Hijos

El bloc del cartero

Cada vez tenemos menos hijos; cada vez son más quienes, por diversas razones, ya sea por propia voluntad o apremiados por las circunstancias, ignoran los desvelos y también las satisfacciones de la paternidad. Nos escriben esta semana padres que afrontan la experiencia con las dificultades particulares de su siglo. Padres que ven cómo los hijos se les van a vivir al otro lado del océano, allí donde pueden labrarse una carrera y construirse el camino personal que aquí se les niega. Los llaman los ‘hijos visitantes’: una vez al año, y el resto del tiempo a través de Skype. Padres que saltan a la aventura pasados los 40, tras haber vivido y bebido, según propia confesión, y que asumen ahora la responsabilidad. Sea como fuere, no cabe permitir que se convierta en rareza, lujo o anacronismo tener hijos.

LA CARTA DE LA SEMANA 

Padres cuarentones

A mis 41 años voy a ser padre. Afronto esta etapa con mucha ilusión y algo de miedo. A menudo pienso en lo interesados y egoístas que nos hemos vuelto. Tenemos hijos cada vez más tarde, tras haberlo vivido y bebido todo. Ahora que el mundo de la noche ya no es el mío, que en los bares desentono, ahora que casi todos mis amigos se han casado o se han vuelto runners, yo decido cambiar de vida. Por eso, por escrito, quiero decirte que no permitiré que mi edad sea excusa para no ser paciente contigo. A cambio de estos años de mi juventud que no te he permitido disfrutar, te compensaré poniendo a tu alcance mis vivencias, mis conocimientos y las pasiones que he acumulado. Lucharé por no ser un padre-abuelo que todo lo consienta y, por último, cuando empieces a despegar en la vida, cuando ningún muro se te ponga por delante, si mi salud flaquea y surge en mí ese egoísmo que parece que aflora en la vejez, que mis achaques no te impidan seguir tu camino y perseguir tus sueños. Yo decidí ser padre cuarentón para lo bueno y lo malo.

David Tuero Rodríguez, Bétera (Valencia)

Por qué la he premiado…Por expresar con franqueza un sentimiento cada vez más frecuente y afrontarlo a la vez con coherencia y generosidad.


José María Aguirre

Hace unos años quedé en la plaza José María Aguirre con una pareja británica para enseñarles Bilbao. Pocos sabrán a qué plaza me refiero, pero si digo que es la plaza donde está Puppy a la entrada del museo norteamericano todos la conocerán. Cuesta bastante encontrar la placa de José María Aguirre, ertzaina asesinado en la inauguración del Guggenheim; está escondida en una esquina. Me avergonzó que estuviera tan escondida y los ingleses no comprendieron por qué no tenía un lugar más privilegiado. Parece que molesta y que se le puso el nombre por cumplir. En el último homenaje celebrado en la plaza, el 13 de octubre de 2018, al cumplirse 21 años del suceso, fueron los sindicatos Erne y Esan quienes depositaron un ramo de flores. No hubo representación oficial del Gobierno vasco ni estuvo la consejera de Seguridad. Nunca es tarde para enmendar errores y aún es tiempo de colocar la placa en un lugar bien visible, para que todo el mundo sepa que la plaza del perro de flores lleva el nombre de un agente asesinado de un tiro por la espalda cumpliendo con su deber.

Roberto Rodríguez Vesga (Bilbao)


Pensiones, ¿dónde está el problema?

El Banco de España alerta de que vincular las pensiones al IPC tendría un coste en 2030 de 1,9 puntos del PIB, escalando a 3,4 en 2050. No lo niego, pero, si ese es el problema, como la Constitución nos obliga a ‘actualizarlas’ -poner al día, RAE dixit-, hallemos el remedio: dado que España recauda 7 puntos menos del PIB que la media de la UE, 13 menos que Francia, hay que lograr ingresar -usando una fiscalidad justa sin tocar las rentas de trabajo ni a las clases media y baja- esos 7 puntos que nos sitúen en la media y ­­hacer que grandes empresas y fortunas contribuyan a sostener el Estado. Con lo recaudado, además de cubrir el gasto en pensiones, sobrará dinero para hacer una España mucho más justa y solidaria revirtiendo los recortes de la era Rajoy.

Miguel Fernández-Palacios (Madrid)


Hijos visitantes

La maleta ha vuelto a ocupar su habitación, él ha vuelto para Navidad. Pocos días pero intensos haciendo todo aquello que le gusta. sus platos favoritos, visitar los lugares de su niñez-adolescencia, recuerdos de otro tiempo que con su vuelta se ven de otra manera. Todo es poco para atrapar cada día, cada hora que pasa con nosotros. Pero sé que pronto se volverá a ir, que su maleta ya no estará en esa habitación en la que tantas horas estudió y, ahora, solo la ocupa por Navidad. ¡Cuánto esfuerzo, sacrificio y dedicación para sacar sus estudios adelante y cumplir su sueño de realizar un máster fuera! Y allí encontró su primer trabajo, las posibilidades de promoción, de desarrollo profesional que aquí no encuentra. Nieto de inmigrante que vino a esta tierra en busca de una vida mejor y que ahora se despide de su nieto pensando que quizá ya no lo vuelva ver. Somos, muchos de nosotros, la generación de padres e hijos inmigrantes. Nuestros hijos son jóvenes formados con el esfuerzo de un país que los ve marchar, incapaz de retenerlos. Pronto él y su maleta volverán a cruzar el océano; su habitación, vacía; nuestro corazón, roto; y solo nos queda esperar a la próxima Navidad y al Skype de los domingos. Se acabó el tiempo en que vivían con nosotros, ahora son nuestros hijos visitantes.

M. A. C. Getxo (Vizcaya)


Contestación

Deseo contestar a la carta de Paula G. O., de Bilbao, del número 1628. Querida Paula: si tuviera ocasión, te daría un cachete, pero con todo el amor de un abuelo. Casi me has hecho echar unas lágrimas por el cariño que tu carta desprende hacia tu abuelo. Qué cosas más bonitas dices y cuánto cariño tienes en tu reserva para disfrute de quienes necesitamos ese combustible para seguir nuestro camino, intentando disfrutar de nuestros nietos, dándoles el cariño que a veces no hemos dado a sus padres. Que Dios te conserve ese manantial de cariño, te lo dice este chaval de 76 años, a esa chica que será una joya cuando pase de sus 17 a sus 71 y más. Disfruta y sigue haciendo disfrutar a tus abuelos, en representación de todos los yayos. Recibe un fuerte abrazo de este yayo.

Julio Pérez Magaña (Logroño)