Gimnasios

EL BLOC DEL CARTERO

Señala uno de nuestros lectores, con razón, que hemos aprendido a convencer a la ciudadanía de la necesidad del ejercicio físico, hábito sin lugar a dudas saludable –dentro de las condiciones de cada cual– y que redunda en una calidad de vida superior a la que proporciona el sedentarismo. La prueba la tenemos en el aumento sostenido de los gimnasios y de la clientela de estos, hasta alcanzar a una cuota muy significativa de la población. Bien por nosotros. Por desgracia, no tenemos tanto éxito en persuadir a la población de las bondades de la lectura, un hábito no menos saludable y acrecentador de la calidad de vida, tanto desde el punto de vista individual como comunitario. Las bibliotecas aumentan poco y su clientela más bien tiende a descender. Mal por nosotros. ¿Pensamos en hacer algo?

LA CARTA DE LA SEMANA

Ideas que no supimos ver

Asisto atónito a la lucha encarnizada por la autoría intelectual de la circunnavegación a la Tierra, realizada por Fernando de Magallanes, Juan Sebastián Elcano y los 239 valientes que, muchas veces, son relegados a un segundo plano. Alguien me dijo una vez que quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Me gusta mirar los acontecimientos con la medicina que lo cura casi todo: el tiempo. Ese tiempo en el que un rey no supo ver lo que tenía ante sí, y su homónimo en un reino vecino sí. Es lo que hoy podríamos llamar ‘una fuga de cerebros’. Portugal, entonces, no supo creer en sus mentes más adelantadas, y es un golpe que debe encajar en favor de España, que sí creyó y financió. Sin embargo, pido calma, no hagamos leña del árbol caído; puede que dentro de 400 años, en 2419, debamos ser nosotros los que encajemos el duro golpe de conmemorar en favor de otro país, digamos Estados Unidos o Alemania, el éxito de un español, que marchó como tantos jóvenes, con brillantes ideas en su cabeza, y al que en su país de origen, España, no supimos ver ni financiar.

Luis Castilla Pérez (Sevilla)

Por qué la he premiado… Por la sensata invitación a trocar orgullos patrioteros, nacidos de la pasada gloria, por la inteligencia para ganar el presente.


El futuro de Europa

Recientemente, asistí en mi universidad a un coloquio acerca del Estado de derecho. En cierto punto, uno de los participantes pidió que levantasen la mano quienes supieran con certeza a quién votarían en las futuras elecciones europeas. De los más de cien asistentes, solo seis levantaron la mano. Los jóvenes –esa parte de la sociedad olvidada hasta la próxima campaña electoral– no comprendemos qué nos jugamos el próximo 26 de mayo. Y quizá no es solo culpa nuestra. El desamparo ya mencionado no se refleja solo en medidas económicas, educativas y sociales no promulgadas en nuestro favor, sino, además, en la propia representación. Si cambiamos de fecha, a un tal 28 de abril, y hacemos la misma pregunta, los resultados serían similares. Ninguna de las cinco grandes alternativas parece representar a nuestros jóvenes, que se sienten huérfanos. Y no pretendo colgarme el cartel de ‘Portaestandarte de la Juventud’, sino advertir que más de un millón de nosotros votaremos por primera vez, y si no sabemos qué nos representa en nuestro propio país, ¿qué haremos en Europa?

Andrés Pelayo Alfonso, Aravaca (Madrid)


‘Mens sana in corpore sano’

Según la Encuesta de hábitos y prácticas culturales, que elabora el INE, un 41,3 por ciento de los españoles no lee ningún libro al año. En cuanto a la media de tiempo que invertimos en esta actividad, estamos a la cola de Europa, con siete minutos diarios (frente a los 225 que dedicamos a la televisión). Mientras tanto, un 46,2 por ciento de la población acude al gimnasio cada semana, y figuramos entre las cinco naciones europeas con más inscritos. Si bien la máxima mens sana in corpore sano resulta tan válida hoy como lo fue para griegos y romanos, el orden de los sintagmas en la frase no debiera sernos indiferente.

Jesús Manuel Suárez Liste, Baiona (Pontevedra)


Instrucción bilingüe, un arte

Escribo esta carta para aclarar algunos puntos del artículo Asnos bilingües, de Juan Manuel de Prada, del 3 de marzo. Considero que aporta un punto de vista sesgado hacia la educación bilingüe y no explora sus beneficios. Cuando Prada menciona el vocabulario abstruso de algunas asignaturas como Biología, los ejemplos que da son desafortunados ya que se trata de cognados, palabras que comparten significado, ortografía y pronunciación similares en español e inglés. ‘Estambres’ y ‘pistilos’ serian stamens y pistils, ‘orogénesis’ es orogenesis y ‘fallas tectónicas’ se dice tectonic faults. Si usted a su alumno le muestra un visual de una planta y le proporciona estos conceptos en ambos idiomas, le está comunicando que el inglés no es tan complicado, que está a su alcance y que tiene muchas similitudes con el español. Pero enseñar una lengua a través del contenido es un arte y una especialidad que lleva tiempo aprender. ¿Se les ha hablado a estos profesores del método SIOP (Protocolo de Observación del Inglés Protegido o Sheltered Instruction Observation Protocol)? Desconozco si una instrucción bilingüe es el mejor modo de aprender contenido; sí sé que a través del contenido es la mejor manera de aprender un idioma.

Andrea Casal (Correo electrónico)


Soy una persona

Un sábado de invierno, uno de esos días en los que el viento clava sus gélidas garras, siguiendo mi costumbre, fui tras desayunar al quiosco a comprar la prensa. Práctica que, en estos tiempos, me convierte en una rara avis, pero les diré que me eduqué en la Galaxia Gutenberg y necesito cada semana lo que Manuel Rivas denomina «una dosis táctil de sensibilidad tipográfica». Ya había cogido la prensa cuando me percaté de la presencia de una señora con su hijito (¿o hijita?). La niña (¿o niño?), de unos cinco años, tenía la cabeza enfundada en un gorro de lana y una gruesa bufanda protegía su cuello y ocultaba parte de su rostro. A ella se dirigió un señor de provecta edad y, sonriendo, le preguntó: «¿Eres niño o niña?». Ella (¿o él?), en un tono seráfico y con un chispazo de inteligencia, respondió: «Soy una persona».

Pedro Miguel Ansó Esarte (Pamplona)