Estadistas

EL BLOC DEL CARTERO

Muchos pretenden serlo, pero cada vez menos lo consiguen. Para llegar a ser un hombre –o una mujer– de Estado, hay que entender que el Estado, a estas alturas del siglo XXI, no es el Leviatán que sirve a las propias ansias de poder o para dar a las vidas de los demás la forma que uno prefiere y a los afines gusto y prebendas, sino la única garantía real de los derechos y libertades de todos tus conciudadanos, correligionarios o no; en especial, de aquellos que son más débiles y no tienen otra instancia a la que acudir. Y aplicarse con inteligencia y pasión a esa tarea. Como han reconocido incluso sus adversarios –salvo aquellos que viven de esconder las vigas en el propio ojo detrás de la paja en el ajeno, que a nadie le falta-, Alfredo Pérez Rubalcaba fue un hombre es Estado. Se le echará de menos.

LA CARTA DE LA SEMANA

Más Schopenhauer

Acabo de terminar segundo de bachillerato y me encuentro en ese difícil momento de decidir sobre el futuro. He aprendido matemáticas, lengua castellana, inglés, euskera, física, latín, historia, filosofía… Pero por encima de todo he aprendido que es la utilidad de esos conocimientos la que los llena de sentido. Cuando uno se plantea estudiar filosofía, la mayor dificultad que se le presenta es la de lidiar con preguntas y miradas que vienen a decir «y eso para qué» o «qué desperdicio, si parecías lista». Y entonces toca justificarse diciendo que la filosofía es necesaria en la educación porque fomenta el espíritu crítico, que es cultura general… Aunque no sirviera de nada aplicable al mercado o al funcionamiento de las instituciones, ¿por qué habría de desaparecer? ¿Es que su valor no puede radicar en responder a la curiosidad humana, a la necesidad de conocer? Un poco más de ars gratia artis; el alma también necesita alimento. Menos Eisenhower y más Schopenhauer.

Maite R. I. Vitoria-Gasteiz (Álava)

Por qué la he premiado…Por el alivio y el aliento que da comprobar que hay mentes tan jóvenes y tan despiertas.


Ciudadanos de la tierra

Hace tiempo que el cielo perdió su azul. Un monstruo silencioso contamina los océanos, asesina a sus habitantes y se expande cada vez más. La criatura es ya tres veces más grande que España, y sigue creciendo. Las mareas suben y el Ártico se derrite. El aire es cada vez más tóxico. Una sola especie está llevando a la extinción a todas las demás. El planeta se calienta, pronto todo será un desierto. El peligro es real. Los políticos le restan importancia, por el bien de sus carteras. Por los errores de unos pagaremos las generaciones futuras. Y a pesar de que las pruebas demuestran que la amenaza es real, la isla de plástico sigue creciendo en el Pacífico, las temperaturas ascienden y un futuro sostenible parece lejano. Tengo 14 años y, al igual que el resto de los adolescentes, soy consciente de esto. Solo falta que ustedes, adultos, reaccionen.

Mar A. E. (Castellón)


Adiós a un político de altura

La grandeza de una persona la da su talla moral, y Alfredo Pérez Rubalcaba iba sobrado de ella. Lo conocí en 1992 durante un evento del Partido Socialista en Mallorca. Era entonces ministro de Educación. Por entonces, yo era un inmigrante legal con contrato de trabajo y dependía de la homologación de mi título de médico especialista para poder ejercer en España. Los funcionarios del departamento de homologaciones en Madrid me daban largas a un trámite administrativo que, por convenio de reciprocidad internacional, debía resolverse a mi favor. Pude plantearle personalmente mi problema derivándome a un asesor suyo que tomó nota del caso. Si bien en la resolución del asunto nada tuvo que ver el ministro, tuve la sensación de que era más accesible que los funcionarios de su ministerio. Es una simple anécdota, pero muy significativa de su calidad como persona. Los políticos actuales deberían tomar nota y ejemplo de Pérez Rubalcaba.

Jorge Skibinsky, Son Ferriol (Islas Baleares)


Facha y retrógrado

Fue un gran intelectual y un incansable luchador, junto con Marañón y Pérez de Ayala, por la instauración de la II República española, con el posterior desencanto de los tres. Si resucitara ese gran intelectual, lo machacarían con acusaciones de facha, patriotero y retrógrado. «Yo amo con exaltación a mi Patria, y antes que a la libertad, antes que a la república, antes que a la federación, antes que a la democracia, pertenezco a mi idolatrada España». Era un gran español y un gran intelectual. Se llamaba José Ortega y Gasset. El título de uno de sus libros, España invertebrada, suena a palpitante actualidad.

José Fuentes Miranda (Badajoz)


El sector del juego

Me gustaría romper mitos sobre un sector del que viven más de 120.000 personas en España y que aporta más de 1200 millones de euros a las arcas públicas. Me refiero al sector del juego, industria de la que rara vez se mencionan sus pros, pero sí sus contras. Los juegos de azar son una actividad de ocio plenamente normalizada en la sociedad. España se encuentra entre los cuatro países del mundo occidental con menor índice de juego problemático: el 0,3 por ciento. Los empresarios del juego no eligen ‘estratégicamente’ barrios vulnerables para abrir sus locales. La propia idiosincrasia de este tipo de negocio hace que estos establecimientos proliferen en arterias de mucho tránsito, como cualquier otro negocio cuyo objetivo es la rentabilidad. Además, el sector está a favor de que se regulen las distancias entre los salones de juego y también de centros escolares. Por otro lado, los menores nunca han sido el público objetivo del sector del juego. En cuanto a la regulación de la publicidad del juego presencial, se requiere autorización previa en la mayoría de los casos; aun así, el sector del juego lleva años pidiendo que se ordene la publicidad on-line y la del juego. Nos encontramos con un sector comprometido con la sociedad, que cumple con la legislación e impulsa medidas de juego responsable.

Alejandro Landaluce, Director General de CEJUEGO (Consejo Empresarial del Juego)


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