Másteres

El bloc del cartero

Es posible, aunque no seguro, que la polémica en torno a ellos sirva para que muchos aprendan a escribir el plural en castellano de la palabreja, importada, como tantas cosas, del inglés. Los másteres de nuestros próceres, recaudados desde la ausencia y/o a cambio de finísimos trabajos encuadernados en canutillo, son más que una anécdota, aunque como dicen los lectores es muy penoso perder el tiempo hablando de ellos mientras suceden cosas más importantes. Muestran, en suma, la doble vara de medir de ciertos negociados universitarios -quizá nunca sepamos cuántos- para distinguir entre quienes son o pueden llegar a ser algo y quienes nada son. entre los miembros de la aristocracia partidista y el común. Ahora descubren lo feo que es. Ahora que se les exige la responsabilidad -y la decencia- que de por sí no tuvieron.

LA CARTA DE LA SEMANA

A los adioses

Llevo un año sin verte. Hay días que me sorprende que no estés y otros en los que no. Es difícil admitirlo, pero aunque todas las personas que se van dejan un vacío no siempre es oscuro. A veces es luminoso. Alumbra tu vida. Siempre habría creído que sería de esas personas que ante este obstáculo deciden llevarlo en silencio o explota en un sinfín de emociones. Estaba en lo cierto. A veces no quiero que nadie me vea ni me toque ni sienta que estoy y que padezco. Y otras quiero que el mundo entero me oiga, grite, llore conmigo. Pero a veces, simplemente, sonrío. Unas notas de una canción, una melodía en mi mente, una brisa, un olor. Está ahí, sigue aquí, conmigo. Y es ahí, caótico, impreciso, inexpresable, sin sentido, entre todo aquello que la razón manda tachar de locura, está. Por esto es por lo que hoy, un año después de decirte adiós, un año y tres días después de abrazarte, un año y una semana después de hacerte el último favor que me pediste, quiero decirle al mundo que sonrío. Y que lo hago por ti. Para ti. Gracias a ti.

Carla Navascués, Irún (Guipúzcoa)

Por qué la he premiado… Por la belleza y la humanidad de un duelo que puede inspirar y consolar a otros.


Vacaciones por un día, como toda una vida

Este año no coincidieron las vacaciones de mi esposa con las mías y ella decidió ir unos días a Irlanda a perfeccionar su inglés. Viajar le apasiona; a mí, menos. Pero estando de rodríguez hay tiempo para meditar, echar de menos, valorar lo pasado y lo presente, mirar al futuro y cuestionar si podemos sorprender, aunque nos creamos incapaces. En esto estaba cuando una luz me iluminó al imaginar presentarme en Dublín frente a ella, cual viajero y amante inesperado, el día anterior a su vuelta. Una locura, dado mi pánico a volar. Tras aterrizar, luego de un vuelo angustioso, todo se transformó en una vuelta a la ilusión del noviazgo, en un conversar tranquilo tomando unas pintas en los pubs con música en directo, en pasear con calma por las palpitantes calles de Dublín, en regalarnos experiencias y renovar anhelos… Veinticuatro horas que quedarán como recuerdo inolvidable de un día de vacaciones que vivimos como si de una vida entera se tratara.

Antonio García García (León)


Suicidios, tema vetado

Por fin leo artículos y oigo a expertos hablar sobre el suicidio. Al ser un asunto delicado, parecía vetado. Mi hermano se quitó la vida con 42 años. Era vital, fuerte de aspecto, le gustaba divertirse como a nadie y disfrutar de la vida, tanto que en su juventud, como muchos, perdió la cabeza con ciertas sustancias. Pero se rehabilitó con ayuda de expertos y nuestro aliento; estuvimos a su lado hasta que fue él de nuevo. Comenzó una nueva etapa, lejos de nosotros y de sus tentaciones. Tuvo pareja y una preciosa hija, de tres años cuando él murió. Tenía trabajo, precario, pero se ganaba la vida y una maldita  noche tomó la fatídica decisión. Desde entonces, el sentimiento de culpa siempre ha estado. Sus últimas llamadas eran diferentes quizá, pero decía que estaba cansado y le creíamos, y la sensación de que, si hubiéramos estado a su lado, solo un segundo, no hubiera sucedido. Una palabra de aliento, un beso, un «piénsalo». Fue tarde.

Isabel Franco (Barcelona)


Máster y doctorado en Liliput

En la novela Los viajes de Gulliver se habla de dos ciudades en guerra (Liliput y Blefuscu) por una disputa sobre… ¡cómo cascar los huevos duros! Ven el símil? Quizá deberíamos preguntarnos cómo nos juzgarán nuestros hijos con el legado que les dejamos. Nos rasgamos las vestiduras haciendo ‘microanálisis de titulitis’, pero callamos si hay personas ocupando puestos de responsabilidad para los que no tienen estudios ni capacidad. Se desplaza a ingenieros colocando a ‘filósofos’ como gestores de empresas nucleares (por la similitud entre Platón y el Plutonio) y, sobre todo, muchos parlamentarios que son maestros y profesores, han desertado de las aulas para gobernarnos como a niños. Algunos políticos han devaluado la obtención de un máster, que representa un gran esfuerzo para muchas familias, hasta índices inimaginables. Esto debe ser aclarado y perseguido, pero en el futuro se verá lo absurdo de una sociedad con políticos cortoplacistas que solo veían objetivos a tres o cuatro años, sin ponerse de acuerdo en lo fundamental ni razonar que lo importante no es por dónde se casca un huevo duro.

Fernando Blanco Gómez, Mairena del Aljarafe (Sevilla)


Mejor lidiar a un pillo

De jovencita juré que jamás repetiría ciertos dichos y costumbres de mi madre, y hoy me veo repitiéndolos y, aun más, defendiéndolos con energía. Lo que no recuerdo es a mi madre justificándose y sugiriéndome que ya caeré, como en ocasiones hago con mis hijos. Mi madre era lo suficientemente lista para no gastar su energía en balde. ¿Y por qué tengo la necesidad de escribir esto? Pues por culpa de Pérez-Reverte y su artículo del pasado 5 de septiembre. En él se hablaba sobre los daños colaterales a los que nos exponen los tontos. No podía estar más de acuerdo, y me recordó un dicho que me enseñó mi madre y que por desgracia repito: «Es mejor lidiar a un pillo que a un tonto». Quienes me conocen no se sorprenden al escucharme: «¡Si es que ya lo decía mi madre. es mejor lidiar…!».

María Isabel Macías Romero, Busturia (Vizcaya)