Agenda

El bloc del cartero

Las comunidades y los individuos se retratan, cabe convenir, por lo que llevan en su agenda; pero también por lo que no llevan o aplazan en su orden de prioridades. Hace ya tiempo que en el debate público, tan lleno de asuntos efervescentes e inquietantes, se destina poca o ninguna atención a algo que debería estar en su mismo centro, porque no pocos de los problemas que nos cercan, y sin duda una buena porción de sus soluciones, se juegan justamente ahí. Lo recuerda la carta de la semana: una vez más, cuesta encontrar en los programas electorales las propuestas educativas de los partidos y, cuando se da con ellas, llega la decepción de ver a cada cual arrimando el ascua a su sardina. La educación es el consenso primero que le incumbe a una sociedad. Acaso el único decisivo.

LA CARTA DE LA SEMANA

28-A… ¿y la educación?

Con motivo de las elecciones, y porque no oigo a ningún partido tratar la cuestión, he mirado qué se dice sobre educación en los programas electorales de los cuatro principales partidos políticos españoles. Soy padre y maestro, y el tema me preocupa. PP: «La Ley de Lengua, una Educación de calidad». Ciudadanos: «Asignatura sobre la Constitución del 78». PSOE: «De calidad, sin exclusiones, respeto y derechos de infancia, pacto estatal…». Podemos: «Asignatura de feminismos, incremento de inversión, libertad sexual…». Se le dedica el mismo o menor espacio que al resto de las materias y cada cual rema en un sentido. Poco serio. ¿No puede quedar este crucial tema al margen de pugnas electoralistas? ¿Para cuándo un Pacto de Estado por la Educación haciendo política en mayúsculas? ¿Y unos políticos que solucionen problemas con visión a largo plazo, basada en el interés general?

Ibon Usandizaga Elizegi (Bilbao)

Por qué la he premiado… Por recordarnos la que es la primera, si no la única, de las cuestiones.


El póker y la publicidad segmentada

Hace días que escucho en varios medios hablar del peligro de las casas de apuestas cerca de los institutos, a sabiendas de que existe un problema con el juego en los adolescentes. Según datos de periódicos de tirada nacional, el número de jugadores activos que apuestan en línea se ha incrementado un 369 por ciento desde 2013. A estas estadísticas preocupantes le podemos añadir que diversos deportistas muy admirados por nuestros hijos e hijas nos animan a jugar al póker y a apostar on-line, sin pensar en la influencia que sus recomendaciones pueden tener ellos.

El resultado lógico de estas campañas es un porcentaje de menores enganchados con la falsa promesa de ser como sus ídolos, cayendo así en la ludopatía en tiempo récord. Según los psicólogos, el periodo de latencia es de tan solo año y medio. Dicho esto, como madre me gustaría que algún partido político me hiciese llegar cualquier propuesta sobre la regulación del juego on-line y las casas de apuestas, o al menos ver un atisbo de preocupación por el tema. En mi opinión, sería fácil hacerme llegar sus propuestas a través de la famosa y a la vez controvertida publicidad segmentada, donde solo nos llegan mensajes personales de máximo interés para cada votante: mi interés personal está centrado en saber cuáles son las medidas de sus programas electorales para afrontar estos problemas cada vez más graves que amenazan la salud mental de nuestros hijos e hijas y comprometen su futuro.

M. Pilar Castro Pampín (Santiago de Compostela)


Una reflexión

Se me ocurre que sería muy bueno poner un filtro al seleccionar a los posibles candidatos políticos. ¿No sería interesante que, para estar en cualquiera de las listas, los aspirantes, debieran demostrar ser capaces de ganarse la vida fuera de la política? El mejor modo de demostrarlo sería acreditar un trabajo no político previo. Esto haría que nuestros representantes hablaran y actuaran sobre la vida real y no de la que se imaginan. Pero no creo que esto prospere: son ellos quienes tendrían que aprobarlo, y aquí viene a cuento ese proverbio que dice: «Quien a sí mismo se capa buenos cojones se deja».

Ignacio Castiella Rodríguez (Pamplona)


Tortilla de patata

Un spot en televisión me ha suscitado una reflexión: en una casa, unos amigos preguntan qué hay para cenar. Alguien les dice: «Tortilla de patata», y su respuesta es algo así como: «¡Qué aburrido!». Acto seguido se les ofrece, eso sí, avalado por un famoso artista, un suculento bote de plástico con una especie de tallarines asiáticos condimentados, con letras mayúsculas, guiones y números. ¡Y tan contentos! Digo yo que, en la mayoría de los hogares españoles, si al cocinero o cocinera le preguntan qué hay para cenar y responde: «Tortilla de patata», ¡le hacen la ola! Es como si me encargan a mí la campaña de unas bolsas de gusanitos y, como comparación, elijo unos platos de jamón ibérico. Vete a saber. Para algunos igual me merecería, por mi audacia, el premio a la mejor publicidad del año. Aunque quizá habrá alguien que piense que no soy más tonto porque no tengo más tiempo.

José Miguel Rubio Álvarez, Sestao (Vizcaya)


Fortuna a pucheritos

En respuesta a la carta de Josep F. Gironés Descarrega, del n.º 1641, le recomiendo que no lea solo a autores a sueldo de los nacionalismos establecidos. Se sorprenderá del papel que han tenido tanto la oligarquía catalana como la vasca: en casi cualquier situación que los gobiernos centrales de cada época han propuesto una mejora en las condiciones de los ciudadanos de a pie, estas oligarquías casi siempre defendían solo sus privilegios, sin importarles qué daños colaterales habría. He visitado el verano pasado Cataluña y no vi allí peores infraestructuras que en otras comunidades: dos puertos; tres aeropuertos (uno de ellos, de los mejores del mundo); la comunicación por TAV entre sus cuatro capitales; una red de autopistas que ya quisieran para sí muchos países de nuestro entorno… Lo que sí vi es que es muy difícil realizar la más mínima crítica al independentismo. En 1959, en plena dictadura, en el llamado Plan de Estabilización, se empieza a romper el mercado cautivo que supuso el monopolio de la industria textil, con sus correspondientes aranceles, y qué casualidad, al transcurrir no tantos años de zanjar ese monopolio, va un gallego casi desconocido y crea una de las mayores empresas textiles del mundo. Le transcribo una frase de aquella época, del economista Joaquín María Sanromá, promotor del mencionado plan, quien decía sobre sus propios paisanos catalanes del «hilado y el tejido» que estaban «gimoteando siempre; siempre tan desatendidos, tan melancólicos… Condición eterna de aquellas gentes: hacer la fortuna a pucheritos».

Juan Carlos Citores Alonso (Correo electrónico)


Serguéi Polunin

He leído con interés el reportaje sobre uno de los mejores bailarines del mundo. Es admirable ver la capacidad de superación de alguien para llegar a lo más alto y sorprendente comprobar cómo ese logro le hace perder el control. Me cuestiono si esta pérdida aparece cuando se deja atrás la persona para pasar al personaje.

Como decía el maestro sufí Al-Hallay: «Dios es yo, y yo soy Dios cuando dejo de ser yo».

El esfuerzo que exige la danza es un anhelo altruista que hace que las personas lo dejen todo para dedicarse con plenitud a una causa, la cual les permite saborear el éxito, pero también las tienta a saciarse de él. Por eso, la carga del éxito no debería recaer solo en el esfuerzo individual, sino también ser compartida por la sociedad. El gran éxito sería que, cuando la fuerza y el sacrificio del individuo se agotasen, las sociedades pudieran sostener y canalizar el talento recibido. Como decía el maestro sufí Al-Hallay: «Dios es yo, y yo soy Dios cuando dejo de ser yo».

Esther Olló Comas (Barcelona)


Movilidad inquietante

Sin duda, la movilidad alternativa sostenible es una apuesta loable para reducir la contaminación medioambiental y sonora y mejorar nuestra salud en las ciudades. Y, naturalmente, andar es un ejercicio físico muy saludable contra el sedentarismo. Ahora bien, la efervescencia velocipédica; la irrupción de los vehículos de movilidad personal; los cruces con peatones que, en modo zombi, caminan encorvados, ensimismados en sus móviles y en muchas ocasiones con los auriculares puestos; las alargadas correas de las mascotas… todo esto, unido al cada vez más angosto espacio en las aceras por la avidez ocupacional de las terrazas de bares y restaurantes, se erige en obstáculos, en riesgos para la seguridad de los peatones y los colectivos vulnerables: menores, gente mayor, personas con discapacidad. Se detectan deplorables actitudes de falta de respeto, de agresividad y prepotencia. Con los incesantes avances tecnológicos no extrañaría que los peatones tuvieran que proveerse de sensores para autoprotegerse. Apremia abordar una legislación uniforme a nivel estatal y sensibilizar en la cultura del respeto y la solidaridad, en aras de una convivencia armónica entre los usuarios del espacio público.

José M. Torras Coll, Sabadell (Barcelona)