Taxi

EL BLOC DEL CARTERO

Las movilizaciones de los taxistas contra la creciente competencia de las plataformas gestionadas –y rentabilizadas– por poderosas compañías multinacionales suscitan el comentario de nuestros lectores. Que la competencia es en principio buena para el consumidor, en tanto abarata el producto, es difícil de discutir. Que la competencia se realice desde la ventaja, degradando las condiciones de los que trabajan para procurarla y eludiendo la debida contribución al sostenimiento de los gastos públicos, es en cambio muy fácil de cuestionar, salvo que uno se guíe por la defensa ciega de intereses propios o ajenos. Que en la reivindicación de una causa legítima se recurra a la violencia y la coacción es un dato para su descrédito. En este tablero se juega la partida. Y los gobernantes, una vez más, de perfil.

CARTA DE LA SEMANA

Un verano más

Un verano más vuelvo a la ciudad y al barrio donde crecí. Mi barrio puede ser cualquiera de los que llaman ‘periférico’ o ‘marginal’. Se encuentra alejado del centro, lejos del escaparate que mostramos y necesitan los inversores y los turistas. Alejado de las tendencias, de las start-ups, de la revolución tecnológica, de la conexión global. Un buen lugar para esconder el abandono, el desempleo, la pobreza, el narcotráfico, las consecuencias de un modelo social cada vez más enfermo e incapaz de que todas las personas podamos desarrollar proyectos de vida dignos.

¿Por qué volver a un lugar así cada año? Vuelvo porque en él encontré un lugar real donde hombres y mujeres han compartido las tristezas, el dolor, las esperanzas. Han sostenido sus vidas durante más de tres décadas. En él conocí y experimenté las cosas que realmente importan: el compromiso, el respeto, el cuidado de los demás, la solidaridad. Si alguien utiliza la palabra ‘comunidad’, tan de moda, mi pensamiento no va a las redes sociales, sino a mi barrio.

Roberto Porras de Arriba (Gijón)

Por qué la he premiado… Por la recomendación de ese saludable turismo alternativo que es siempre el reencuentro con las raíces de uno mismo.


La incómoda solidaridad

En una reciente carta que el presidente de Médicos Sin Fronteras en España ha publicado en la Memoria de 2017 escribe una frase estremecedora: «… 2017 será recordado como el año de la criminalización de la solidaridad». Una afirmación que, dicha por alguien que representa a una ONG de las de mayor prestigio mundial en la ayuda a los más necesitados en los peores conflictos del planeta, cobra una especial relevancia. Esa criminalización de la solidaridad no solo se da en recónditas áreas del planeta, se percibe también en el corazón mismo de sociedades opulentas pero cada vez más desiguales e injustas.

La solidaridad comienza a ser cada vez más incómoda para el poder establecido, especialmente cuando se organiza, pues cuestiona de forma radical ese principio neoliberal del ‘sálvese quien pueda’ como paradigma social. La solidaridad, tanto con la inmigración como con los desahucios o la pobreza, representa en los hechos un empoderamiento de la mayoría de la sociedad contra esa minoría, cada vez más exigua, que continúa imponiendo su visión del mundo al resto.

Horacio Torvisco, Alcobendas (Madrid)


Manolo, el taxista

Hacía más de tres años que no veía a Manolo el taxista, me lo encontré el otro día por casualidad y casi no lo reconozco, ya peina bastantes más canas y los avatares de la vida han esculpido mucho su cara. Empezamos hablando de lo mismo que habla todo el mundo, del tiempo, de fútbol y de política. Pero enseguida entramos en detalles. Ya no tiene aquel coche híbrido japonés que gastaba y contaminaba tan poco, lo tuvo que cambiar porque ya tenía demasiados kilómetros.

Ahora se ha tenido que comprar lo más barato del mercado, un automóvil ranchera rumano, cuya casa madre es francesa y cuyo pequeño motor diésel se hace en España, cosas de la globalización. Le comenté si no era hora ya de pensar en jubilarse, pero me dijo que no podía porque su hija, el marido de esta y su pequeño nieto se tuvieron que ir a vivir con él y su mujer, ya que no podían permitirse pagarse un techo. Manolo, que siempre fue de derechas, ha sufrido una metamorfosis en la dirección contraria del dicho ese que reza: «El que no fue comunista a los 20 años es que no tiene corazón y el que no dejó de serlo antes de los 50 es que no tiene cabeza»; se ha convertido en un marxista radical a los sesenta y tantos. Una cosa es la libre competencia y la libertad de mercado, me dijo, y otra muy distinta la libertad de la zorra en el gallinero. Nos despedimos y nos miramos a los ojos antes de marcharnos, como si fuera la última vez que íbamos a coincidir.

J. J. J. Suárez González (Gijón)


Quién indulta a los hijos

El padre fue condenado en 2009, por malos tratos, a tres meses de prisión y una orden de alejamiento. La madre acaba de ser condenada, por dos delitos de sustracción de menores, a cinco años de cárcel en total y privación de la patria potestad por seis años. Se comenta que la madre pudo ser mal asesorada (aconsejar cometer un delito no es buen consejo).

El padre, de momento, no necesita indulto pues ya se extinguió aquella culpa. La madre parece que quizá logre el indulto cuando haya sentencia firme. Y los presuntos incompetentes asesores no precisarán indulto pues no obra causa pendiente contra ellos. En supuestos como este, siempre me pregunto lo mismo: ¿Quién va a indultar a los hijos y quién se preocupará de que su crecimiento y desarrollo se vean rodeados del pleno equilibrio emocional y el cariño que los menores requieren y merecen?

Antonio García García (León)


Con los taxistas

Me habéis dado servicio en medio centenar de países. Habéis sido tertulianos, consejeros, guías, protectores y, en algunos casos, incluso amigos. También pícaros de asfalto. Sufrí con los de Bilbao cada vez que me hablabais de las licencias, surrealistas en plazas como el aeropuerto, de las dos hipotecas que afrontaban los más jóvenes en su bautismo del oficio. Por eso y por muchas cosas más, estoy con vosotros.

Las mismas administraciones que imponen esas licencias desorbitadas si se comparan con otros países vecinos os quieren colar a otros que juegan con reglas diferentes. Eso sí, primos, me duele tanto o más ver imágenes violentas. No caigáis en eso. Sois masa suficiente para haceros ver incluso en silencio, poniendo precio al tiempo. Como un taxímetro.

Luis Bañeres (Bilbao)


Quitemos las concertinas

Cada vez que leo las noticias… me da la risa. A veces pienso que yo soy el raro, el que no tiene sentido común y el que pierde el norte. Insiste el señor Marlaska en retirar las concertinas, a pesar del brutal asalto llevado a cabo en Ceuta. Y pensar lo contrario… ahora resulta que es ser racista. Nuestro ministro también rechaza que se emplee material antidisturbios para frenar este tipo de asaltos masivos como el acaecido en días anteriores.

“Cuidado con la ‘ultratolerancia’.  España es solidaria, y debe serlo, pero mante- niendo la coherencia”

Con el lema «mantengamos la seguridad, pero con medios no cruentos», lo único que se consigue es humillar a nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que solo piden medios y respaldo gubernamental para realizar su trabajo con dignidad y eficacia. ¿Por qué no recibimos a cada inmigrante con una recepción honorífica por parte de la Guardia Civil? ¿Por qué no preparamos un ‘vino español’ con tortilla de patatas y buenos pinchos y en este evento, ya de paso, preparamos la documentación para legalizar la situación de todos ellos? Cuidado con la permisividad y con la ‘ultra-tolerancia’, que solo favorecen los auges populistas y no buscan el bien común de la nación. España es un país solidario, y debemos serlo, pero manteniendo la responsabilidad y la coherencia.

Samuel Heredia Canovaca, Ponferrada (León)


El que sintió el sudor frío

Al hilo de un artículo de Pérez-Reverte en el que el académico defiende la actuación de un guardia civil frente a la parsimonia de la justicia que por poco le cuesta al miembro de la benemérita «la hacienda y la vida», he estado pensando que no son solo los jueces y magistrados los que en ocasiones menosprecian la labor diaria de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. No tenemos que pensar mucho para caer en la cuenta de la cantidad de sobrenombres despectivos con los que los conocemos: ‘madera’, ‘picoletos’, ‘guindillas’, ‘txakurra, ‘cipayo’, etc.

¿Qué hace esta gente para tener esta fama? Veamos. Están las 24 horas de los 365 días del año dando vueltas por todos lados, llegando siempre los primeros donde hay cualquier tipo de emergencia, desde atender al borracho que se cae y se rompe un brazo hasta frenar a un hombre que se ha atrincherado en su casa y amenaza con matar hasta al gato, pasando antes por mujer, hijos y cuñados. Previniendo o actuando ante hechos consumados, esta gente es la depuradora de nuestra sociedad, los que, en primera línea de fuego, hacen frente a aquellos que, por el motivo que sea, intentan destruir, menoscabar o aprovecharse de nuestro modelo de convivencia. Más tarde, a veces años más tarde, vendrán otros que detrás de libros, informes y peritos decidirán si el disparo fue conforme a derecho. Pero el que sintió el sudor frío recorriéndole la espalda, el corazón desbocado y el pulso a doscientos, ese fue el guardia.

Tomás García Jiménez, inspector jefe del C. N. P.


Reinventarse o alejarse

En estos días, en los que una vez más los taxistas piden sus derechos, algunos de ellos de una manera un tanto confusa, me paro a pensar en qué tiene de malo la libre competencia, por qué la temen tanto. El consumidor debe elegir el mejor servicio para él y, por supuesto, la competencia es buena para todos. Basta unos ejemplos para entenderlo.

¿Qué fue de muchas librerías de barrio cuando las grandes superficies empezaron a vender libros de texto y material escolar, por supuesto más barato? En la misma dirección con los libros de lectura con el famoso e-book o las tiendas de discos con el ya hermano Spotify. ¿Qué ha sido de muchos quioscos de prensa al aparecer Internet y estar toda la información al alcance de un clic? Se me hacen muy crueles muchos de los ejemplos, pero muchos han sabido reinventarse y luchar por su negocio y nunca quejarse ni, mucho menos, pensar que eso es malo para el consumidor, sino que es bueno para todos luchar desde nuestra posición e intentar entender que la vida es un continuo avance. El taxi debe saber vivir con esto; si no, el consumidor se verá defraudado.

Javier Del Pozo Rodríguez (Valladolid)