Banderas

EL BLOC DEL CARTERO

La mayoría de las grandes naciones, no sin dificultades, no sin vaivenes, ha dado con una enseña que, mejor o peor, representa a la gran mayoría de sus miembros, que sienten una emoción verdadera al verla ondear. Los españoles, en cambio, ya sea para la nación común o para las particulares, sabemos dar siempre con una bandera que resulte polémica y divisiva. O mejor, con varias. Las banderas en sí no tienen más importancia que la de los símbolos: lo que cuenta es lo simbolizado. Una lectora dice no sentir como suya la actual bandera rojigualda. Otros debaten acerca de si un dictador debe continuar o no en una tumba insigne, un símbolo más sobre el que impera la división. A unos irrita que se lo justifique; a otros, que se lo repudie. No es una cuestión menor. No es una página (bien) pasada.

LA CARTA DE LA SEMANA 

El cartón de los colegios

Solo queremos niños y niñas que respeten al prójimo, a la sociedad. Pero no vemos que, detrás, se ve el cartón de una educación cínica a la que no le importa nada. Durante 11 años no he estado casado con mi mujer, sino con una profesora que lo ha dado todo, y más, por sus alumnos las 24 horas de cada día. Le he recriminado incluso que contestara de madrugada mensajes de los padres; ir con ella por la calle era pararse cada 2 minutos para que sus alumnos la abrazaran. Hace unas semanas la despidieron por burofax. Así, sin más. Ni una llamada. ¿La razón? Estar de baja por un proceso de reproducción asistida. Ahora, cuando me cuenta que el colegio celebra con los niños el Día de los Derechos Humanos, el de la Educación, el Internacional de la Mujer, el Internacional de la Solidaridad, el Internacional de los Trabajadores o el Día Mundial de las Madres y los Padres, veo el cartón de muchos colegios. Quédense con sus beneficios económicos y su doble moral. Mi mujer se queda con los abrazos sinceros de sus exalumnos.

Carles Ricart Dols, La Canyada (Valencia)

La bandera

Cuando yo llegué, esta bandera ya se la habían apropiado los vencedores. Hacía mucho, sí, pero daba la sensación de que solo les pertenecía a ellos. Pasan los años, caen dictaduras, emergen democracias y crezco sintiendo que la bandera sigue siendo de ellos, ahora de los herederos de los vencedores y de otros muchos que se suben al carro ideológico. Sigo sin sentirla mía porque no comparto esos ‘ideales’. Han pasado más de 40 años y mi impresión sigue siendo la misma: sigo sin compartir. Creo que solamente la siento mía en los eventos deportivos, ahí sí la siento con orgullo, porque creo que es el único momento en el que no distingue ideologías.

Elisa Juste, Gandía (Valencia)

Humo

Han transcurrido casi 43 años desde el día que Franco dejó de respirar y, no obstante, Franco lleva copando todos los titulares de la semana en pleno año 2018. Otra vez. No seré yo el que se preocupe por el lugar que ocupen los despojos del dictador. No me importa lo más mínimo. No es asunto mío. Por mi edad, nunca lo ha sido. Lo que sí me preocupa y, ‘francamente’, me entristece, es la algarabía que ha producido el Gobierno alrededor de esta exhumación; que, a mi juicio, no es más que una colosal cortina de humo en la que ocultarse mientras esperan que otros temas deserten para no enfrentarlos. Tantos años después, tras muchos gobiernos y varias mayorías absolutas socialistas, Pedro Sánchez y sus socios salen a manifestar la extrema urgencia de trasladar los restos de Franco mediante un instrumento jurídico inadecuado y en un momento tan incoherente como la resaca de una moción de censura. ¿Esto es lo que pretendían censurar? ¿La urgencia social para con los españoles era esta? Abrirán la tumba de Franco y se toparán con lo que buscan: polvo. Polvo que mezclado con el aire les servirá para seguir haciendo humo y no atender los verdaderos compromisos.

Borja González Seoane, Costa da Morte (A Coruña)

El frente abierto

No es remover viejas heridas del pasado, sino mirarlas a la cara de una vez. Le pese a quien le pese, la realidad es que la Guerra Civil Española (sí, en mayúsculas) nunca acabó. Ahí sigue, con los frentes bien abiertos. Las barricadas pueden haber desaparecido, pero se sienten, se las ve en los telediarios, se las lee en los periódicos. Pero antes de seguir alimentando esa lucha, es importante no olvidar que, en lo que a contienda armada respecta, ganaron los malos. Ganó el fascismo. Ese que repudiamos en los libros de historia, en los bigotes chistosos, en los brazos en alto y en los colores que van del gris al pardo. Ese que hoy sigue llevando ramos de flores al mausoleo del dictador. Porque no, no es el Valle de los Caídos en tanto Franco esté ahí. Porque a Franco no lo ayudaron a caerse, como él sí ayudó. Es culto a su persona, que rodeado de sus víctimas, aún se ríe pensando: «Sí, gané yo». La exhumación urge porque no debería ser necesaria. Urge porque ya es tarde. Urge porque ese carácter tardío ha pasado ya al código genético del pueblo español. Urge porque demuestra que Franco sigue dictaminando el destino del pueblo español. Quitar a Franco del medio, pues, no es obviar la mirada a asuntos más urgentes, que los hay, sino darle la posibilidad, al menos simbólica, a España de ser mejor, de poder decir realmente: «Sí, son heridas del pasado».

Ilian Andreu, Zaragoza

Tercera Guerra Mundial

Las bajas entre la población civil son cuantiosas. Entre sollozos, contaba un camarada cómo cayó su hijo, que ya deambula como espectro asido al móvil. Uno más. En la Tercera Guerra Mundial ya no se lucha por ocupar territorio, sino tiempo. Se combate llenando la agenda de actividades, con el afán ilusorio de dejar el menor espacio posible a las pantallas, pero sibilinamente la legión del plasma se infiltra en los ratos muertos e inocula el veneno aislante, que pronto demandará hiperconectividad, información continua y entretenimiento virtual. Mimetizados, luchamos desde la resistencia, evitando significarnos. El silencio delata, así que, disimulando, escribo esta desesperada crónica desde una posición tomada al enemigo.

Santiago Aragón Guarné, Elche (Alicante)