Mejores

El bloc del cartero

¿Somos mejores de lo que nos creemos, mejores de lo que parecemos, mejores de lo que quienes no nos aprecian quieren hacer creer que somos? La pregunta, si la respondemos de uno en uno, obtendrá la respuesta que nuestra personal autoestima, nuestra arrogancia o nuestra modestia determinen. Si la respondemos en conjunto, y dado el éxito que tienden a tener hoy las reducciones denigrantes, es muy posible que, como sugieren dos de nuestros lectores, la respuesta tienda a ser afirmativa. Somos un país mejor de lo que quieren sus enemigos, que últimamente andan hiperactivos y ligeros en la descalificación. Y tenemos jóvenes mejores de lo que tiende a asumirse, quizá por efecto de una peligrosa y deplorable desconexión intergeneracional. Tampoco es cosa de confiarse: empeorar es fácil.

LA CARTA DE LA SEMANA

Qué nos pasa

Hace unas semanas, por motivos culturales y académicos, comencé a buscar las publicaciones del gran naturalista castellano Félix Rodríguez de la Fuente; en concreto, una selección de sus cuadernos de campo. Cuál fue mi sorpresa cuando, al ponerme en contacto con mi librería de confianza, me comentan que, desde hace mucho tiempo, no se publican nuevas ediciones y que debería recurrir a algún portal de compraventa de libros de segunda mano. ¿Cómo es posible que uno de los científicos españoles más importantes y uno de los precursores del estudio de la fauna a nivel mundial no tenga todos sus libros a disposición de sus lectores? ¿Publicaciones, además, que deberían tener sitio fijo en las escuelas del país? Pienso en Jacques Cousteau y en sir David Attenborough, ambos venerados en sus países de origen, y no llego a comprender qué nos pasa en este país con nuestros grandes compatriotas a lo largo de la historia. Bueno, supongo que pocos españoles son profetas en su tierra.

C. Baeza, Vallelado (Segovia)

Por qué la he premiado… Por recordar una figura y una obra que a los más jóvenes les queda ya lejana y por la denuncia de cómo descuidamos nuestro patrimonio intelectual.


Un país mejor

Estos son unos días importantes para ver una cara que no siempre se hace visible en este país. Cómo un grupo de personas, mineros, policías, guardias civiles o ingenieros, se han visto obligadas, y con orgullo, a dejar a sus familias y sus tierras por luchar en un caso insólito de repercusión casi mundial como el de Julen. Porque este grupo reducido es tan solo una pequeña proporción de una gran multitud que trabaja por hacer de este país un país mejor. Donde miles de personas se dejan la piel hasta el final por ayudar a los demás, muchas veces a cambio de nada, tan solo de satisfacción personal. Porque, quieran o no, no solo somos políticos, estafadores y sinvergüenzas, como muchos creen o intentan convencerse. Porque, quieran o no reconocerlo, eso también es España. Dentro de dos días volveremos a la realidad, donde dichos ‘héroes’ pasarán al olvido, dando lugar a la misma historia de siempre, corrupción política, nacionalismo y mil problemas que solo representan la cara más visible de este país, una pequeña parte, agrandada por todos aquellos que buscan una ruptura que jamás obtendrán.

Jorge M. R. (Correo electrónico)


Sellar el paro

El otro día un familiar me comentó, con entre furia y resignación, que había salido de las listas del desempleo por acudir con retraso a ‘sellar el paro’. En ese momento, mi imaginación evocó un funcionario detrás de un mostrador advirtiendo la llegada del siguiente turno. Un ciudadano (también llamado ‘parado’) con un gesto mecánico extendiendo la mano para entregar un papel arrugado con ciertas marcas de desgaste. Un «buenos días» y el sonido de teclas de ordenador entre murmullos de gente, teléfonos y pasos inquietos. Y ya está el paro sellado. Una tarea de tanto valor que al no hacerla en el día marcado le supuso pasar al mundo de los trabajadores.  Bueno, lo que pasó es que ya no estaba en la lista. Intento desde entonces encontrar un sentido a este acto de comparecencia que tiempos atrás podía tener su defensa, pero que hoy no deja de ser inútil por definición: vengo a comunicarles algo que ustedes deben saber. Más inútil aun, cuando muchos parados no reciben prestaciones ni se sienten apoyados en la búsqueda de empleo. Me gustaría pedir que ‘sellar el paro’ no fuera ya un acto para penalizar al desempleado, que, según la RAE, es «quien se halla en situación de paro forzoso», es decir, involuntariamente.

Mayte Guisa (Correo electrónico)


Ante la agresión, educación

Las agresiones sexuales perpetradas por menores y la violencia en parejas adolescentes son dos fenómenos extremadamente preocupantes de un más amplio problema gravísimo que nos genera gran alarma. A la vista está que, como sociedad, estamos dando una respuesta inadecuada e ineficaz, por incompleta, ante estas barbaridades. Hecho probado: la protesta y las medidas penales son insuficientes como reacción a este tipo de atentados contra la libertad y la integridad de las mujeres. Es necesario que todos aquellos agentes que intervenimos en el proceso educativo creemos una alianza familia-escuela y nos pongamos las pilas para brindar una adecuada educación sexual y garantizar una efectiva transmisión de valores. Si pretendemos obtener diferentes resultados, debemos actuar de inmediato de otro modo. Ante la agresión, educación.

Ibon Usandizaga Elizegi (Bilbao)


El brillo de lo ordinario

En ocasiones, se nos llena la boca con la mediocridad de nuestra juventud. Esta semana me han vuelto a sorprender mis alumnos. El lunes una alumna de 15 años me preguntó si le recomendaba Padre rico, padre pobre, de Kiyosaki. Ayer uno de 13 años nos deleitó en clase haciendo un repaso de la mitología nórdica. El plato fuerte llegó en el recreo de hoy. Observo a lo lejos a un alumno meditabundo, 16 años, perdido en su lectura. Me acerco, lee, absorto, Dublineses, de Joyce. No doy crédito. Además, lo hace en inglés. Después, me espeta, sorpren-dido, ante mi cara: «Si no pensamos, ¿quiénes somos?». Quizá la ciénaga que nos rodea nos impide ver el brillo de lo ordinario.

Matías Méndez Pérez (Correo electrónico)