Reciclarnos

El bloc del cartero

Coinciden unos cuantos lectores en llamar la atención sobre nuestras contradicciones ante el problema primero que enfrenta la humanidad, y que no es otro que la alteración de su único hábitat hoy posible, este hermoso planeta azul, hasta el punto de comprometer seriamente nuestra supervivencia. Como dice uno de ellos, el planeta no podremos destruirlo y alguien lo heredará, pero estamos cerca de destruir nuestro futuro como especie. Para impedirlo, son necesarios unos cuantos ajustes en nuestra forma de vivir y, en particular, en las comodidades a las que nos hemos acostumbrado. ¿Será verdad, como sugiere una de las cartas, que preferimos sucumbir conservando esas comodidades? Más que reciclar vidrio o plásticos, lo que nos toca es reciclarnos a nosotros mismos.

LA CARTA DE LA SEMANA

Euskera, año 1844

La llamada Memoria Histórica debe ser veraz y objetiva, lejos de la hagiografía, pero a la vez de la demonización que nutre las leyendas negras y el silencio interesado que fomenta fobias. El Boletín Oficial de Gipuzkoa del 20 de diciembre de 1844 publicó el primer anuncio para la convocatoria de unas plazas para las que era requisito imprescindible haber nacido en Gipuzkoa, Bizkaia o Araba y conocer su idioma; la convocatoria fue a su vez publicada en los boletines vizcaíno y alavés. Conviene recordar que esta fue la única convocatoria de una institución pública en aquellos años que tan nítidamente exigía el conocimiento del euskera. Han pasado 175 años desde que gracias a la idea de un guipuzcoano, un vizcaíno y un navarro se impulsó la creación de la institución que convocaba esas plazas. Historia y cultura vascas que es menester conocer. Guardia Civil, 175 urte gurekin, gure ondoan. Mila esker.

Francisco Javier Sáenz Martínez (Lasarte-Oria)

Por qué la he premiado… Por salir al paso, tan saludable-mente, del viejo prejuicio que alimenta la ignorancia.


No reciclo más

Soy cómplice del sistema, lo reconozco, y ahora tengo que pagar la culpa también. El cambio climático nos ha pillado contaminando ríos y mares, desperdiciando agua, asfixiando al mundo en plástico y contaminando la atmósfera a ritmo de coche y avión. Pero no puedo más. Reciclo plástico y cartón (bueno, separo; de lo otro, se supone, se encargan otros). Pero sin mucha fe, lo hago por egoísmo, por no sentirme mal: no creo que evite nada. ¿Pero y los políticos?, ¿pueden hacer más? ¿Algo para que no me sienta tan mal? No parece. Así que me rindo. Todo está diseñado para contaminar, y no estamos dispuestos a cambiar de vida para evitarlo, ¿no? Pues no reciclo más. Y desde hoy pediré bolsa de plástico en el súper.

Andrés Legaz Pellicer (Correo electrónico)


El poder de la naturaleza

Las abejas sobrevivieron al incendio de la ‘primera dama’ de París. El azar así lo quiso. Un ejemplo más del poder de la naturaleza por salvarse a sí misma frente a toda destrucción irracional del hombre. Victor Hugo lloraría ante el hogar calcinado que protegió a su Quasimodo de los horrores que la vida real le impuso. Esa misma vida que se basaba en una desconexión profunda con la naturaleza. Él dijo: «Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha». Perdimos un patrimonio emblemático de siglos. Pero, a la vez, la vida de estos pequeños e importantes seres se impuso a las llamas. Ahora solo nos queda esperar que el gran poder de la naturaleza para seguir adelante infunda un atisbo de esperanza a los que aún creemos en revertir lo que la mano del hombre ha impuesto.

Pablo Carmona, Archena (Murcia)


Apáticos culpables

Leo en XLSemanal que se han detectado en el aire de los Pirineos cantidades alarmantes de microplásticos, similares a las que hay en París, provenientes de «embalajes y fibras textiles». Unas páginas más adelante leo un reportaje con fotos de hombres musculados: «Tecnología textil: (…) fibras sintéticas para pasear con estilo por la ciudad». ¿De qué nos quejamos? Somos la generación de la culpa, la que se lleva las manos a la cabeza porque nos estamos cargando el planeta o, más bien, a nuestra especie: el planeta seguirá existiendo sin nosotros. Nos ahogamos en nuestra propia contradicción. En las altas esferas tenemos como ejemplo a un presidente, adalid de la economía verde, que acostumbra a desplazarse en avión. ¿Quién entre nosotros está dispuesto a renunciar a la comodidad, a los avances de la tecnología o incluso al estilo de vestir de los chicos del reportaje? No parecemos darnos cuenta de que lo mejor para seguir vivos es lo peor para el estilo de vida que nos hemos inventado. O cambiamos o nos liberamos de la culpa y aceptamos que todo tiene un final, y que al nuestro se llega por el camino del progreso y la comodidad.

Esperanza Rodríguez, Vega (Málaga)