Broncas

BLOC DEL CARTERO

¿Y si las broncas que cada vez más constituyen el pan y la comidilla de cada día, esas que estallan casi siempre por un dime o un direte, y que van generando otros dichos que a su vez serán la semilla de nuevas confrontaciones, no fueran más que una gigantesca pérdida de tiempo en la que se nos van energías, ideas y recursos que necesitamos para otros asuntos más provechosos? ¿Y si los ‘zascas’, y antes de ellos los memes y las virulencias varias, junto con todos los comentarios hirientes o denigrantes, no fueran en realidad nada por lo que deba uno darse por aludido? ¿Y si resultara que de su chispa solo brota una llama ilusoria que perfectamente puede eludirse, para sustituirla por el calor de cualquier hogar acogedor? ¿Y si dejamos al pendenciero bramar solo a la nada, hasta que descubra su esterilidad?

LA CARTA DE LA SEMANA

Démonos por eludidos

Mi desmesurado amor propio me induce a considerarme un ser irrisorio. Ofrezco infinitos motivos de burla a cualquier sañudo que desee desfogarse conmigo asaeteándome con su repertorio de chistes ofensivos. Supongo que es fácil reírse de mí; sin embargo, no lo es tanto que yo me dé por aludido. Será por mi ausencia de solemnidad y mi propensión a tomarme en serio muy pocos asuntos; entre ellos, la risa. Creo que la inquina de muchos para con los humoristas reside en lo muy en serio que los primeros se toman a sí mismos. Si una humorada no resulta graciosa, es suficiente con no reírla. Bastante humillante es para un cómico no provocar la pretendida carcajada como para encima ser anatemizado por aquellos que se sienten insultados por un chiste lacerante. Habría que practicar la autoparodia con mayor asiduidad, para que no nos permee tanto la chanza de quienes buscan ridiculizarnos. En lugar de encolerizarnos puerilmente, démonos por eludidos. Jon Arza Pérez. Pasai Antxo (Guipúzcoa)

Por qué la he premiado… Por el consejo tan sabio y útil para evitar la mala sangre innecesaria.


Entrar en la salida

Son muchas –y cada vez más– las personas mayores. Son muchas las voces que la soledad y el olvido no deberían silenciar. Entrando en la vejez la suerte está echada, ya se ha llegado adonde se pretendía o adonde se ha podido llegar. Todas las cartas se han mostrado y casi todas se han jugado. Pero todavía resuena en el aire el brioso «¡hagan juego!». Todavía. El futuro se ha encogido de parecida manera a como se alargó el pasado, las expectativas decaen, se aligeran, la ambición se relaja. Se reducen el número y el tamaño de los proyectos, que son ya a más corto plazo; una moderación que viene impuesta. El viejo está obligado a mimar el pájaro que tiene en su mano y olvidar las elegantes evoluciones en el aire de los otros cien volando. Los días se escurren por las grietas del calendario. No le queda otra que huir hacia delante. Todo se ha vuelto volátil, quebradizo, mientras asiste atónito –¡qué remedio!– a la fragilidad del tiempo. Es la escenificación de su condición fugitiva y resbaladiza. Así, no sorprende demasiado que en la vejez proliferen las caídas… ¿O es por el susto de ver el final tan cercano? ¡Ay!, esa turbadora sensación de entrar, de entrar en la salida.

Carmelo Carrascal (San Sebastián)


Ordenando el pasado

Pensaba ser de las pocas personas a las que les cuesta desprenderse de las cosas, pero ante la proliferación de métodos para organizar el hogar descubro que estaba equivocado. Interpelado por un hijo al ver el estado abarrotado y caótico del camarote –«no nos dejarás todo esto para tirarlo…»–, empiezo a aplicar en las categorías de libros, papeles y objetos sentimentales una mezcla de los métodos: minimalista (estilo de vida que busca reducir las pertenencias físicas y necesidades al mínimo); las 5S [clasificar, ordenar, limpiar, estandarizar y mantener la disciplina (en japonés, estos cinco términos empiezan con ‘S’, de ahí el nombre)]; KonMari (conservar solo lo que es útil y te hace feliz, tener conciencia de lo que tienes, un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio); Streamline (clasifica tus pertenencias en ‘trasto’ –tirar o reciclar–, ‘tesoro’ –guardar– y ‘traspaso’ –vender o regalar–, si entra algo nuevo, sale algo viejo). En estado de fluidez, me sumerjo en la tarea y retorno al pasado, recuperando momentos y sensaciones que había olvidado. Vacío, filtro (necesito o uso o me hace feliz), elimino (regalar, donar, reciclar), limpio y ordeno. Y tomo conciencia de que puedo decir «confieso que he vivido», y cuando termine el resto de las categorías estaré preparado para «el último viaje… ligero de equipaje».

Fernando Serrano Echeverria, Éibar (Guipúzcoa)


Salud y nuevas tecnologías

Recientemente se informó en la revista acerca de un foro sobre la responsabilidad social en la era digital. Yo me pregunto quién tiene la mayor responsabilidad en este asunto de la implantación del 5G y si es una responsabilidad real y no solo es palabrería, porque no vi que se mencionara en ningún momento la problemática de los riesgos de la contaminación electromagnética, la cual se incrementará sobremanera con la llegada de estas nuevas antenas. Así, de hecho, alertó de ello un grupo de más de 180 científicos y médicos de diferentes países, que recomendaron un retraso en el despliegue de esta tecnología debido a que no la consideran del todo segura para la salud de las personas. Por desgracia, tampoco he visto en esta revista nada sobre los países y lugares que han paralizado el desarrollo del 5G debido a sus posibles riesgos sobre la salud, como Bruselas, Ginebra, Lausana, otros cantones suizos y alguno más. Tampoco se tiene en cuenta al hablar sobre estos temas la existencia de personas electrohipersensibles, gente que sufre una dolencia reconocida por el Consejo de Europa. Si según el gurú tecnológico Alberto Levy «lo más importante es la responsabilidad que tenemos como personas», creo que justa-mente como personas responsables deberíamos anteponer nuestra salud a las nuevas tecnologías.

Isabel María Palomo Arroyo, Cartagena (Murcia)


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