Identidad

EL BLOC DEL CARTERO

Lamenta un lector que en España, gracias a los pasados y penosos oficios de un pertinaz dictador y a los presentes afanes de quienes buscan dictarles otra patria a sus conciudadanos, se haya puesto cuesta arriba decirse español y declarar que uno se conmueve ante sus símbolos. Por su parte, una lectora, cubana con larga residencia en Barcelona, reivindica su derecho a percibir su identidad en términos estrictamente individuales, sin que nadie le imponga la adhesión a una colectividad que se supone superior a otras. Es posible que nuestra problemática construcción colectiva culmine cuando ambos puedan ser y estar como desean sin que nadie los zahiera ni les dé la tabarra. Ni a uno ni a la otra. Cuando la identidad sea argumento de libertad y no de vasallaje.

LA CARTA DE LA SEMANA

Alcaldes ejemplares

Los alcaldes y concejales, que nos han dejado tantos escándalos, también a veces nos dejan ejemplos de honradez, eficacia y sentido común. En el pueblo turolense de Moscardón, de 53 habitantes, ha sido elegido Manuel Murciano. Es su décima legislatura y han vuelto a confiar en él por las mejoras que ha realizado desde 1979. En el pueblo malagueño de Estepona, de 70.000, han elegido de nuevo con el 76 por ciento de votos a José María García, abogado del Estado, registrador y notario: obtuvo 21 de los 25 concejales. Llegó en 2011 decidido a solucionar los graves problemas económicos de Estepona, con una deuda superior a 300 millones de euros, que ha bajado a más de la mitad. No cobra sueldo de alcalde: con su profesión, dice, gana lo suficiente. Los concejales se pagan sus móviles, no cobran dietas y no hay coches oficiales. En España hacen falta, al frente de los ayuntamientos, alcaldes como estos.

José Martín Escudero (Zaragoza)

Por qué la he premiado… Por recordarnos que otros políticos, otra gestión y, en fin, otro mundo son posibles.

Envidia total

Hace unos días vi la previa de un partido de la final de la NBA en la que salían los dos guitarristas de Metallica tocando el himno estadounidense con una pasión increíble. La gente, con lágrimas en los ojos y una gran bandera de barras y estrellas en medio de la cancha. Al finalizar, la ovación fue descomunal. América, amigos. Y en la parte contraria, los españoles, que parece que cada día nos avergüenza más enseñar nuestros colores porque, gracias al señor Francisco Franco, nos tachan de fachas o en cualquier acto pitan el himno o queman banderas, y cuando las sacamos a la calle es para celebrar algún triunfo de la selección nacional. Siento una envidia total del patriotismo norteamericano, al orgullo de mostrar al mundo entero quiénes son y qué bandera los representa. Espero que con el tiempo y nuestros jóvenes podamos mostrar orgullosos la bandera rojigualda y con la cabeza bien alta decir: «Soy de España».

Luis Ramón Castro Pérez (Zaragoza)


La identidad

Tengo 33 años. Vivo en Cataluña hace casi 10. Nací en Cuba, donde se te impone la ‘cubanía’. Un país en el que desayunas, comes y cenas símbolos patrios. Donde nos creemos que somos los mejores. Sin embargo, desde hace algún tiempo, no me siento tan cubana como antes. En medio de un momento difícil en España, en el que se ponen cada día a debate ‘sentimientos’ de pertenencia o no a una determinada nacionalidad, me pregunto: ¿por qué hemos de etiquetarnos? ¿Por qué nos empeñamos en homogeneizar, cuando la diversidad es el tesoro más maravilloso de la vida? La identidad, creo, es algo individual antes que colectivo. Así que ¿quién dice que por haber nacido aquí o allí tengamos que pensar, hablar, actuar o vestir de un cierto modo? Tengo muchas preguntas y pocas respuestas. Pero tengo claro que soy de allí donde se respeten las particularidades de los individuos. Soy de donde no se cuestione quién soy, sino qué puedo hacer para mejorar el mundo.

Lisandra Muñoz Cabrera (Barcelona)


Meridianamente confuso

«Visto para sentencia». Con estas palabras, el juez del procés, Manuel nervios de acero Marchena, concluyó 52 sesiones de juicio. El quid estará en si hubo o no violencia. Más allá de plazos y sentencias, lo cierto es que hay un problema político que urge resolver, y no se cerrará la controversia sobre lo ocurrido. Lo visto y no visto de cada parte quedó meridianamente confuso. Acusados, abogados y testigos vieron al legendario Custer y su Séptimo de Caballería atacar Catalunya. La  Fiscalía y testigos de las fuerzas del orden denunciaron haber recibido ultrajes, agresiones con objetos contundentes, estragos en material policial, secuestro de agentes en hoteles, humillación y señalamiento en algunos colegios a hijos de policías por parte del profesorado, urnas fantasmagóricas, mossos pasivos… Todos los vídeos visionados en la sala han sido turbadores y nada edificantes. Y, entretanto –como diría Bécquer–, en el ángulo oscuro una asustada e impotente Carta Magna no tocaba el arpa, sino campanas de duelo. El juez Marchena ha dirigido de forma modélica. La sentencia, en octubre. Veremos…

Alberto Fdez. Araújo, Barakaldo (Vizcaya)


Envidia total

Hace unos días vi la previa de un partido de la final de la NBA en la que salían los dos guitarristas de Metallica tocando el himno estadounidense con una pasión increíble. La gente, con lágrimas en los ojos y una gran bandera de barras y estrellas en medio de la cancha. Al finalizar, la ovación fue descomunal. América, amigos. Y en la parte contraria, los españoles, que parece que cada día nos avergüenza más enseñar nuestros colores porque, gracias al señor Francisco Franco, nos tachan de fachas o en cualquier acto pitan el himno o queman banderas, y cuando las sacamos a la calle es para celebrar algún triunfo de la selección nacional. Siento una envidia total del patriotismo norteamericano, al orgullo de mostrar al mundo entero quiénes son y qué bandera los representa. Espero que con el tiempo y nuestros jóvenes podamos mostrar orgullosos la bandera rojigualda y con la cabeza bien alta decir: «Soy de España».

Luis Ramón Castro Pérez (Zaragoza)


La identidad

Tengo 33 años. Vivo en Cataluña hace casi 10. Nací en Cuba, donde se te impone la ‘cubanía’. Un país en el que desayunas, comes y cenas símbolos patrios. Donde nos creemos que somos los mejores. Sin embargo, desde hace algún tiempo, no me siento tan cubana como antes. En medio de un momento difícil en España, en el que se ponen cada día a debate ‘sentimientos’ de pertenencia o no a una determinada nacionalidad, me pregunto: ¿por qué hemos de etiquetarnos? ¿Por qué nos empeñamos en homogeneizar, cuando la diversidad es el tesoro más maravilloso de la vida? La identidad, creo, es algo individual antes que colectivo. Así que ¿quién dice que por haber nacido aquí o allí tengamos que pensar, hablar, actuar o vestir de un cierto modo? Tengo muchas preguntas y pocas respuestas. Pero tengo claro que soy de allí donde se respeten las particularidades de los individuos. Soy de donde no se cuestione quién soy, sino qué puedo hacer para mejorar el mundo.

Lisandra Muñoz Cabrera (Barcelona)


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