Consideración

El bloc del cartero

Comenta uno de nuestros lectores el asombro que ha producido en el reciente mundial de fútbol el comportamiento de la afición y los jugadores japoneses, que han cuidado de dejar todo tan limpio como lo encontraron, y no convertido en el vertedero o el muladar que otros acostumbran a dejar tras de sí. La consideración por el prójimo, por su trabajo, por sus dificultades, por su dignidad en suma, es una mercancía moral que cotiza a la baja en muchas sociedades, incluida la nuestra, donde la publicidad nos empuja a diario a no apuntar a otro norte que la pronta y prioritaria satisfacción de nuestras más nimias apetencias. Consume y deshazte sin rubor de los desperdicios, que mañana habrá más. Pero como nos advierten otras dos cartas: el planeta es finito y lo hecho queda (y siempre vuelve).

LA CARTA DE LA SEMANA 

Un proceso con poca educación

Otro día que ves la mesa de estudio vacía y no duermes bien, ya no por darlo todo por una profesión que te da la vida y por la que llevas sin importarte quince años con la maleta preparada y haciendo kilómetros, incluso con tus hijos sobre los hombros. No duermo bien porque al ver la mesa vacía se me viene el esperpento vivido.

Un proceso que no me ha dejado atender a mis alumnos a final de curso como se merecían al juntarse las fechas con la evaluación ordinaria. No he podido despedirme de ellos como quería ni darles las gracias por esa carta en la que valoran mi dedicación, mi esfuerzo y mi trabajo, esos que un sistema subjetivo, caótico y mal organizado no ha valorado. Esta mañana he decidido no mirar ya esa mesa vacía, sino las cartas de mis alumnos y seguir adelante. Un sistema injusto me examina un día. Mis alumnos, a diario. Soy docente. No nos van a quitar las ganas ni la lucha por esta profesión.

María del Carmen Moreno Torres, Almendralejo (Badajoz)

Por qué la he premiado… Por clamar, desde el banco de trabajo de la principal tarea que tenemos como sociedad, contra los dictados incomprensibles de quienes la desconocen.


Gracias, Japón (‘Arigato, Nihon’)

¿Por qué? Por esa lección de civismo que nos habéis dado al mundo occidental, central, sureño, norteño, universal. La sencilla y esencial práctica de «por donde vayas, déjalo todo como lo encontraste». No solo el vestuario, sino por donde habéis pasado. He vivido en Japón y no me ha sorprendido esta noticia tan positiva del Mundial de Fútbol en Rusia que ha sorprendido a todos, menos a los japoneses, que se cuestionan con una sencilla frase. hemos hecho tan solo lo que hacemos a diario.

La ética de no molestar a las personas con una desagradable conducta. El ser y comportarse con los demás como quieres que se comporten contigo. Esto se llama convivencia. He asistido en Japón a charlas explicativas de diferentes temas a niños. Todos han escuchado en silencio y armonía. He vivido en una familia japonesa. La educación empieza en casa; luego, en la escuela, en el trabajo, en la calle. Para los que empiezan a vivir, se utiliza la vitamina N de No. En su justa medida. La utilizan menos que nosotros, porque va acompañada de una explicación. El niño es un aprendiz de todo y solo desea aprender. Lo que han hecho los japoneses ha sido normal. Lo otro es el resultado de la mala educación. Me gusta transformar lo negativo en positivo. El fútbol corrupto de fichajes desorbitados, millones perdidos en apuestas, frente a la enseñanza, la buena educación, los exquisitos modales de convivencia del pueblo japonés. Arigato, Nihon.

Antonio Sánchez Escudero, Oyarzun (Guipúzcoa)


Admiración

Corren tiempos convulsos. No importa en qué época se lea esta carta ni en qué lugar. Todo cuanto conocemos evoluciona o involuciona, pero nunca se detiene.

Hay algo, no obstante, atemporal: la admiración. Hacia los progenitores y el prójimo; admiración por la belleza artística y paisajística… Pero sin duda hay una que encuentro fundamental y es la admiración por el saber. El filósofo Antonio Escohotado dijo una vez: «Cuando las personas descubran la fuente de alegría que es investigar y aprender una cosa no sabida, se darán cuenta de que hasta el orgasmo es una broma en comparación con la permanencia, la solidez y la seguridad que da para un ser como el humano la capacidad de aprender y saber». No podría nunca estar en desacuerdo.

Diego Liébanas García (La Coruña)


Hogar, dulce hogar

Lo primero que me llamó la atención de él fue su mirada. Una mirada triste, vacía, como si se le hubiese apagado una luz interior. Nos cruzamos al salir del cajero y me saludó con educación. Era un chico de unos veinticinco años, bien parecido y con un mechón de pelo rubio que le caía en el ojo. Llevaba un polo blanco del cocodrilo que hacía resaltar su cara, algo castigada por el sol. La noche ya se había adueñado del día y me estaban esperando para cenar, cuando una especie de instinto me hizo volver la vista atrás.

El chico, al que yo creí un vecino del barrio, estaba construyendo un habitáculo con unos cartones y un edredón deshilachado dentro del cajero. Me estremecí de pena. Podría ser el hijo de cualquiera. Podría ser mi hijo. ¿Qué difíciles circunstancias lo habrían llevado a esa situación? Luego me informé de que en Barcelona unas tres mil personas no tienen hogar, y cerca de mil duermen en la calle. Un 40 por ciento tiene problemas de salud mental o de adicciones y el 85 por ciento son hombres. Hay tres centros de primera acogida, pero hay que hacer largas colas y, en ocasiones, cuando te llega el turno ya no quedan camas. Si consigues plaza, a las siete de la mañana te despiertan, te dan el desayuno y te invitan de nuevo a salir al asfalto. Nadie debería encontrarse en esta situación.

Mariví Jover (Barcelona)


Suad Abderrahim

No olviden este nombre. La primera alcaldesa de una capital árabe. Ha sucedido en Túnez. No olviden este nombre. Y no lo hagan, pues están ante un imprescindible (y deseado) torrente de agua clara. Ante una cumbre de espectaculares panorámicas. El nacimiento de un camino. Un canto. Hoy es un gran día, el día que comienza. Aplaudo, y creo. Suad Abderrahim, ¡adelante!

Francisco García Castro (Estepona)


Justificaciones

Cuando fuimos emigrantes, nos instalamos en sus tierras y las usurpamos, robamos sus riquezas, los obligamos a adoptar nuestras creencias y costumbres, y a los que se resistieron los aniquilamos o los convertimos en nuestros esclavos. ‘Colonizar’ lo llamamos, el mayor ejercicio de superioridad y soberbia.

“En el colmo de la inhumanidad, muchos se ofenden con los pocos que levantan su voz y ofrecen su ayuda”

Y ahora, tras muchos siglos, la desmemoria nos ha alcanzado, y a los que aquí llegan huyendo de todas las miserias e injusticias, en gran parte secuelas de aquello, los echamos a patadas, sin contar a todos los que se quedan por el camino (en tierra o en el mar). Y muchos, en el colmo de la inhumanidad, se sienten ofendidos con los pocos que levantan su voz y ofrecen su ayuda, y dicen aquello de «si tanto te gustan, mételos en tu casa», aunque muchos de los que así se justifican son los mismos que han soportado a los políticos y otras especies que han estado robando los recursos de todos, incluso los han votado una y otra vez, a pesar de las evidencias. Acabada la Segunda Guerra Mundial, el pueblo alemán se excusó por los horrores cometidos ante sus narices alegando ignorancia. Cuando la historia nos juzgue, no podremos utilizar esa excusa.

I. A. M. Menorca


¿De dónde eres?

Por mi trabajo de director comercial de un pequeño grupo de empresas, viajo por todo el mundo contactando con empresas de todo tipo. En la mayoría de los casos, pasada la presentación, todos sacan la primera pregunta: «¿De dónde eres?». Mi contestación estudiada empieza. «Pues mira, soy nacido en la calle Ermita del barrio popularmente denominado de Moscú, perteneciente a la ciudad de Irún, por lo que me considero irunés de nacimiento. Y como esta ciudad es parte de la provincia de Guipúzcoa, sería también guipuzcoano. Guipúzcoa está a su vez en la comunidad autónoma de Euskadi, por lo que sería vasco por los cuatro costados.

Y al ser Euskadi parte de la nación española, también sería español a carta cabal, formando a su vez parte del continente europeo, lo que me haría también un europeo convencido. Finalmente, me considero habitante del planeta Tierra, que me haría un terrícola más dentro de la inmensa galaxia a la que pertenecemos». Muchos me han felicitado, pero de lo que estoy seguro es de que a nadie ha dejado mi explicación indiferente.

Sebastián Urós Molina, Irún (Guipúzcoa)


Bolsas de plástico

Al fin las cobran. Un profundo respiro para el planeta, en el acechante sofoco al que lo sometemos cada día. No hubo otra fórmula para el entendimiento, para la concienciación.

Qué triste, los humanos solo funcionamos a base de palo y zanahoria. ¿O acaso cesaríamos el consumo compulsivo e innecesario por voluntad propia? ¿Hubiéramos renunciado si no nos fuesen al bolsillo? Recuerda al pedal del acelerador cuando vemos la señal de prohibición. No todo está perdido. Cabe el consuelo de pensar que aportaremos nuestro esfuerzo individual por la causa, por tratar de dejarle una naturaleza sana a los que vengan detrás. Ahora ya no pareceremos unos excéntricos aquellos que llevábamos las bolsas reutilizables a la compra, y los tupperwares para las porciones de carne o pescado.

Óscar Camiño (La Coruña)


Menos banderas

Nací en Francia, de padre gallego y madre andaluza, y a los once años vine a España con mi familia. Poco antes de cumplir los dieciocho, con gran pena, tuve que elegir mi nacionalidad, quizá porque entonces, a finales de los ochenta, había el Servicio Militar Obligatorio en los dos países, y en uno de ellos tenía que jurar bandera… Soy español y amo mi país y cada una de sus diversas y plurales regiones, pero no por ello amo menos a Francia, Portugal, Italia o tantísimos países que no conozco, porque en realidad estamos todos conectados, sin importar la distancia ni la bandera. Y es que es mucho más, pero que muchísimo más, lo que nos une que lo que nos separa. Sin embargo, por desgracia, con todo lo inteligente que es el ser humano, es algo que aún muchos no comprenden, y se empeñan en levantar ‘barreras’ y en ondear ‘banderas‘. Qué pena, porque nuestra única salvación es dejar que hable nuestra sensibilidad, ella sola podrá llevarnos al territorio común de la serenidad, la empatía, la tolerancia, la convivencia y la paz.

Juan Ruibal Ordóñez (Pontevedra)