Mocos

BLOC DEL CARTERO

Nunca unos mocos -para más inri, fingidos- dieron tanto de sí. La ocurrencia de un cómico de hacer en un gag que se sonaba con una bandera -no una cualquiera, sino la que siente como suya mucha de la gente que lo vio- ha traído cola, crítica y hasta una imputación penal. Lo primero y lo segundo no debe sorprender a nadie, tampoco al cómico ni a quien le escribió el guion. En estas páginas encontrarán otras dos expresiones, con las que coincidirán o no, pero que exponen razones que alguien sensible al parecer ajeno no dejará de considerar. Sin embargo, inquieta constatar que una torpeza humorística pueda considerarse delictiva. Mejor sería que la próxima vez el cómico se preguntara de qué y cómo se ríe por la gracia que hace o deja de hacer, y no por miedo a que lo lleven ante la Justicia.

LA CARTA DE LA SEMANA

Diciembre

Diciembre me trae el recuerdo de familiares amados y de amigos ya desaparecidos. Poco a poco nos vamos quedando solos. Hace unos años podías pasear por el centro de la ciudad y saludar a amigos tenderos de siempre o quedar a desayunar con algún colega de la niñez. ¡Pero ya no! Todo ha cambiado: la forma de vestir, las palabras (los saludos de siempre a extraños han desaparecido o se han quedado, como mucho, en un simple ‘hola’). El cementerio está sembrado de esos seres queridos. Y sabes que dentro de poco ingresarás en sus filas. No hay otro camino, salvo el de intentar ser mejor persona el tiempo que te queda: ser más comprensivo con los demás, seguir saludando (‘buenos días’ o ‘buenas tardes’, aunque no te respondan), intentar comprender por qué el vecino del quinto tiene el carácter tan agriado, si ello es posible; poner tu granito de arena para que este mundo, a veces ruin y despreciable, sea más acogedor, más familiar, más humano.

Paloma Benítez (Málaga)

Por qué la he premiado… Por esa visión conmovida y natural del reemplazo de las generaciones y por su juiciosa y saludable recomendación final


Mocos

Soy un tipo de lo más normal, con mis virtudes y defectos, e intento ser lo más objetivo posible. En momentos críticos busco refuerzo en el recuerdo de un familiar, el comandante Benítez, que justa o injustamente dio su vida en el Rif en 1921 junto con sus hombres (españoles y rifeños) por su bandera y lo que esta representa. Durante cinco días defendieron la posición de Igueriben, a 50 grados, bebiendo tinta y orines, haciendo lo que él y los suyos creían que era su deber y bueno para una España que los ha ido olvidando. El otro día vi cómo un individuo, que se sonó los mocos en una bandera española, declaraba que solo era un payaso haciendo gracias con su bandera. Me temo que no es verdad. Un payaso es respetable y cae bien; no es un odiador odiado. Tampoco es su bandera, con mocos o sin ellos; la repudió como se escupe sobre la foto de una madre. Gracias a muchos que defendieron nuestra bandera, y por extensión nuestro país, individuos como él pueden hacer lo que quieran, como sus sonadas en un símbolo de todos. Hasta para los que les da más o menos igual resulta antipático. No esperarán los demás que respetemos sus banderas si ven que no lo hacemos con la nuestra, muramos o no por ella.

Alejandro Benítez (Madrid)


La bandera

Me indigna el desprecio en el gag del actor Dani Mateo en el que se sonaba los mocos con la bandera española. Lo disfrazan como libertad de expresión, humor, considerando trapo a una bandera, pero lo hicieron menospreciando unos símbolos, me hacen suponer, que no los representa. Así cualquiera. Si de verdad querían mostrar lo fútil de los símbolos, podían haber utilizado uno que sí los representara. ¿No es Dani Mateo catalán? Pues haber utilizado una bandera catalana, u otra de un colectivo más pequeño, la bandera arcoíris, o la de la República española. Quizá querían alegar que requerían una bandera que representara a muchas personas. Pues en ese caso haber mostrado esa valentía con la bandera de la Unión Europea. Qué fácil es simular libertad de expresión menospreciando al colectivo que no te agrada; lo difícil es demostrarlo con los símbolos y personas que sí te representan.

Juan Carlos Galván (Córdoba)


Ciegos

Consumismo voraz, compramos lo que no necesitamos ni nos hará más felices. Solo lo ansiamos porque algo está hueco en nuestro interior y creemos que podemos llenarlo con un nuevo ordenador, un nuevo entretenimiento. Ya no contemplamos los paisajes, viajamos en el tren rodeados de belleza natural y lo único que somos capaces de vislumbrar es la pantalla que tenemos enfrente. la última serie, película o vídeo estúpido, reenviado un millón de veces por otros seres tan vacíos como nosotros. Levantemos las cabezas y miremos las nubes fantásticas y hermosas. No somos capaces de imaginar cuán ciegos estamos, pobres seres mortales que no pueden ni abrir los ojos a la verdadera belleza.

J. G. Burgos


Aboliendo leyes

En la televisión es normal ver a científicos y activistas expli-cando cómo se llegará a prescindir del petróleo y del carbón. De la energía nuclear ni se habla. Pero lo sorprendente sería que un científico dijera: «El coche eléctrico contamina hoy tanto o más que el diésel». Si le diese tiempo suficiente, antes de que el programa fuese censurado, hablaría de los acumuladores o de las leyes de la termodinámica. Seguidamente se depurarían responsabilidades y el ministro de turno anunciaría la abolición de esas leyes tan molestas que siempre han condicionado las máquinas de los humanos. Y es que nadie parece preguntarse de dónde saldrá la energía eléctrica para mover esos vehículos. Todos desearíamos que del viento, del agua o de un huerto… solar. Pero la realidad es que el diésel, desterrado de los motores y de los plásticos, se convertirá en algo muy barato. Y una vez más el petróleo, que siempre ha sido demasiado barato, se quemará para alimentar al coche eléctrico; una contaminación diferida que dejará limpios los centros de las grandes ciudades, epicentro de la humanidad actual. Sin embargo, acabará con los atascos; para ello habrá que abolir otras leyes. Tal vez la de la gravedad.

Juan M. López Vallina (Correo electrónico)