Madrastra

EL BLOC DEL CARTERO

Hace algún tiempo que empieza a ser urgente una redefinición del término, o el uso de un vocablo alternativo, para las muchas mujeres que cuidan de hijos que no son suyos igual (o mejor) que si fueran de su sangre. Pablo Neruda, a partir de su propia experiencia de ser criado por quien no le dio el ser, propuso una muy hermosa: mamadre. El hecho cierto es que ‘madrastra’ seguimos llamando a la mujer que ha de convivir con los hijos a los que otra dio a luz, que su connotación sigue siendo negativa y que el propio Neruda no cuidó de su hija (aunque esa sea otra historia). De madrastra tildan a España cada vez más cartas, en este caso por cuidar mejor a quienes no son sus hijos. Un juicio discutible, como todos, pero que se extiende. Alguien va a tener que andar muy fino, y finura no es lo que nos sobra.

LA CARTA DE LA SEMANA

¿A quién le importa?

No serás el titular de un periódico ni tendrás miles de ‘me gusta’ en una red social. Ningún telediario abrirá con tu noticia. No serás motivo de exclusivas ni de comisiones parlamentarias… Pero, para mí, tendrás siempre la primera plana. Ya iba notando que en las últimas primaveras tus hojas no tenían el verdor, la fortaleza y el lustre de antaño. Además, observaba cómo tu tronco se descortezaba, día a día, en el silencio de esos relatos de infancia sobre otros tiempos, ya mudos, los de mi abuelita María y los de los viejos del lugar. Y qué decir de tus ramas, esas que, poco a poco, se van secando en todas esas personas, las de toda la vida, que se van muriendo o se marchan a otro sitio. Pronto, de ti solo quedará quizá un amasijo de palos implorando al cielo. Ese árbol eres tú, mi pueblo, con tu lenta muerte, sin remedio, envuelta en la profecía de Julio Llamazares del «otoño infinito donde habitan los hombres y los árboles sin sangre y la lluvia amarilla del olvido». Pero ¿a quién le importa?

José Jerónimo Rodríguez Carrasco, Malpartida de La Serena (Badajoz)

Por qué la he premiado… Para que a alguien le importe. Porque a alguien le importa.


Carta abierta a España

España, eres mala madre, pero buena madrastra. Y te lo digo porque es un clamor popular: jóvenes y no tan jóvenes, empleados y desempleados, pudientes y no pudientes, todos me dicen lo mismo. Tus hijos, abandonados a la intemperie; los más favorecidos, viviendo de una limosna insultante que no les llega para vivir con una mínima decencia. A los espurios los recibes, como dice el evangelio de Lucas, en el hijo pródigo. Con guarderías, vivienda, cobertura económica y toda clase de facilidades.

Escucha, España, no seas sorda, esto es un sentir popular, es tanta tu generosidad como el olvido. Te lo dice un hijo de alma cansada, vieja, triste y dolorida. Y un consejo te doy, de buen hijo a madre deseada. De seguir así, dos caminos te quedan: o cambias o estarás sola, abandonada, vivirás en conflicto, ante el abandono de tus hijos y, cuando reclames ayuda, cuando la crisis sea tal, te responderemos que quien comió la carne que coma los huesos.

Manuel Domínguez (Correo electrónico)


Carrera de ‘influencers’

Esta nueva noticia de la carrera de influencers que va a financiar la Universidad Autónoma de Madrid me tiene muy indignada, y no porque se le vaya a dar un título universitario a gente que en mi opinión solo son una panda de jóvenes con muchos seguidores en redes sociales y un gran afán por mostrar su vida, sino por la atención que se le está dando a este movimiento. ¿Es que no se dan cuenta de lo que de verdad vale la pena potenciar? Realmente siento vergüenza de que en un país como el nuestro, en el que no se invierte ni un céntimo en investigación e innovación, esté poniendo dinero en esta broma. Pero supongo que es otra inconsciencia del mundo moderno.

Celia M. R. (Valencia)


Duermen en la calle

Es verano, época del año en la que muchos inmigrantes llegan a las costas españolas. Luego los meten en autobuses y los envían camino de Europa por el norte de España. Llegan a unos pasos de la frontera con Francia y, parón en seco, la gendarmería no permite el paso por la frontera y, si son vistos y detenidos, son reenviados ‘en caliente’ al otro lado de la muga. Esta muga no existente desde hace años. Pues bien, es verano, época caliente y así, ‘en caliente’, es como se los devuelve a través de esa muga invisible. ¿Y qué hacen? Acuden a algún refugio de la ciudad de Irún donde pueden trasnochar tres días, al final son devueltos a la calle y deben buscar sus medios, bajo puentes, bajo tejados o en la cercana muga para esperar el cansancio de la gendarmería que les permita correr, coger un tren o autobús para llegar a esa Europa deseada. Me sucedió hace unos días: dando una vuelta por las alturas de Hendaya, me encontré una pareja de hombres de color, sin mochilas ni bolsas y me preguntaron cómo llegar a San Juan de Luz. Les indiqué el sentido de la carretera. «No, no», ellos querían ir a través de caminos y laderas; les dije que tenían unos kilómetros por delante y se alejaron a paso rápido. Espero que hayan llegado a su destino y hayan encontrado un poco de calor humano, a pesar del calor atmosférico que en estas fechas padecemos.

Juan Carlos Audikana Hueda (Vitoria-Gasteiz)


El señor Roncone

Hace pocos días se cruzó en mi camino el señor Roncone, un calabrés indómito. Sus manos y su cara atestiguan ya el paso del tiempo y es que gastó su juventud luchando en las montañas como partisano. Es un hombre tradicional, le gusta la naturaleza, el buen comer y las mujeres. Ahora, su corazón lo tiene prisionero su nieto Brunetinno. Todo parece idílico. Pero su mayor miedo es que el cáncer que padece, al que cariñosamente llama Rusca, le gane la batalla antes de ver crecer a Brunetinno. Sin embargo, a pesar de que sabe que va a morir, no se resigna a no continuar viviendo como a él le gusta: sin privarse de nada, tomando lo que le apetece en cada momento y haciendo que cada uno de los días que le restan cuenten.

El destino del señor Roncone está ya escrito, yo no lo conozco: página tras página de La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro, voy conociendo y aprendiendo cómo se ha de vivir, porque muchas veces los libros dejan de ser un entretenimiento para transformarse en una enseñanza de vida. Cuántas vidas, cada una con su historia, que se encuentren en la misma situación que el señor Roncone no habrán podido ser escritas para convertirse en lo que podrían ser la mejor biblioteca, la mejor hemeroteca, el mejor espectáculo y la mejor enseñanza: el saber vivir, a pesar de que pinten bastos.

Carlos Marqués Calvo (Zaragoza)


De currículums y (de)formaciones

Dados los acontecimientos políticos de los últimos tiempos, percibo atónito la devaluación de ciertos cursos de formación académica que antaño gozaban de gran prestigio. No deja de resultar curioso el desprecio que, por causa de algunos, envuelve a la formación posgrado de otros. Conozco personalmente a demasiadas personas y grandes profesionales que, con intención de mejorar en sus puestos de trabajo o incluso de obtenerlos, invirtieron una enorme suma de tiempo, esfuerzo y dinero (obtenido con gran dificultad) para finalmente sufrir, al obtener sus títulos de máster, las chanzas de quienes con cinismo les preguntan: «¿Y en qué universidad te lo han regalado?».

“Percibo atónito la devaluación de cursos de formación académica que antaño gozaban de gran prestigio”

El hábito no hace al monje ni el diploma en sí otorga la formación: ¿tan difícil sería entonces pedir a una persona sobre la que sobrevuela la duda de la sospecha que explique brevemente el contenido de su trabajo en lugar de instarle a presentar papeles tal vez falsificados? ¿O es que nos preocupan más los documentos, títulos y currículums que la preparación y formación real de una persona para ejercer un trabajo o desempeñar un cargo concreto? Tal vez nos estemos centrando en lo secundario y olvidando lo importante al abordar esta cuestión.

Samuel García Moreno (Logroño)


Exigencia

«La propensión hispana a la autocrítica destructiva», que se señala en el bloc del cartero, como un rasgo de nuestro carácter, no nace por generación espontánea. He vivido con mi familia varios años en Francia y descubrimos que uno de los rasgos del alma francesa podría resumirse en el dicho: «Un buen francés es siempre un gran protestón», en el sentido de ser un «gran exigente».

Y descubrimos que esa exigencia era, sobre todo, con las autoridades políticas, desde el alcalde al presidente de la República. Pero, en cambio, su nación, su historia, sus literatos, sus hazañas, sus héroes… son cuidados y protegidos, sobre todo, de la autocrítica destructiva. Aprendamos humildemente, y en especial los políticos, de este magnífico rasgo de carácter de los franceses.

José Ramón Tostón de la Calle (Madrid)


Nepotismo ilustrado

El reciente ascenso de Pedro Sánchez al poder ha provocado que nuevamente vuelva a iniciarse el tan antiguo como nuestra democracia proceso de acomodamiento de las instituciones. En la antigüedad, cuando un bando tomaba un castillo, arrancaba las banderas del derrotado e izaba las propias. En nuestro país, a día de hoy ocurre algo parecido con una larguísima retahíla de cargos públicos en todo tipo de organismos, que rotan en cuanto cambia el ocupante del trono de la Moncloa. En las últimas semanas han aparecido más y más nombres vinculados con el señor Sánchez y su dedo índice. Desde la oposición, Sánchez criticó las ‘puertas giratorias’ y todo tipo de enchufismos. Podía prometer y prometía que con él y su «gobierno del cambio» eso se iba a terminar. No obstante, los hechos no refrendan sus promesas.

Tal vez considere, apoyado en su siempre favorable superioridad moral, que no se trata de nepotismo, o que todos los cargos nombrados tienen un excelso currículum. Fuentes de su órbita afirman que este sería el caso de su esposa, por ejemplo. Llámenlo pues ‘nepotismo ilustrado’ si lo desean, ya que el canónico solo lo ejercería la derecha, pero en la práctica es lo que lleva siendo toda la vida: un juego de tronos.

Borja González Seoane (La Coruña)