congreso de los Diputados elige al presidente del Gobierno y tiene la potestad de censurarlo y despedirlo. Se había olvidado alguno de que el Gobierno tenía muchos menos diputados con los que pudiera contar con certeza que diputados potencialmente adversos. Tantos años de bipartidismo, algunas mayorías absolutas y muchas leyes aprobadas con el rodillo en la mano nos hicieron perder (o nos impidieron adquirir) la costumbre de la democracia hecha de transacciones probables e improbables. Esa donde tiene su importancia a quién se agravia o qué inquinas se granjea uno, a la hora de poder contar (o no) con un voto en contra o a favor, convencido o utilitario. Como dice uno de nuestros lectores: por la vía del sobresalto, lo hemos aprendido.

LA CARTA DE LA SEMANA 

Contradicciones de los adultos

Soy una niña de trece años indignada con las contradicciones de los adultos. Desde pequeños nos machacan en las clases con que cada uno de nosotros somos únicos y capaces de todo aquello que queramos. Todos tenemos las mismas oportunidades. Pero luego son esos mismos maestros los que derrumban nuestra supuesta igualdad. Los niños más brillantes se convierten en la luz de sus ojos, de sus clases y de sus proyectos. Al salir de clase, la cosa no mejora.

En baile, las que peor lo hacen van directas a la fila de atrás. Y el día de la función aparecen doce segundos. En el fútbol, los que no meten goles, al banquillo. Pero eso sí, niños, no debéis olvidar lo importante que es que hagáis deporte. Sería más coherente que desde el primer momento nos dijeran que no somos iguales. Que cada uno tiene sus aptitudes y que muchas ni siquiera se intuyen en la escuela. Que lo importante es conocernos a nosotros mismos para detectar nuestras capacidades. Y en ese proceso es donde ellos deberían ayudarnos. A todos. A los que brillan por su inteligencia en la escuela y a aquellos cuyo talento todavía no se ha descubierto.

Rebeca C. L. Zaragoza

Por qué la he premiado…Por la lección de sentido común, tan lúcida y tan inesperada para alguno, seguramente.


Ni agradecido ni pagado

Durante treinta años se mantuvo sobrio, se levantó a horas intempestivas y condujo su taxi bajo la lluvia que azota los inviernos del Cantábrico. Se aseguró de contestar siempre el teléfono a cualquier hora en cualquier circunstancia. Mantuvo el coche como nuevo cada día, a punto para cada uno de los millones de kilómetros que rodó. Escuchó una tras otra las historias de quien pasó por su casa, porque fue su casa, y a veces aprendió y a veces enseñó.

Pocas veces falló y ninguna sacó el pie del estribo, ni sisó ni regaló. Cumplió con todo y con todos para asistir a conductores asustados, perdidos, accidentados o averiados. Y al terminar, al acostarse sin despertador y colgar el teléfono, al devolver su licencia y sortear las trampas para comunicar su retirada, al levantar la copa y brindar, pequeño es el reconocimiento de muchos de los que lo necesitaron constantemente. Lo resarcirá la conciencia, pero el refranero español sabe que lo olvidado, ni agradecido ni pagado.

Alicia Trueba Betancourt, Castro Urdiales (Cantabria)


De lo mío a lo vuestro

Qué hermoso, ejemplar y solidario hubiese sido que los pensionistas que salen y han salido a las calles a reivindicar aumento de sus pensiones, hubieran puesto el mismo énfasis exigiendo a los políticos un puesto de trabajo para sus nietos o sus hijos, olvidándose (aunque realmente haya pensiones indignas) de sí mismos para luchar por situaciones muchísimo más injustas y graves como es la canallada del paro.

Es verdad que se puede decir que para eso ya hay un ‘día de’ y que los sindicatos asumen esa lucha (?), pero si cada grupo asumiese los problemas de los demás, creo que cambiaría el penoso panorama social que hoy asola España.

Javier Ráez Ruiz, Úbeda (Jaén)


No es país para mansos…

Consummatum est Pues a Rajoy y a casi 1300 cargos de su partido acaban de darles un sobresalto de desfibrilador. Pedro Sánchez, secretario general del PSOE y exjugador del Estudiantes, encestó una de tres en el último minuto a pase magistral del escolta PNV. Muy poco sólido tenía que ser ese gobierno para que el partido jeltzale, que bastante tiene con gestionar el País Vasco, pueda hacer de verduguillo en una faena de tanto trapío con tan solo cinco ‘razones’. Nunca un nuevo presidente gobernará con tan pocos apoyos. Llegó el momento del frente a frente, y fue entonces cuando el huracán portavoz popular comenzó a vomitar lava apocalíptica y latigazos dialécticos. Lamentablemente, fue lo más aplaudido desde su bancada. Hubo recriminaciones de deslealtad, cuando no traición.

En política, como en la vida, unas veces se gana y otras se pierde. Lo realmente importante es no pervertir los modos y la dignidad: el señor portavoz no lo entendió así. No solo la corrupción económica irrefrenable, que también, desbordó finalmente la presa, sino los recortes salvajes de aquí y allá que no necesitan ser reiterados. Relaciones rocosas, inmóviles y sordomudas con quienes piensan diferente. Agravios con nombre de 0,25 por ciento. ¡De momento, bien!, gritaba uno que caía desde un décimo piso. Veremos…

Alberto Fdez. Araújo, BaraCaldo (Vizcaya)


Es de esos momentos

A veces te encuentras con momentos, acciones o palabras que hacen aflorar algo especial en tu interior. Uno de estos momentos lo protagoniza una vecina de la aldea en la que vivo. Esta mujer, ya cercana a los setenta y con una gran vitalidad, ha tenido desde siempre una discapacidad intelectual y es como una niña de cuatro años. Mi madre suele recordar que una vez, hablando de viajes entre ella y otros vecinos y vecinas, esta mujer se acordó de sus padres, que murieron hace más de diez años. «Pues mis padres me dijeron que cuando murieran me iban a escribir una carta desde allá, pero no se deben de acordar, porque aún no me la enviaron».

Su comentario dejó a todos perplejos. A mí me encantó. Va desde la inocencia, la ternura, la esperanza y la fe. Es un mensaje inmaculado, simple y a la vez potente. Es de esas ‘cosas’ que te hacen ver más allá de un espacio y tiempo que parece tan hermético y trazado.

J. David Collazo Dubra, Golmar (Laracha, LA Coruña)