Juzgadas

El bloc del cartero

Varias de las cartas de esta semana se refieren a la exposición de las mujeres al juicio social, y la valoración y las consecuencias que de este resultan. Una espía del KGB que recibe, consciente o inconscientemente, una reprobación superior, a partir de pruebas someras o dudosas, a la que a un espía varón le tocaría. La zozobra que el miedo, entre otras cosas, a cómo será juzgada por su entorno provoca a la mujer que sufre maltrato y duda si denunciarlo, hasta el punto de quedar atrapada en una red de vejaciones y humillación. La sistemática infravaloración salarial de la mujer trabajadora, aún hoy menos retribuida que el hombre e infrarrepresentada en los niveles jerárquicos donde se toman las decisiones en las organizaciones. Llevan estas cartas firma femenina. La interpelación, empero, es para todos.

LA CARTA DE LA SEMANA

Las mujeres nunca sacan sobresaliente

La verdad es que veo las noticias, y cada vez me indigno más con el asunto de que, según la media española, a las mujeres se les paga casi un 20 por ciento menos que a los hombres realizando el mismo trabajo. Y no estoy hablando de diferentes cargos y responsabilidades, que sería otro tema en el que prefiero no entrar, sino de realizar la misma labor con similar estatus en la empresa. Hay muchos hombres que no acaban de entender esta situación y no son conscientes de lo profundamente injusta que es. Creo que la entenderían mejor con un ejemplo adaptado a mi situación actual como estudiante de cuarto de la ESO. Imaginad que los chicos de mi curso, simplemente por ser chicos, obtuviesen siempre un 20 por ciento menos en las notas de sus trabajos y exámenes, de tal manera que necesitasen un 7 para obtener un aprobado y que sacando un 10 jamás les pondrían una nota superior a 8. Creo que esta es la situación actual de las mujeres, los sobresalientes solo son notables, y los notables solo llegan a aprobados.

Por qué la he premiado… Por regalarnos una gráfica analogía que invitará a reflexionar también a la generación que tendrá la responsabilidad inaplazable de cambiarlo.


El cordón de los miedos

¿Por qué hay tantas mujeres que no denuncian los malos tratos que sufren o han sufrido? Un miedo profundo y la duda en los que opinan y a veces las juzgan. Es un miedo inevitable, un miedo desgarrador, a veces insuperable, que paraliza, hace una lisis de la autoestima, destruye las ilusiones y vuelve inútil pensar en el esfuerzo de contrarrestar tanta agresión. Es el cordón atenazando la garganta de una mujer, cordón que la acobarda y acelera, pensando que «no importa nada de lo que es tu vida, al que te mata, y menos tus lágrimas, así que no debes permitirte derramar ni una sola». Y así sigue viviendo hasta que pasa. Hay que luchar y saber que hay muchas formas de matar; una es utilizando armas físicas y otra, empleando el arma del comportamiento, la actitud, la humillación o la palabra. Creo que no es suficiente con salir a la plaza de cada ciudad a mantener un minuto de silencio cada vez que sucede una desgracia irreversible. ¿Quién está dispuesto a enseñar los principios y el respeto? Quien es capaz de reconocer que el consumo de sustancias tóxicas y el alcohol pueden hacer ‘volar la cabeza’ de muchos, como sucede en tantos casos. ¿Qué hacen los políticos y sus leyes?

Aurora Sánchez Sousa (Madrid)


Una prisión social

Tantas veces que nos dicen que dejemos el móvil cuando bajamos a cenar, tantas veces que nos dicen: «Deja el móvil y estudia». Estamos en una sociedad que no puede vivir sin móvil; tanto adultos como jóvenes estamos en una prisión social, de la que creemos que somos libres. Se supone que la tecnología es un avance. ¿Acaso es bueno? Es verdad que sirve para muchas cosas útiles y nos facilita ciertas actividades, pero muchas de las veces un smartphone se utiliza con fines maliciosos. Vivimos en una sociedad en la que nos dejamos influir por personas, ¿debemos dejar a un lado nuestra única personalidad y cambiarla por la de influencers y así ser todos iguales? A los famosos influencers no los conocemos de nada, solamente sabemos lo que quieren que sepamos; queremos ser como ellos sin tener en cuenta nuestra personalidad porque, claro, como ellos son famosos… ¿Estamos seguros de que queremos seguir a alguien que conocemos solo digitalmente?

Andrea Alonso San Miguel (Santander)


Una imagen desde el fondo del mar

Escribo en referencia al artículo publicado en el número 1626 de XLSemanal, Una española, coronel del temible KGB, como sobrino de esa española: África de las Heras. El autor del artículo describe en un espacio muy limitado las actividades de mi tía. La limitación tiene inconvenientes como es el de establecer juicios posiblemente tópicos sobre una persona cuya actividad, en un servicio como el KGB, ha sido compleja. África de las Heras participó como experta de radio en la guerrilla del coronel Dimitri Mevdev en Ucrania desde junio de 1942 hasta abril de 1944. En la novela de Raúl Vallarino Mi nombre es Patria se cuenta que ejecutó personalmente a otro miembro de la guerrilla. Pero esa novela es ficción. Para ejecutar a un confidente, la guerrilla de Mevdev, que llegó a los 700 combatientes, no necesitaba recurrir a una de las operadoras de radio. Con respecto a la muerte de su segundo marido, Valentino Marchetti, cuyo verdadero nombre era Giovanni Antonio Bertoni, también agente del KGB, se debió a un ataque cardiaco. La Policía de Uruguay investigó ese fallecimiento, sin resultados positivos. Siento no haberla conocido. Creo que a algunas personas solo se las puede contemplar como una imagen desde el fondo del mar. Al mirar hacia arriba, los contornos de la luz dibujan en el agua los perfiles que deseamos y provocan sentimientos contradictorios. En el caso de la familia, los dolorosos se superponen a los del orgullo y la curiosidad. Mientras África de las Heras combatía en la estepa ucraniana durante 1942, otro miembro de la familia, encuadrado en la división 250, conocida como División Azul, moría por un disparo de artillería en el frente de Leningrado.

Jesús Maroto de las Heras (Boadilla del Monte)