Valor

EL BLOC DEL CARTERO

¿Nos paramos lo suficiente a ponderar el verdadero valor de las cosas? Las cosas que tenemos o no, las que hacemos o no, las que somos o no. Las cartas de esta semana vienen a ponerlo en duda. A menudo atribuimos a los objetos entre los que se nos desliza y disgrega la vida el valor que no tienen, y dejamos, en cambio, que las emociones que tienen que ver con nuestra naturaleza más profunda se vean una y otra vez reprimidas y postergadas. Por el afán de hacer chistes vanos y efímeros frivolizamos realidades amargas y aun terribles. Y, en vez de tratar de interpretar con una mínima consistencia y racionalidad los fenómenos sociales, optamos por respuestas precipitadas y simplificadoras. Y, lo peor de todo, llegamos a descuidar lo que más debería valer e importarnos: nuestra vocación personal.

LA CARTA DE LA SEMANA 

La vocación

Admirando el artículo La rosa de la vocación, de Juan Manuel de Prada, advierto la importancia de hacer clarividente la vocación de cada persona. Para alguien con vocación, el trabajo no es un castigo, ni siquiera un medio para obtener un fin. Es la ilusión de la tarea en sí. Es la labor escrupulosa elegida, que se hace tangible mostrando alma en el producto final. Es el afán alegre de terminar el cometido lentamente, con respeto, detalle y perfección. Con vocación, la prosa de la monotonía del quehacer diario se transforma en verso. Es la brega silenciosa que no escatima esfuerzos. El resultado de un trabajo así realizado es una obra de arte, merece la pena, tiene un valor añadido invisible que marca la diferencia. Sea cual sea la ocupación, la vocación se percibe y el beneficiario ecuánime la valora y recompensa. Sin embargo, asistimos al producto low cost, al fast food, a la marca blanca, al mueble casi de cartón, al paciente cada diez minutos… Sería bueno levantar la cabeza de los jóvenes, embotada en sus tabletas, móviles y redes y ayudarlos a encontrar su talento, su vocación. Que aprendan a amar su misión y envejezcan en ella.

José Salcedo González (Valencia)

Por qué la he premiado… Por recordar con prosa que casi es verso la verdad más elemental y crucial de todas: que, como dijo el griego, hemos de hacernos lo que somos.


Falso valor, falso precio

Leo con asombro que a los clientes de las marcas más comunes empieza a preocuparles cómo pueden valer tan poco las prendas que consumen. Han pasado más de 30 años desde que las empresas asiáticas empezaron a invadir los mercados. España ya tenía entonces una estructura social consolidada: educación gratuita, Seguridad Social, servicios públicos… Ello permitía a las empresas ofrecer salarios, horarios y derechos que garantizaban el progreso de todos. Yo entonces era comerciante, trabajaba mucho con empresas españolas y europeas y vi cómo fueron desapareciendo casi todas no porque no evolucionaran, sino porque los clientes no veían el valor, solo el precio de algo más barato que por su calidad, muchas veces ínfima, era realmente carísimo.

Traté de explicar el valor de mis géneros, pero también tuve que cerrar. Espero que quienes trabajan en las fábricas de Asia consigan cuanto antes esos derechos que nosotros conseguimos, pero también que sean más rápidos en reaccionar cuando sepan que en Occidente ya hay personas que trabajando malviven… ¿como ellos?

Cecilia Soler Lozano (Correo electrónico)


Ganar en las urnas

A los rivales políticos no se los gana en la calle, sino en las urnas. La calle ya habló. ¡Qué vamos a hacerle, así es la democracia! Lo que hay que hacer es crear ilusión en la gente.

Lamentarse de los resultados y descalificar a parte del electorado por no comulgar con su ideario es propio de los regímenes totalitarios. Además, esta manera de actuar, animando a la gente a manifestarse contra los votantes de una de las candidaturas por considerarla antidemocrática, puede producir el efecto boomerang, haciéndole campaña de forma indirecta para las próximas elecciones, que, por cierto, están a la vuelta de la esquina.

Mario Suárez, Pilas (Sevilla)


Chistes para llorar

Estos días proliferan por las redes los chistecitos sobre la inmersión de Vox en las elecciones andaluzas y sus consecuencias, y no me hace ninguna gracia que se utilicen, en clave de humor, los sentimientos del inmigrante, del negro, del temporero del Ejido o del que cree en la Navidad.

Ya lo sé: solo son chistes, pero llevan a que se banalice un tema muy serio originado por la incompetencia y la falta de credibilidad de nuestro arco político, que ha llevado como bandera «haz lo que yo diga, no lo que yo haga» y ha metido mano en las arcas del país. Me considero una persona con humor, pero si me pongo en la piel de ‘los utilizados’ para hacer la gracieta se me borra la sonrisa.

Manuela Jiménez Garrido, Barañáin (Navarra)


Emociones e idiotez

Fantástico el reportaje de Virginia Drake sobre la nueva película del genial José Luis Cuerda. Si disparatadas parecen algunas frases de los actores sobre la vida en 9177, como que los humanos vivirán más de 200 años, que no habrá listos ni tontos porque tendremos la Wikipedia en la cabeza, o que el sexo será con máquinas, lo que más me ha llamado la atención ha sido la entrevista al propio Cuerda, que dice frases antológicas, como que el mundo estará lleno de idiotas milmillonarios que no se podrán gastar lo que acumulen, pero que el cine sobrevivirá porque genera sentimientos y emociones con cosas elementales. Él dice que llora a diario por cosas tan básicas como la luz o la vejez. Me ha emocionado el reportaje por eso. A mis 75 años, me emociono por el simple hecho de vivir y no lloro porque no quiero que los demás descubran mis debilidades. ¡Imbécil de mí!

Enrique Stuyck Romá, Madrid


El ‘tontomóvil’

Llevo media hora en el sofá, sin saber qué hacer, salvo usar el móvil. Esto, que tanto escandaliza a los mayores y es tan normal para los jóvenes, es cada vez más frecuente entre la gente de mi edad. El móvil satisface nuestras necesidades a corto plazo y evita que nos aburramos. Esto provoca que cada vez haya menos iniciativa y que estemos perdiendo las aficiones. Por eso insto a todos a que levantemos la cabeza del móvil para hacer algo productivo con lo que realmente disfrutemos.

Juan Soldevilla Moreno (Correo electrónico)