Naúfragos

EL BLOC DEL CARTERO

Unos náufragos han estado este verano en el ojo del huracán. Iban a bordo de un barco que los recogió en condiciones controvertidas: según el armador, una ONG, porque se los tropezó; según sus detractores, fue a buscarlos ex profeso ignorando las condiciones en que se le había permitido navegar, por su inadecuación como transporte de personas. El tira y afloja lo acabó zanjando esta vez un fiscal italiano, pero el naufragio más grande del que este incidente es testimonio sigue irresuelto. Lo fácil es pensar que solo es cosa de ellos, de los que se echan al agua, los que trafican con ellos o se benefician de cualquier modo de su desdicha. Pero en este mundo a la deriva y en cambio, como sugiere una de nuestras cartas, los náufragos somos todos y el rescate, también el nuestro, no podrá improvisarse.

LA CARTA DE LA SEMANA

Por un minuto

Hace 29 años, mi hermano Alfonso apareció muerto en el parque de los patos. Murió solo, en un banco, cerca de la estatua de Tonetti el payaso (ironías de la vida), sin que nadie reparara en él pese a que, o quizá porque, empezaba la Aste Nagusia. Trece años de adicción a todo que se llevaron lo bueno que tenía. Era muy buena persona, desgarrado. Solo él sabe lo que sufrió, y solo los que lo quisimos sabemos lo que sufrimos. Mientras tanto, los traficantes vivían, viven, a todo tren, arrollando con su maldad las vidas de miles de encadenados a su veneno. Miro al pasado, que siempre está presente, y así hablo. El tiempo posibilita que pueda expresarme hasta con cierta frialdad, narrando con sencillez los hechos. En esto consiste la felicidad, en confiar en que todo sucede, incomprensiblemente quizá, para nuestro bien. La felicidad no está en una vida cómoda, sino en un corazón enamorado, y lo estoy, y mucho, pero poco ante todo lo que se me da. Quien rece que rece por mi hermano, por todos los toxicómanos y sus familias. El resto, que piense aunque sea por un minuto en lo afortunados que son por vivir.

Iñigo Urien Azpitarte, Getxo (Vizcaya)

Por qué la he premiado… Porque todos deberíamos tener de vez en cuando ese minuto.


Nuestros nietos

La otra tarde coincidimos cinco conocidos, ya jubilados, alrededor de unas cañas. Estábamos de vacaciones en el mismo pueblo donde habíamos nacido. Entre otros temas hablamos de hijos, entre los cinco contamos ocho, comprendidos entre los 31 y los 44 años, buenas personas, trabajadores y responsables. De todos ellos solo una tenía dos hijos, algunos que ya tenían pareja se habían manifestado contrarios a tener descendencia y algún otro no pensaba siquiera en la posibilidad de emparejarse. Nos quedamos comentando el hecho no por la frustración de alguno de nosotros por no tener nietos, sino porque si esta casuística se repetía a menudo, y parece que sí, sentíamos que esta sociedad iba a tener un problema. Cuando nos retirábamos, nos encontramos con unas mujeres árabes; eran tres, dos embarazadas y rodeadas de niños de varias edades. Yo saludé a Salma, la conocía por mi trabajo, un encanto de persona, amable y cariñosa. Nos dimos dos besos y me contó que iba a nacer su cuarto hijo; la felicité de corazón y me alegré por ella. No hicieron falta palabras. Esos niños serán nuestros nietos. Hemos creado una burbuja de sociedad capitalista que ha tratado muy mal a este planeta y peor a muchas de las personas que lo habitan y que se ha creído que los que vienen de fuera nos van a usurpar… ¿el qué? Nuestro mundo está cambiando a tal velocidad que requiere que se nos prepare con mensajes realistas, positivos (las redes están llenas de todo lo contrario) y que los que nos gobiernan estén muy preparados. Se necesitan mentes abiertas, generosidad y respeto para que salgamos de esa burbuja y sepamos responder y vivir en un mundo que será muy distinto al que nos habíamos imaginado.

Asunción P. (Zaragoza)


Referéndum migratorio

Sería muy interesante que nuestros gobernantes propusieran un referéndum donde la gente pudiera opinar libremente sobre la política de inmigración de este pseudogobierno. Creo que ese miedo que hay en la calle, a hablar libremente y en voz alta sobre el asunto, se convertiría en un resultado bastante llamativo para buenistas, populistas y otros colectivos, a menudo subvencionados y expertos en hacer del cuero ajeno largas correas. Se ha acusado a algunas ONG de ser cómplices instrumentales de las mafias que trafican con personas, ahora nuestro Gobierno, por razones que no llego a comprender, pone a la Armada, prácticamente, al servicio de esas bandas. Tienen que estar encantadas esas organizaciones criminales, teniendo en cuenta que la publicidad para su negocio se la van a hacer gratis, todas las televisiones del mundo, al dar esta noticia. Por último, una reflexión, África tiene unos 1200 millones de habitantes, de los cuales una mayoría estarían encantados de venir a Europa. ¿Los traemos a todos?

Emilio Alútiz Martínez de Salinas (Vitoria-Gasteiz)


Machismo, una vez más

También en las verbenas. Aún sigo cavilando cómo expresar la experiencia de ‘vuelta al pasado’ que presenciamos, incluidos menores acompañados de sus padres, todos los presentes en la plaza municipal durante la verbena del 15 de agosto. Empezaré por decir que a nuestro pueblo le gusta bailar, enseguida nos dejamos llevar por el ritmo y las coreografías que las orquestas proponen desde el escenario para animar. Pero ese día el DJ solo pinchaba reggaeton a todo volumen. Aquello no tenía visos de cambio hasta que aparecieron dos, llamémoslas ‘gogós’, con un minibañador que tapaba lo justo; de bailar no tenían ni idea: hacían un ‘movimiento soso’, agarradas a la plataforma del DJ para contonearse y de vez en cuando volverse hacia el público amagando a bajarse un tirante del bañador. Nos quedamos un poco desconcertados ante un espectáculo de mal gusto que te transportaba a la época del destape de hace 40 años y que hoy resulta patético y denigrante. Y, para terminar, me pregunto: ¿este espectáculo casposo, pagado con nuestros impuestos, no contribuye a cosificar a las mujeres?

Ana I. Martín Velasco, Cogeces del Monte (Valladolid)


La ‘republiqueta’ de los Pujol

Otros 18 millones de euros se le han encontrado al padre de la patria catalana en Suiza. A nadie se le escapa que las andanzas millonarias de los Pujol están relacionadas con el procés. El prestigioso historiador catalán y doctor por la Universidad de Wisconsin Gabriel Tortella ha explicado con meridiana claridad por qué los dirigentes nacionalistas están tan obsesionados con la independencia: «Se trata de que ellos lo controlen todo, nombrar a los jueces, perpetuarse en el poder y hacer sus negocios como quieran. Con la independencia, nadie habría destapado los trapicheos de Jordi Pujol». Se puede decir más alto, pero no más claro.

Raquel C. Cañellas (Barcelona)


Me atrevo a aventurar…

Leo el titular de la entrevista a la primera mujer que preside la Comisión Europea, publicada en XLSemanal: «Ursula von der Leyen: cómo llegar a jefa de Europa (con siete hijos)». Leo en los contenidos de la misma: «¿Y sus hijos?». Cinco de ellos ya se habían emancipado, contestó. Además, para eso tenía una aplicación de móvil llamada Family Talk. «Tuve que pegarme para tener tiempo para mis hijos. No aceptaba citas al final de la tarde ni en fin de semana». «He hecho todo lo que hacen las madres: quedarme en casa, trabajar a media jornada y volcarme en mi profesión. Pero si estaba en casa sentía que descuidaba el trabajo; y en el trabajo, a los niños». Se publicó hace escasas semanas. Semanas que parecen décadas. Me atrevo a aventurar que no hay entrevista a un político (varón) de más o menos relevancia en la que este tenga que resaltar como mérito la crianza y mantenimiento de su familia. Me atrevo a aventurar que, de ser preguntado por cuestiones de intendencia doméstica, la cuestión habría resultado atípica y fuera de lugar. Me atrevo a aventurar que esta imagen, que pretende servir de ejemplo para las madres trabajadoras que realizan sobreesfuerzos para no verse relegadas de la carrera profesional ni sentirse culpables por no poder dedicarse por completo a su hogar, no hace más que mantener el estereotipo de que tales tareas hogareñas nos son naturales mientras que nuestra incursión en el mercado laboral, a determinados niveles, supone un desequilibrio difícil de justificar. Me atrevo a aventurar que en algún momento podremos proclamar que la igualdad formal es ya igualdad real. Pero puedo decir con seguridad que aún no hemos llegado a ese recodo del camino.

Nuria Galicia Pérez (Valladolid)


Cómplices

Como cada verano, hay decenas de festivales en nuestro país. Cada uno ofrece distintos tipos de música, pero todos tienen un factor en común: un éxito demoledor. Para muchos jóvenes es una opción perfecta para darle algo más de vida a su verano: música, amigos y alcohol. Yo elegí uno de la costa valenciana con gran renombre. Nada más llegar, mucha bandera. Parece como si todos los grupos tuvieran la necesidad de encasillarse en algún colectivo: banderas de comunidades autónomas, la bandera nacional, la de la II República, la del colectivo LGTBI+… Para sustentar un festival tan grande se necesitan cientos de efectivos. Estos, por si su trabajo ya no fuera pesado, soportan a cientos de chavales con alguna copa de más que, aunque con buenas intenciones, pueden resultar muy cargantes. Y aun así los trabajadores no suelen tener ninguna mala palabra con nadie. Es mi caso y el de mi amigo, llamémoslo Sandro, para preservar su intimidad.

“Se nos llena la boca con palabras vacías sobre derechos laborales y somos cómplices de la injusticia”

Nos hicimos amigos un día que volvía de la zona de los conciertos a las cinco de la mañana y empecé a contarle mis desventuras de esa noche. Él hizo lo mismo. Me contó que le estaban pagando 4,5 euros a la hora, que trabajaba 12 horas, de 8 a 20, que en caso de que hubiera una inspección laboral estaba obligado a mentir bajo riesgo de quedarse sin cobrar… y ahí me di cuenta de que los trabajadores de estos eventos se encuentran en una situación de semiesclavitud, algo que, por desgracia, no resulta raro en nuestra sociedad. Hablando con Sandro, descubrí que todos los jóvenes que estábamos en el festival, portáramos la bandera que portáramos, éramos cómplices de su situación y de la de sus compañeros. Le prometí que escribiría una carta denunciando su estatus laboral, ¿qué menos? Si está así es por mi culpa, y por la de tantos adolescentes a los que se nos llena la boca con palabras vacías sobre derechos laborales e injusticias y, a la hora de la verdad, no somos más que cómplices necesarios cuya única queja en estos sitios es la poca cantidad de ron que el camarero ha echado a nuestro cubata.

Ignacio Gómez Vicente (Zaragoza)