‘Ispansi’

El bloc del cartero

La palabra, rusa, es también el título de una película española dirigida por Carlos Iglesias. Significa ‘españoles’ y, entre otras cosas, nos recuerda un lector, tiene una escena donde un grupo de miembros de la División Azul salva de unos SS alemanes a unos republicanos españoles. Enemigos ideológicos acérrimos que, pese a ello, se reconocen de una misma sangre y se dan amparo frente a la adversidad. Sirve para llamar la atención sobre el buen cine que se hace entre nosotros y que, a menudo, no se valora. quien cita la película admite no ver cine español a menudo y haberla encontrado «en el gran portal de vídeos de Internet». Sirve también para poner en contexto cainismos actuales. Ojalá fuéramos más al cine: a ver el nuestro y sostenerlo con el pago de la entrada; a recordar de dónde venimos.

LA CARTA DE LA SEMANA

Crisis existenciales

En el pasado, algunos sufrimos la crisis de los 40. frustración por no haber conseguido los sueños -o habiéndolos conseguido, ¿y ahora qué?-, nula expectativa de cambio de vida, responsabilidades familiares… Ahora, a las puertas de los 80, nos enfrentamos a otra crisis: la del atardecer de la vida. Que con la muerte de allegados y amigos tomemos conciencia de que también estamos al final del camino y, ante las expectativas de deterioro físico, enfermedades y negros pensamientos sobre pérdidas de seres queridos y poder adquisitivo, pasemos las siguientes fases: a) Cólera: maldita sea, mi tiempo se acaba. b) Negación: no puede ser. Por qué tan pronto. Si no he realizado mis sueños. ¿Cómo quedará mi familia? c) Pacto y negociación: y si hago más envejecimiento activo? d) Depresión: desesperanza, angustia, ansiedad, tristeza. e) Aceptación. sí, pero con resiliencia, vivir el aquí y ahora, dar y servir a los demás para que nos recuerden, avivar rescoldos religiosos. Y, cuando llegue la hora, recibir a la ‘dama del alba’ con dignidad y valor.

Fernando Serrano Echeverria, Eibar (Guipúzcoa)

Por qué la he premiado… Por la meditación, que a todo humano incumbe; por la moral alta, para dar la batalla que siempre y en cada momento puede darse


‘Ispansi’

Confesaré que no veo mucho cine español. Encontré de manera fortuita, en el gran portal de vídeos de Internet, una escena de la película Ispansi, de Carlos Iglesias. Escena que procedo a describir y que creo que ahora más que nunca haría reflexionar a muchos. Carlos Iglesias da vida a un partisano comunista español que lucha con el Ejército Rojo durante el sitio de Leningrado. Él, junto con sus hombres, permanece arrodillado en la nieve mientras un oficial de las SS los ejecuta. Uno por uno, de un tiro en la nuca. Cuando ya se ha cobrado su tercera víctima, aparece un pelotón de divisionarios, con el escudo de La Falange en sus cascos y uniformes alemanes que, al percatarse de que son también españoles los hombres que están siendo ejecutados, no dudan en apuntar con sus armas a los alemanes. Obligan a estos a marcharse sin dejar de encañonarlos mientras ofrecen coñac a los españoles y, finalmente, les permiten marcharse. Y yo me pregunto: si fueron ciertos este tipo de hechos en aquella época tan desmedida y atroz, dentro de una guerra y a miles de kilómetros del hogar, con un odio imperativo entre ambas partes, ¿qué demonios estamos haciendo ahora? ¿Acaso no hemos aprendido nada de nuestro propio pasado?

Carlos Marqués Calvo (Zaragoza)


El misterio mejor guardado

Cumplía seis años y esa noche iba con mi padre a ver la cabalgata de Reyes. El recuerdo de mi padre revelándome el misterio mejor guardado y abrumado, supongo, por la carta interminable recibida de mi mano es algo que conservo junto con la imagen desdibujada de mi primera cabalgata real. Aquel hecho no hizo que perdiera la ilusión por recibir regalos, aún la mantengo, y me hizo valorar más el esfuerzo y el amor que se esconde en cada uno de ellos.

“Dediquemos un minuto a explicar a los niños el valor de cada cosa que se obtiene con esfuerzo”

No infravaloremos a nuestros niños y niñas, no les hagamos creer que son merecedores de un montón de cosas materiales «porque se han portado muy bien» o «porque son los mejores», y dediquemos un momento a explicarles el valor que hay en cada cosa que se consigue con el esfuerzo, a hablarles de los sacrificios que a veces hay que hacer para sustentar una economía familiar. Lo entenderán si nosotros lo creemos. Desde aquel día, me sentí más unida a mi padre.

Manuela García Ramos, Galdakao (Vizcaya)


Nos la jugamos

Me llamo Carmen y me levanto temprano para ir a mi trabajo. Es de noche e ir a por el coche se parece a una película de terror. Cada vez que llego, mando un wasap para que mi familia lea: «He llegado». Se llama Ana y sale del turno del hospital de madrugada. Para aparcar, pasa miedo y cuenta los pasos que la separan del portal. Se la juega. Ya en casa, Ana manda el SMS a la compañera: «He llegado». Julia va a por sus hijos al ‘poli’ y pasa por el barucho donde siempre le dicen algo y a veces uno hace como que la sigue. Llega a recogerlos y da un rodeo para no pasar de nuevo por allí. Han llegado. Manda el wasap a su marido, camionero: «Ya en casa». Se llama Elvira y ha salido de fiesta con sus amigas. Es el cumpleaños de una. Está guapísima con su vestido y es la primera vez que se pinta. Tiene 14 años. Es la una y regresa. Su madre lleva en el balcón desde las 00:30. «Ya ha llegado». Mandan el wasap al padre, que le toca turno de noche. Se llamaba Laura. Tenía 26 años y la ilusión de una sustitución en un trabajo por el que tanto había luchado. Salió. No llegó. No pudo mandar el wasap. Esta es la sociedad en la que vivimos… o en la que nos la jugamos.

María del Carmen Moreno Torres, Almendralejo (Badajoz)

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Nuestros verdugos

Ya casi no me queda esperanza tras la Cumbre de Katowice. Estados Unidos, Arabia Saudí y Rusia han frenado la lucha contra el CO2. Todo podría cambiar con un tsunami de amor distributivo generalizado que acabara con actitudes como la de Trump, Salvini y otros antihumanos. No será así. Los ricos tendrán que dedicar con prisas actividad y dinero a energías sostenibles. Me temo que no despertarán a tiempo. Un huracán que arruine la finca de Trump en Miami o un descenso del uso del petróleo podrían poner en marcha a nuestros verdugos.

Pablo Osés Azcona (Fuengirola)


Alguien que escuche

Mi calle tiene siete números y siete bares. El del número 5 lo atiende un joven que un día me saludó al pasar. «Hola, hermana». Me hizo gracia que a alguien así le interesara una persona con hábito. Me preguntó mi nombre; y yo, el suyo. «William». «Ah, como Shakespeare». Había leído el artículo de XLSemanal sobre los negros de algunos escritores y empezamos a hablar. Hoy, cuando he salido a tirar la basura y he pasado por su bar, no me ha saludado. William estaba de pie en la barra escuchando a un cliente. ¡Qué suerte encontrar alguien que escuche! Ese joven da más de lo que le pagamos: su atención, su estar presente. Buscamos regalos de Navidad y el más grande es una persona dispuesta a escucharte mientras te sirve un café o una caña. En mi calle, tan pequeña, no hay luces de Navidad pero hay siete bares.

María Garmendia (Correo electrónico)


La otra voz

Hablo en mi nombre y en el de miles de personas, imagino, cuya voz no se oye: aquellas que con un sueldo hacen frente a los impagos de un inquilino moroso, cuya vivienda con desahucio exprés tardan dos años en recuperar. Y de la deuda, mejor ni hablar; que tienen algún piso, bien por su propio ahorro, bien porque lo han recibido en herencia del trabajo de toda una vida de sus padres, que en muchos casos tienen aún una hipoteca que afrontar y que pensaban que con el alquiler podrían vivir un poco mejor. Esas personas, cuando tras muchas batallas recuperan su vivienda, no desean volver a alquilar. Esta es mi voz, también merece ser oída, no tengamos una visión parcial de los hechos.

Carmen Romero Fuentes (Madrid)


La bestia no podrá con todos

Los pájaros no matan escopetas; las ovejas no matan carniceros; y las mujeres no violan y asesinan hombres; es al revés. Bernardo Montoya ha confesado el crimen de Laura Luelmo. Su perfil delictivo es inquietante. Ha pasado 20 años entre rejas por varios delitos; entre ellos, el de asesinato. Salvajadas como esta son frecuentes. Montoya, lejos de corregirse, se ha deshumanizado más. Algo va mal en nuestro sistema si programas de reinserción y reeducación centuplican la hostilidad y la revancha. Ciertas declaraciones irresponsables y buscavotos de algunos políticos y tertulianos incendian más que ayudan. Que una mujer no pueda caminar a la hora que quiera, vestir, moverse o arbitrar escapa a cualquier raciocinio. Taxistas protectores o autobuses que dejan a la usuaria lo más cerca posible del domicilio contribuyen al efecto disuasorio. La Policía, además de a amistades o parejas, es a quien se debe acudir. Es inaceptable que en pleno siglo XXI no existan políticas eficaces contra semejante lacra. La bestia no podrá mordernos a todos.

Alberto Fdez. Araújo, Barakaldo (Vizcaya)


Una mirada a los migrantes

La natalidad en nuestro país es de las más bajas del mundo. ¿Cómo será nuestro futuro de seguir así? ¿El mestizaje con ayuda de los migrantes? En este caso, lo estamos haciendo mal. Con mucho esfuerzo hemos educado a nuestros hijos para ser hombres y mujeres de bien. ¿Hacemos lo propio con los que vienen? El futuro es incierto. Una vez acogidos, deberíamos hacerlo como unos padres acogen a sus retoños, como una nación acoge a sus hijos: preparándolos para un futuro que es el nuestro… y el suyo. La dignidad no admite otro comportamiento. Deberíamos responsabilizarnos individualmente de su formación para hacer de ellos mujeres y hombres de bien. Un mundo más justo clama por ello.

Roberto Sola Castaño (Bilbao)


Partes especiales

Seguramente, todos hemos visto una película o serie con nuestros padres y, de repente, aparece una ‘parte especial’, es decir, una escena sexual. En mi caso, es un problema y una molestia porque soy menor. Y estas escenas no solo salen en películas o series para mayores, también para menores. Asimismo, me quejo de las pelis para menores con muchas connotaciones sexuales, porque así puede que nos estén pervirtiendo, y eso es malo para la sociedad. Que las escenas sexuales se queden en las películas para mayores o que solo estén en contenidos para adultos. Dejadnos vivir nuestra infancia y adolescencia de forma sana y agradable.

Ignacio Z. E. (Correo electrónico)