Derechos

Bloc del cartero

Pone una lectora el dedo en una de las llagas de nuestro tiempo, de la que diríase que no somos lo bastante conscientes: en esos nuevos espacios de convivencia e interacción que ha abierto la tecnología digital no se están tomando precauciones ni se están adoptando las salvaguardias necesarias para preservar los derechos que hemos establecido como irrenunciables y dignos de protegerse a lo largo de siglos de civilización. Esos espacios se expanden de forma exponencial, por lo que los derechos serán cada vez más ficticios e irrelevantes si no se asume la necesidad de afirmarlos en su dimensión digitalizada. La educación es siempre el primer paso, pero la experiencia nos dice que no todos se dejan educar. Los Estados tienen una misión, por cuenta de la ciudadanía, de la que no pueden desentenderse.

LA CARTA DE LA SEMANA

Esta vez no he firmado

Aún con los ojos enrojecidos y musitando una plegaria por el alma de Julen comienzo esta carta. He recibido en el móvil una petición de Change.org, promovida por la que, dice, es la nieta de un minero asturiano que recoge firmas para solicitar a la comisión del Premio Princesa de Asturias la concesión de dicho galardón a los ocho mineros que han participado en el operativo. Sin duda, esos abnegados y valientes mineros se merecen eso y muchísimo más, pero sería un demérito y una falta de reconocimiento hacia esos guardias civiles, bomberos, sanitarios, miembros de Protección Civil, ingenieros, en especial a ese ángel llamado Ángel García, responsable del operativo, hacia los operarios de camiones, excavadoras y grúas, a los herreros que construyeron la cápsula de rescate, a los que fabricaron los tubos contra reloj, a todos los voluntarios… Perdón por los que olvido; sin duda, son muchos más. A todos, a los trescientos que han estado días sin casi dormir, sería justo entregarles el citado galardón con todos los honores.

Joseba Andoni Ballesteros Pradera (Bilbao)

Por qué la he premiado…Por resaltar con firmeza lo evidente: feo está racionar el reconocimiento a aquellos que se entregaron sin medir lo que entregaban.


Educación digital

Nací en el año 82, en plena democracia, y he tardado más de lo que debería en entender lo que representa nuestra Constitución. No me la enseñaron en el colegio ni en la universidad, pero ahora que la conozco estoy convencida de que me he convertido en mejor ciudadana y, por ende, en mejor persona. He comprendido lo que significa ceder una parte de nuestra libertad individual al Estado para recibir los beneficios de una sociedad civilizada llevando consigo una serie de responsabilidades. Me dedico al mundo digital y me entristece ver que en la nueva ‘sociedad digital’ cada día se transgreden muchos de los derechos que llevaban tiempo instalados en la sociedad tradicional, convirtiendo la Red en un campo de batalla donde las faltas de respeto, el acoso o el machismo son habituales. Cambiar de medio no significa cambiar de valores, donde el todo vale parece reinar y se pierde el respeto a la mínima ocasión. El gran reto al que nos enfrentamos como sociedad es educar para hacer comprender que todos los derechos y obligaciones que nuestra Constitución engloba son independientes del medio que se utilice y que esconderse tras una pantalla no significa olvidarse de que seguimos siendo ciudadanos, tradicionales o digitales, pero al fin y al cabo ciudadanos, con todo lo que ello implica.

María Bermejo Rubio (Correo electrónico)


Las apariencias se disipan

A estas alturas del partido ya resulta imposible camuflar lo que es más que evidente. Tras una primera parte dominada por el bullicio de la joven insolencia, llega ahora el descanso, la reflexión y volver a salir al campo con la experiencia de los errores cometidos durante los primeros 45 minutos. Comienza la segunda parte y hay cambios importantes en la alineación. Quien parecía tomar ventaja en la carrera no estaba tan en forma como aparentaba, algunos se han lesionado y otros se encuentran extenuados en el banquillo. Otros, simplemente, no tienen más fútbol que ofrecer y no podrán afrontar el resto del partido. Los había muy diestros y con un amplio repertorio de filigranas con el balón en su repertorio, pero los flashes de las cámaras del público los han dejado ciegos. Se acusa la falta de entrenamiento y salta a la vista quién no ha hecho una buena pretemporada. Las apariencias se disipan, la falta de energía calma las aguas revueltas y ya se puede ver a través de ellas. La realidad sale a la superficie. Algunos asumen que jugarán el resto de la temporada en segunda división y allí podrán seguir destacando en el país de los tuertos. El resto del partido ya únicamente lo disputarán los más preparados.

Miguel Álvarez Conde (Santiago de Compostela)


Un diablillo en Segovia

De niño me contaron la leyenda de la campesina que engañó al Diablo para que construyera el acueducto que ahorró mucho trabajo a las pobres aguadoras de Segovia. Hasta recuerdo la ilustración que la acompañaba en uno de los libros de lectura de la escuela. Una historia ejemplar en la que el Diablo aparece como tonto, pues lo engaña una simple labradora; como incapaz, pues no termina la obra en una noche y deja sin poner la última piedra; y como derrotado, pues en el hueco que dejó incompleto veneramos hoy a la Virgen María. Un cuento que nos da muchos ánimos al saber que el enemigo fue vencido en su astucia por una mujer humilde y trabajadora. Y así, como tontito y haciéndose una foto ante el acueducto donde fracasó en su intento de robarle el alma a la doncella, lo ha representado un escultor, para que no nos tomemos muy en serio su poder. Para que lo venzamos con el buen humor, como nos han enseñado los grandes místicos. Pues, si la alegría solo nos la puede dar Dios, el enredarnos en los escrúpulos exagerando el mal hasta entristecernos es su obra preferida. Y por eso el puritanismo, el integrismo… con su rasgarse las vestiduras, que tanto asoman en esta polémica, están entre sus obras más perfectas; entre aquellas que engañan con la apariencia de estar defendiendo la fe, cuando en realidad se la pone en ridículo.

José Ramón Peláez Sanz, Párroco de Olmedo (Valladolid)