Enseñanzas

BLOC DEL CARTERO

Protesta con su parte de razón una profesora jubilada, tras cuatro décadas de servicio en la enseñanza pública, por la interpretación que una carta aquí premiada podría propiciar, en el sentido de minusvalorar los esfuerzos que se hacen, desde hace años, para atender a la diversidad y las necesidades especiales de los alumnos. Esos esfuerzos existen, puede dar fe quien conozca de cerca la peripecia escolar de alumnos con esas características, y también que es en la enseñanza pública donde se desarrollan con mayor intensidad. Sin embargo, quien denuncia una situación no suele hacerlo por capricho, y conviene recordar la disparidad que en este momento existe entre nuestros sistemas de enseñanza pública, que son 17 y no uno. Casos de trato insatisfactorio los hay, y más cuanto más atípica es la diversidad.

LA CARTA DE LA SEMANA

Bondades

Hasta que no escuché a mi padre agradecer cuanto la naturaleza regala, no fui consciente de ello. Miraba atrás y recordaba nubarrones de mal presagio que terminaron aún peor. Cielos enfurecidos que en plenas fiestas patronales arrasaron con la cosecha. No olvidaré aquella vuelta al pueblo en vísperas de recolección. Supe de la triste realidad que algunas tormentas acarrean.

Dos días después, todo lo que oía eran ideas y soluciones futuras sin mención a la derrota aleatoria. Pese a un escozor que las tiritas amortiguan, la ilusión perseveraba. Creo que era, en parte, cuestión de ‘no tenerse lástima’. Desde hace unos años, he anclado mis botas sobre aquella tierra de frutas; la misma que el rocío camufla o resbala por el barro. Cada madrugada me enseña cosas. A techo descubierto, siempre distinto del que precede, una se tranquiliza, deja los clamores y se dispone a venerar cuando alza los ojos: de ahí proviene el sabor a verano de las cerezas. Gracias a la sonrisa que el sol esboza casi a diario, al suelo que trabaja incesante; al lingote fluido que supone la lluvia.

Ana Fdez. de Heredia Langarita, Calatorao (Zaragoza)

Por qué la he premiado…Por devolvernos la conexión con esa parte de nosotros que está unida a la naturaleza y de la que, para nuestro mal, nos olvidamos a veces.


Orgullosa de la enseñanza pública

Soy una maestra jubilada de la enseñanza pública después de trabajar cuarenta años y tutora de mi hermana con síndrome de Down, con la que he vivido toda la vida, por lo que estoy muy sensibilizada con todos los temas relacionados con la discapacidad. Mi marido también es maestro y logopeda y ha trabajado toda su vida con niños con todos los tipos de discapacidad. El motivo de mi carta es mostrar mi indignación por la carta de la semana [del número 1635 de XLSemanal, del pasado 24 de febrero] en la que una madre cuenta que sus dos hijas pequeñas, con un síndrome raro, no reciben atención en ningún centro educativo. Para empezar, ¿qué es eso de un síndrome raro? Todos los síndromes tienen nombre. Por otra parte, cualquiera que conozca un poco nuestro sistema educativo sabe que la enseñanza pública da respuesta a todo tipo de discapacidad, tanto física como intelectual, con los profesionales que necesita y con las adaptaciones curriculares que precisan. ¿De qué colegios habla esta madre? ¿De los concertados? ¿No conoce los públicos? ¿Quién la asesora? Cualquier trabajador social se lo puede indicar. Creo que su carta, que me ha hecho sentir muy mal, difama la enseñanza pública, de la que estoy muy orgullosa.

Icíar García-Ergüín Hernando (Bilbao)


Campaña electoral

Estamos a prácticamente dos meses de las elecciones y ya estamos en campaña electoral. Para saber de un partido político en particular, hay que escuchar a los otros partidos. Cada uno habla de los demás, claro está, que poniendo de manifiesto los aspectos negativos. Además, todos los líderes se expresan a gritos, con violencia verbal y sin educación ni consideración algunas hacia los adversarios. Deben saber los políticos que para muchos ciudadanos este comportamiento es totalmente contraproducente. Hasta ahora, ninguno nos ha enseñado aspectos de su futuro programa. Creo que la campaña electoral debe ser respetuosa con cualquiera de las demás opciones. Debería transcurrir en un tono sosegado, sin acritud, con respeto a los demás y, más o menos, en estos términos: «En sanidad, queremos implantar estas medidas: …; en educación, estas: …; en política fiscal, estas otras: …; respecto a la revolución tecnológica: …; en investigación: …; en empleo: …; en ecología y transición energética: … Respetamos las medidas que contemplan otras formaciones. Las nuestras son las citadas. Si creen que son las que mejor se ajustan a mejorar la vida de los ciudadanos, les rogamos que confíen en nosotros y nos den su confianza». Muchas personas se lo agradeceríamos. De verdad.

Francisco Iriarte Cortés (Zaragoza)


Natsuko y Rossini

Entre aria y aria ha cogido la escoba y el recogedor y se ha puesto a barrer. Invito al lector a que intente imaginar de quién se pueda tratar; con tan pocos datos no dudaremos en concluir que es alguien dedicado al bel canto, pero si tratamos de inferir su sexo, el heurístico de representatividad nos conducirá a pensar que pueda tratarse de una mujer; quizá las del heteropatriarcado se enojen, pero en esta ocasión este atajo mental nos permite acertar plenamente. Tras ser captada por las cámaras de seguridad barriendo la calle motu proprio y en un acto de generosidad extrema, el alcalde de Pésaro, Italia, decidió buscar a tan ejemplar vecina al objeto de ser homenajeada. Finalmente, gracias a las redes sociales, la mujer ha sido identificada: se llama Natsuko Takase, pertenece al noble pueblo japonés y es una soprano que desde hace veinte años vive en la cuna de Rossini.

Una paradoja más de la vida, en la que una persona extranjera da toda una lección de civismo en una ciudad llena de papeles y colillas, la misma ciudad que vio nacer al compositor de El barbero de Sevilla, quien, dicho sea de paso, era un vago de solemnidad a quien no le importaba copiarse por no componer de nuevo y procrastinaba sin parar. De cada uno depende tomar el ejemplo de Natsuko o de Rossini. Yo de momento, voy a empezar por mi casa.

Juan Fernando Ramón Sánchez, Torremayor (Badajoz)