Horarios

El bloc del cartero

La Comisión Europea, a partir de un sondeo on-line en el que dos terceras partes de los participantes eran alemanes, ha concluido que los ciudadanos estamos hasta las narices de tener que andar retrasando y adelantando el reloj cada seis meses. La muestra será discutiblemente representativa, pero el resultado es aplastante y parece que conducirá a una nueva unanimidad europea. Aprovechando la ocasión, los españoles inauguramos una nueva discordia, en torno a la necesidad de mantenernos en el huso horario actual -el de los alemanes, justamente- o adoptar otro, cuestión de la que emergen una vez más nuestras disonancias. Ante la disparidad de intereses entre los territorios más occidentales y los más orientales, la conflagración está servida. Nombrarán a unos expertos. Pobrecillos.

LA CARTA DE LA SEMANA

Sin mirar en el nido ajeno

Desde que nacemos somos juzgados. ¿Es el primero? ¿Queréis más? ¿No es muy chiquitita/o? ¿Come bien? ¿Y la guardería?… Y así que pasen 20 años, para que las cuestiones varíen: ¿qué va a estudiar? ¿Y las prácticas? ¿Tiene ya novia/o? Si pudiéramos preguntarle a ese bebé que aún no habla qué piensa de todo esto, quizá haría mutis en el foro y volvería al vientre materno, ajeno a estereotipos, prejuicios… Salirse de lo convencional asusta. Parece que los que nos rebelamos ante una sociedad que espera con ojo avizor para preguntar qué vas a hacer con tu vida o, peor, cómo vas a orientar la de tu hija/o somos unos inadaptados… O no. ¿Qué hay de quienes sencillamente vivimos sin mirar en el nido ajeno y nos resulta indiferente el cotilleo? Hijo mío, aún te quedan unos meses. No te asustes. Solo queremos que seas feliz, honrado y trabajador. Espero poder contarte un día la fábula del burro y ayudarte a capear en esta vida. Y, cuando aprendas sanamente a exprimirla, podremos dormir tranquilos. Nos vemos pronto, mi vida.

María Elena Estévez Carmona (Sevilla)


 

¿El inicio de una etapa?

Parece que a la mayoría de los españoles nos ha pasado desapercibida la encuesta no vinculante realizada por la Comisión Europea para conocer la opinión de la ciudadanía europea respecto al cambio horario. Por lo visto, el despiste fue como una virulenta epidemia comunitaria, ya que el porcentaje de europeos participantes en la consulta on-line no llegó al 0,9 por ciento (4,6 millones de personas de 450 millones, siendo las dos terceras partes del voto de la misma nacionalidad), algo extraño al ser el cambio de hora una cuestión que afecta a los países de la Unión Europea y que genera el rechazo entre millones de ciudadanos.

Es obvio que la campaña informativa ha sido un fracaso. Cabe preguntarse si estamos ante el inicio de una etapa donde las consultas sobre iniciativas con alta trascendencia en nuestra vida dejarán de pertenecer al reino de lo excepcional para incorporarse al de la normalidad democrática.

Alejandro Prieto Orviz, Gijón (Asturias)


 

¿Qué estamos haciendo mal?

En la medida de lo posible, y no es fácil, hay que aportar serenidad y, pienso, los medios deberían hacer autocrítica. Estamos ante una primera sentencia que no es firme. El sistema judicial tiene garantías y, aunque se equivoque, siempre será mejor que un linchamiento público. Hablamos mucho de derecho penal, pero este no lo es todo. Habrá que empezar a reflexionar sobre qué tipo de educación sexual tienen nuestros jóvenes. ¿Por qué se suceden los casos en los que una mujer es convertida en objeto de presa? No podemos seguir mirando para otro lado cuando sexo y violencia, demasiadas veces, van juntos. Donde debiera estar la belleza del don libre y amoroso de una persona nos encontramos con la más fea y machista violación de la dignidad humana. ¿Qué estamos haciendo mal?

Jesús Domingo Martínez (Gerona)


 

Huso horario

Si teníamos pocas cosas importantes para debatir, ahora nos toca hacerlo sobre el huso horario. En principio el asunto es una simple convención para compaginar nuestro modo de vivir con los ritmos de la naturaleza, una pretensión de domesticar el tiempo para que se acomode a nuestra métrica. Pero en realidad el cambio de hora es un asunto social, económico y político y hasta un sello identitario. Hubo intentos en algunas autonomías, como Galicia, en la que quisieron unirse al huso de Portugal, más por singularizarse, creo, que por ver la última luz del día a las once de la noche. En China rige la hora oficial de Pekín: todo ese descomunal territorio palpita al ritmo de la capital, lo que introduce una extravagancia cultural en virtud de la cual las tres de la tarde es un concepto de luz variable en función del lugar del país en el que vivas. La tentación de controlar el huso horario demuestra que este empeño de la UE para suprimir las congas del reloj -delante, detrás, un, dos, tres- no va a ser tan fácil de ejecutar. Todo el sistema horario actual, desarrollado a partir del meridiano de Greenwich, es una expresión de la dominación política de Occidente sobre el mundo, una convención que se impuso a finales del siglo XIX cuando el ferrocarril empezó a extenderse y a exigir un acuerdo sobre las manecillas. Aquí, Sánchez creará una comisión de expertos baratita para estudiarlo.

Genaro Novo (Sevilla)


 

El acoso

He conocido el acoso, lo padecí como drogadicto, luego en prisión y luego en mi último trabajo hasta que me hice jefe. Todos los cagones, si les echas cara (si están solos ya no valen para nada), se desinflan. Me preocupa mucho el abuso, a niños o a adultos, pero más el infantil. En libertad no permitáis nunca que los cobardes (suelen venir siempre en banda) os hagan la vida imposible. Los niños, que se lo digan a sus padres, hermanos, profesores y tutores. Los mayores no tenéis que soportar que los cobardes os traten mal. Hay formas de pararlos más en sociedad. Está la justicia y, a nivel laboral, también hay lugares adonde poder ir. Es siempre la misma canción. los cagoncetes quieren estar por encima de personas valientes, y los valientes les tienen que dejar su lugar. No. A por ellos y ellas, que son pocos y cobardes. Se trata solo de valor y coraje.

J.V.G. BurgoS


 

¿Por qué?

«Mamá, papá, me voy a Europa». ¿Por qué? Seguramente muchos. ¿Por qué no? Basta con uno. Tengo los contactos y algo de dinero. Salgo mañana. Hijo, no hagas nada que no harías aquí delante de tus padres. Intentaré llamaros. Camión. Mucha gente. Nigeria. Semanas. Algunos problemas. Níger. Me escondo. Me escapo. He tenido suerte. Desierto. Todo lo que lleves. O te mato. No tengo nada. ¿Y la chica? ¿Por dónde es? Tengo sed. Hay que seguir. No puedo dejarte aquí. No puedo llevarte conmigo. Adiós, amigo. Una luz. Agua. Gracias a Dios. Busco trabajo. Meses. Algo de dinero. Seguir. Marruecos. Tánger. Redada. Autobús. Desierto. Volver a empezar. Fuerza. Suerte. Dios. Marruecos de nuevo. Bosque. Hermanos. Perros, palos. Heridas. Escapo. Hoy. Valla. Seis metros. Valla. Cuchillas. Sangre. No me paran. Ceuta. Boza free (Victoria). Hospital. ¿Y ahora? Fuerza. Templanza. Invisible. Imposible. ¿Volver a empezar? Seguir. Suerte. Personas. Gracias. Templanza. Fuerza. «Mamá, papá, me voy a Canadá». ¿Por qué no? Visado de estudiante. Qué rollo. Ya lo tengo. Y los vuelos. Qué caros. Tengo los contactos y algo de dinero. Buscaré algún trabajillo para empezar. Salgo mañana. Hijo, no hagas nada que no harías aquí delante de tus padres. Os llamo cuando llegue…

Rubén Pérez Tellería (Pamplona)


 

Pesadillas de un seductor

Woody Allen es un cineasta excepcional, capaz de profundizar en las penumbras del ser humano y hacernos reír con sus miserias. Lleva dirigiendo una película al año desde 1981 con la facilidad de un niño que juega a tirar cosas contra la pared por si alguna de ellas se queda pegada. Sin embargo, con el tiempo, su humor se ha ido evaporando y su pesimismo vital ha ido impregnando sus historias hasta el punto de que últimamente uno siente cómo envejece cada segundo que pasa ante la pantalla de cine.

“Woody Allen ya no encuentra financiación. Este año no filmará y uno se queda con un amargo sentimiento de orfandad”

Ahora, unas acusaciones de abusos sexuales contra su hija adoptiva realizadas hace 26 años por su expareja Mia Farrow han cobrado inusitada fuerza al cobijo del movimiento #MeToo, y Allen ya no encuentra financiación. Este año no habrá película suya y uno se queda con un amargo sentimiento de orfandad y una sonrisa helada al verlo terminar tan perdido como el neurótico protagonista de muchas de sus películas.

Tomás Fernández Bayort, Umbrete (Sevilla)


 

Mi tribu

«Un hombre sin cicatrices no es un hombre», aseveraba orgullosa una mujer de una tribu africana. Dicho hombre, para asegurar el sustento y seguridad de su prole, no dudaba en batirse a muerte para defender el ganado y la supervivencia de su familia. Los cardenales y cicatrices labrados en su piel de ébano eran mostrados con orgullo y honor. Hoy, en la sociedad ‘civilizada’, esto es un mero atavismo del pasado. El vil metal ha cambiado perspectivas naturales por otras materiales. El alto ejecutivo que maneja cantidades ingentes de dinero desde su ordenador, y tiene ricas propiedades con muchas escaleras, estaría en la cúspide de la sociedad, siendo el más valorado. Poco importa si sus músculos se han debilitado por la inactividad, o su estómago ha ido in crescendo por los copiosos manjares ingeridos. Menos valorado es el obrero que madruga y va con el cuchillo entre los dientes, dispuesto a ser el más productivo, continuando con su vía crucis, día a día, con un síndrome de Estocolmo a cuestas, no consciente de su propio cautiverio. Y tanto unos como otros nos volvemos locos, en busca del Dorado. A veces, lo confieso, me acuerdo del hombre de la tribu, y lo reconozco. me gustaría ser él.

Vicente Cervera Sánchez (Valencia)


 

Para mayores

Cuando veo el bullicio que se forma en los centros de mayores y culturales a principios de curso para matricularse, recuerdo que hace solo unos pocos años los mayores apenas tenían oportunidad de ocupar su tiempo libre en actividades personales o relacionarse con gente de su edad. Es un gran logro de la sociedad conseguir que la gente se ilusione y comparta su tiempo creando un compañerismo de adultos que da a la vida ilusión y satisfacción. Los mayores ya no están aparcados en su cuarto dormitando o viendo la tele, a menos que así lo deseen. Pero si lo quieren, hay cantidad de materias para satisfacer, incluso lo que soñaron desde jóvenes y no pudieron cumplir y ahora tienen al alcance de un pequeño esfuerzo.

Josefina López Sánchez (Madrid)