Armas

EL BLOC DEL CARTERO

Se pregunta la autora de la carta de la semana si en el caso de que se legalizara con carácter general la posesión y el uso de armas ella estaría capacitada para tener una. La respuesta que se da, y que más vale leer en sus propias palabras, es prueba de su ponderación y buen juicio. Algo no va del todo como debiera cuando quienes no se postulan para ejercer responsabilidades públicas demuestran contar con una mayor dosis de lucidez y de criterio que quienes sí lo hacen. Y no se trata solo ni en particular de este asunto de las armas, que no pasa de ser una entre las muchas ocurrencias que nos deparan quienes salen a la caza del voto. Anota otro lector el consejo de su viejo catedrático de Medicina: explorar bien antes de aventurar un diagnóstico. Escasea el ojo clínico y sobran las terapias atropelladas.

LA CARTA DE LA SEMANA

Españoles honrados

Hace unos días leí una propuesta política en la que se planteaba la posibilidad de que los «españoles honrados» pudieran disponer de un arma para su autodefensa. No sé si la noticia es exacta, simplemente me he planteado al leer la noticia cuál es la definición de ‘español honrado’ y he pensado si yo podría encajar en esa clasificación. La primera parte la tengo clara: he nacido en España, mi familia es española y trabajo y vivo en España, así que sí: soy española. Podrían darse múltiples combinaciones de vida, nacimiento y familia y ahí la cosa se podría complicar, pero en mi caso está claro. Me entran más dudas en relación con mi honradez. No tengo antecedentes penales, tengo la suerte de tener trabajo; intento cuidar a mi familia; procuro no hacer daño a los demás, aunque no siempre lo consigo; evito mentir, aunque a veces lo hago ya sea en defensa propia o en defensa de algo o alguien que creo que lo merece… Y la verdad es que no sé si en una situación límite, para la que seguro no estoy preparada, sabría reaccionar con la honradez necesaria. Así que, si en algún momento hay que hacer una lista de ‘españoles honrados’, conmigo que no cuenten, porque no sé si cumplo los requisitos para estar en ella ni si querría figurar.

Arancha Ruiz (Santander)

Por qué la he premiado… Por la prudencia, que contrasta con la tónica de estos tiempos de propuestas desaforadas.


Gente de primera y de segunda

Entiendo que los medios de comunicación tengan su orden de prioridades y que, como me dijo hace años un representante de uno de ellos, información no es tanto lo que nosotros queramos ofrecer como lo que el público desea saber. También entiendo que no podemos vivir lamentando las desgracias ajenas (ni las propias). Pero me entristece profundamente comprobar, una vez más, que claramente hay personas de primera y de segunda: quinientos muertos –de momento–, víctimas de un ciclón en África, y otros ochenta –muchos de ellos, mujeres y niños– que se hunden en un ferry en el ya martirizado Irak y a los que se dedica muy poca atención en los medios. Y lo que no es noticia no existe. Afortunadamente hay personas que están allí, en el terreno, a las que les da igual que su prójimo sea noticia o no. Rectifico: necesitan que sean noticia para poder reclamar ayuda del acomodado mundo de primera. Mientras haya gente como el obispo de Mozambique Alberto Vera o la impagable labor de instituciones como Médicos sin Fronteras, al menos yo mantengo la fe en el ser humano.

Sofía de Salas Murillo (Correo electrónico)


El capitalismo de vigilancia

La economista S. Zuboff exagera con sus temores sobre «el capitalismo de vigilancia». Se ve que trata de vender su libro cargando las tintas; nada menos que «destruir la naturaleza íntima del ser humano». Parece que no confía en la inteligencia y capacidad de respuesta de nuestra especie. Tampoco parece muy bien informada sobre la gran empresa humanitaria que los españoles desarrollaron en América hace quinientos años. Allí, desde el principio del descubrimiento, se gobernó con la ley y la cultura cristiana; el mestizaje, las escuelas, las universidades, la protección de las lenguas autóctonas… son algunas de las muchas pruebas que desmienten a la profesora de Harvard cuando habla del «sometimiento» de la población. Lo que, por cierto, no podría decir de la población indígena de Norteamérica, que fue aniquilada por sus ancestros o confinada en reservas.

Miguel Ángel Herrero (Correo electrónico)


Legado

Última diapositiva y comienza el descanso. La gente en la facultad se levanta y desconecta cinco minutos hasta el comienzo de la próxima clase. Unos pocos estábamos cerca, se nos acerca el profesor y nos dice visiblemente emocionado: «Ha sido la última». Catedrático en Medicina y docente durante cuarenta años en la facultad, comparte con nosotros algo intrínseco a él: «Esforzaos por entender al paciente y haced una buena exploración». Y añade: «Ayer estuve con una paciente a la que habían derivado por cuatro servicios y, cuando llegó a mis manos, enseguida comprendí que era un cuadro de anorexia». Tristemente la educación médica tiende a la informatización y especialización, nuestro doctor lo sabe. Nos dejó intuir esa existente falta de interés en aprender más allá, para llegar a tener un verdadero trato humano y trascendente con el paciente. El legado que deja es claro, pero el inexorable avance de esta sociedad impaciente y utilitarista nos aleja de él.

Ignacio Leonardo Pueyo Bestué (Zaragoza)


¡Sacadlo ya!

Ya que la derecha utiliza tan a menudo a Alemania como referente económico y político, quiero relatar algo que tal vez desconozca. Alemania, julio de 2011. Gobierna la conservadora liberal Angela Merkel. Hastiados de que la tumba de Rudolf Hess, lugarteniente de Hitler, se haya convertido en lugar de peregrinación neonazi, el Gobierno, con conocimiento y nocturnidad, persuadiendo con contundencia a su familia, exhuma el cuerpo de tan siniestro personaje, demuele su sepultura, incinera el cadáver y arroja sus cenizas al mar, acabando con el problema en un par de horas. Aquí, en España nos preguntamos: «¿Cómo es posible que la familia del dictador, que cuenta con un gran patrimonio arrebatado a los españoles, paralice sine díe la decisión de un Parlamento democrático?». Cuarenta y tres años son demasiados, ¡sacadlo ya!

Miguel Fdez. Palacios Gordon (Madrid)