Excesos

EL BLOC DEL CARTERO

Uno de los argumentos que nos persuaden desde hace milenios de la conveniencia de contar con unas leyes y garantías de su acatamiento o, dicho de otro modo, con un sistema ordenado sobre bases racionales, es que con ello se evita la alternativa peor de ir a parar a una jungla donde las normas las impone sin más argumento que la fuerza el rey león de turno. Más vale una ley defectuosa, a la postre todas lo son, que vivir expuesto al albur de los excesos del felino dominante. Este razonamiento se erosiona, sin embargo, cuando es el sistema el que sostiene y alienta excesos irracionales. Para muestra, los dos que señala uno de nuestros lectores: el consumo desatado de recursos naturales y la subida delirante de los alquileres. No sorprende que crezca, sobre todo entre los jóvenes, el sentimiento antisistema.

LA CARTA DE LA SEMANA

El vino de mi boda

Hace ya casi un año murió mi madre. Enviudó aún joven, cuando, pasada la crianza, debería haber pensado solo en ella. Pero siguió dedicándonos su vida a sus cinco hijos y a lo que fue llegando, hasta que apareció la enfermedad. Si algo agradezco a la vida es haber podido acompañarla hasta el final, en los momentos buenos en los que esa dolencia, que no queremos nombrar, le permitió aún disfrutar de pequeños placeres, y también en los malos, en los que nos escondimos para ocultarle las lágrimas. Pero, al fin, una madrugada del agosto pasado se fue para siempre. Y fue entonces, cuando más escuece la partida, cuando nos visitó un amigo con una caja de madera: «Vengo a beber con vosotros el vino de mi boda». Es un hombretón soltero, recio y simpático que recién estrena la cincuentena y que debió de pensar que ese vino, que reservaba para una ocasión especial, corría el peligro de pasarse sin pena ni gloria. Y decidió compartirlo con nosotros para aliviar nuestra pena. Seguramente no pudo darle mejor uso. Si un día él lo necesita, allí estaré también yo para llevarle ‘el vino de su boda’.

Maite Apezteguía Elso (Pamplona)

Por qué la he premiado… Por la sabia invitación a disfrutar lo que tenemos, mientras lo tenemos, del mejor modo en que lo podemos tener: compartiéndolo.


Lógica infantil

Mientras leía el otro día vuestro interesante artículo sobre los robots, mi hijo Emili, de siete años, se acercó y me preguntó qué leía. Se me ocurrió sintetizar la respuesta a grandes trazos y dije que leía un artículo sobre un famoso científico que decía que en el futuro los robots convivirían con nosotros… Me miró con sorpresa y me dijo que cómo sería eso… Le respondí que se imaginara un robot en casa que nos hiciera las tareas que no nos gustan, como limpiar el baño, cocinar… Así yo podría ir cada día al gimnasio, a clases de pintura, etcétera, y el robot cuidaría de él. «¿Y también recogería los juguetes y arreglaría mi habitación, mami?». «Eso mismo», respondí. Él replicó: «Pues ¿por qué no encargamos un robot de esos ya mismo?». Al cabo de un rato, entró en la cocina y me dijo muy serio: «Mami, me lo he pensado bien. Mejor, no compremos un robot…». «¿Por qué, cariño?». «Pensándolo bien, mami, no creo que te pudiera sustituir. ¿Me daría besitos y cosquillas cuando llegara del cole y tú estuvieras fuera?». «Touchée», pensé. Nada como la lógica infantil, toda sinceridad, que no conoce de filtros y que, como la línea recta, es la distancia más corta –y más acertada– entre dos opiniones…

Silvia Talleda Roig, Arenys de Mar (Barcelona)


Una chispa misteriosa

En respuesta a la carta Y, a pesar de todo, leen. Soy una maestra jubilada y me parece un poco fuerte la expresión: «Mis hijos leen a pesar del sistema educativo». Dentro de ese sistema hay profesionales que intentan cada día despertar la curiosidad y el gusto por la lectura de mil formas, y es un reto nada fácil adentrar al alumnado en temas sociales, de actualidad, arte, historia, literatura, consumo, ecología… Además, enseñándoles a pensar. Que vean leer en el ámbito familiar es esencial, aunque no determinante, y conocerá muchos ejemplos. Lo importante es que tengan interés y curiosidad. A veces surge esa chispa, esa pasión, que hace que un niño o adolescente coja un libro por voluntad propia, se interese por un tema y quiera saber más. Pero nunca olvidemos que leer es más que leer un libro. Yo tenía una alumna que me decía: «Me paso todo el día leyendo desde que me han comprado el ordenador», y leía noticias, artículos de biología, devoraba artículos de historia… Algunos años después hablaba de Marguerite Duras, de Machado, del cambio climático o de Felipe II con una pasión que contagiaba.

Enhorabuena si sus hijos son ávidos lectores, yo también estaría orgullosa. Aunque es difícil saber dónde surgió esa chispa. Quizá en la escuela, quizá en la familia, quizá alguien despertó su curiosidad e imaginación para vivir las historias leídas. Durante el curso seguirán leyendo al trabajar, investigar y descubrir muchos temas. Lo importante es leer. Primero aprendemos a leer y luego aprendemos leyendo.

Asun P. (Zaragoza)


Las fotos

La fotografía es un buen parámetro para valorar el cambio de hábitos de la sociedad en que vivimos. Ha sentido el paso de lo analógico a lo digital de manera íntegra. De la espera impuesta por el revelado, lo que le daba una emoción especial con la duda de cómo habrían salido las tomas, se ha pasado a la contemplación instantánea, pero también efímera de las mismas.

El recuerdo de lo vivido es consumido con la avidez de un vistazo y, como mucho, entra a formar parte de un archivo digital, sin título, perdido en la multitud, que solo ocupa un espacio, pendiente de eliminación. Antes quedaba el recuerdo del recuerdo, plasmado en papel, ‘la foto’. Ese instante captado de una realidad que fue verdad en un momento de nuestras vidas y que por extraordinaria o peculiar quisimos que tuviera constancia, enmarcándola, pegándola en un álbum o simplemente, guardándola en un cajón…

Francisco Javier Sánchez González (Sevilla)


Salvación y posmodernidad

Últimamente las redes parecen estar volcándose más que nunca a la cooperación hacia los más desvalidos. Sorprende ver cómo estos mecanismos de interacción y comunicación de las masas posibilitan, en los días próximos a tu cumpleaños, lanzar campañas de recaudación de fondos para engrosar y dejar plasmado en los ojos de los demás nuestro supuesto carácter caritativo.

Quedan ahí, en el olvido, como lo que pudo ser y no fue, pero a la vista de unos amigos virtuales cuya prioridad es mostrarnos las viandas, resorts y paradisíacos parajes de los que disfrutan en estos días estivales. Mientras tanto, muchos esperan una solidaridad que, de esta forma, nunca llegará. ¿Es esta la forma en la que la sociedad posmoderna pretende responder a sus asimetrías y fallas? Parece ser que, si cuentas en tu muro con una de estas publicaciones, por tu parte, ya has logrado la salvación.

Azucena García Martínez, Cúllar Baza (Granada)


Puntos negros

He sido embajador de Bilbao en medio mundo. He cantado nuestras glorias en la faena y el ocio, alabado nuestro talante cercano esculpido en hierro, piedra y mar. Hubo un tiempo en que era la ciudad más segura de Europa. Y el aeropuerto era el punto de retorno más alegre. Hoy, asisto con desesperación e impotencia a la enésima violación grupal (me da igual cómo la llamen, yo he registrado el sometimiento de una mujer a manos de seis prescindibles, y en mi casa eso es violación). Y leo, perplejo, que se ha llevado a cabo en un ‘punto negro’. A los puntos negros no hay que bautizarlos, hay que tratarlos. Digo yo que, ahora que no hay terrorismo, la Policía Local y la Ertzaintza podrían patrullar a pie y con perros e ir acortando la lista de puntos negros y engordando la de blancos. A lo mejor, podemos recuperar así ese ranking honroso y volver a pasear a cualquier hora sin tener que volver la cabeza. A quien corresponda.

Luis Bañeres Lull (Bilbao)


Exceso e individualismo

El pasado 29 de julio, casi todos los medios informaban de que la humanidad había agotado los recursos naturales del planeta correspondientes a 2019: la sobrexplotación global agotaba en siete meses los frutos disponibles para un año. Un déficit ecológico que, hace tres décadas, ocurría a mediados de octubre, y cuya factura repercutirá mucho en las próximas generaciones. Y en relación con los excesos, qué decir de la asfixia económica a la que están sometidos cada vez más ciudadanos en nuestro país como consecuencia del elevado precio de la vivienda en alquiler, con un incremento del 50 por ciento en los últimos cinco años. Un problema destacable de las sociedades instaladas en la cultura del consumo desaforado y el ‘sálvese quien pueda’ es que el interés general queda relegado a un segundo o tercer plano.

Alejandro Prieto Orviz, Gijón (Asturias)


El periodismo universal

He leído en el XLSemanal del 28 de julio la carta de la semana. Hablaba del poder del periodismo, se me encendieron las bombillas y anoto que el periodista hoy está atado de pies y manos, porque es un reflejo de la sociedad. Soy español de origen sirio y desde la lejanía de mi tierra natal escucho las noticias de las distintas agencias que transmiten desde distintos países. Estas emisoras dan la misma noticia según les place: bombardeados y muertos son para unos civiles y para otros malditos milicianos terroristas. Foto de niño sangrando o muerto y en otra, posterior, el mismo niño vivo y coleando el día siguiente a su muerte. Unos apelan a los derechos humanos en lugar de pedir deponer las armas y acabar con las guerras. Anhelo al periodismo universal que transmite la verdad para el mundo entero y señala al culpable de llevarnos a este caos, aunque denuncie a su propio Gobierno.

Lian Rabahieh Khazaam, Plasencia (Cáceres)


Ráfagas asesinas

Que un individuo, en su delirium tremens, decida matar a quemarropa, bajo ráfagas de plomo y odio, a clientes de un supermercado parece ser otro escenario más en las guerras particulares que hoy suceden. El estratega (en este caso, el asesino) elige a sus enemigos, el campo de batalla –supermercados, iglesias, colegios, universidades–, el arma y la hora para matar por puro placer. Intenta justificarse, enviando mensajes previos a través de las redes, para comenzar así su particular venganza. Eso sí, los motivos personales (al margen de su trastorno) vienen dados (según parece) por tendencias xenófobas, manipuladas desde algunas cúpulas del poder político, sin rubor, por todo el mundo, con un trasfondo económico y materialista que apesta.

Jesús Sanchez-Ajofrín Reverte (Albacete)