Repúblicas

EL BLOC DEL CARTERO

Aborda un lector, con apoyo en las palabras de un conocido y reputado escritor, el eterno debate entre monarquía y república. Coincidirán más con sus conclusiones los monárquicos que los republicanos, pero en su reflexión asoma una idea que bien puede ser iluminadora para todos. Ser republicano o monárquico no es, en sí mismo y en abstracto, garantía de nada ni deficiencia irreparable. Puede verse la monarquía como un régimen anacrónico y reconocerse que en una coyuntura dada contribuye al progreso; también cabe ser partidario de ella y constatar que un rey en concreto, o uno de sus turiferarios, desempeña un nefasto papel. Lo mismo pasa con la república… o las repúblicas. Tan irracional es la fobia sistemática hacia ellas como ignorar que hay republicanos que son, al final, sus peores enemigos.

LA CARTA DE LA SEMANA

Amor incondicional

A mi hijo lo quiere todo el mundo y él lo sabe. Tuve ocasión de comprobarlo nuevamente uno de estos días en que fui a comer con él, en un local de nuestro pueblo, y me di cuenta antes, durante y después de la comida de cuánto lo quiere la gente menuda, joven y adulta: palmaditas en la espalda, abrazos efusivos, apretones de manos, conversaciones cordiales, saludos desde la otra acera… porque les ha hecho un buen trabajo pagado o gratis, porque es simpático, gracioso y amable, porque trata bien a todos los niños/as hijos de sus amigos o clientes, porque, en definitiva, ha sido y es desde la infancia «el mejor amigo de sus amigos». Y estoy orgullosa, pero también celosa, porque me doy cuenta de que yo también lo quiero, porque sí, simple y sencillamente, aunque no me haya dirigido la palabra en las dos horas que ha durado la comida, aunque no haya sido afable ni complaciente, aunque no me haya dirigido ni una mirada de complicidad. Lo quiero incondicionalmente, sin palmaditas en la espalda. Pero no sé si él lo sabe…

J. L. R. Getxo (Vizcaya)

Por qué la he premiado…Porque bien puede servirnos a todos de advertencia, tan sutil como necesaria.


Más sobre la España vacía

Soy un castellanoleonés, de un pueblo vallisoletano de la comarca de Torozos (Villalba de los Alcores), de los muchos que hemos tenido que abandonar la Comunidad para buscar trabajo, pero que, llegando la época estival, regresamos a pasar unos días donde están nuestras raíces. Siento una pena tremenda al comprobar que año tras año los servicios se van deteriorando sin poner ningún remedio por parte de las autoridades competentes. Comento un ejemplo. Llevamos ya unos años con problemas con la señal de televisión. Esto ha supuesto que durante unas horas, y de manera aleatoria a lo largo del día, se interrumpa la señal de todos los canales, haciéndonos retroceder a los años cincuenta del siglo pasado. Pero este año el corte de la señal se ha producido durante casi todo el día, afectando a todos los canales televisivos y prácticamente al pueblo entero. Puesto que es la Diputación Provincial la institución que debe velar y colaborar en el establecimiento y gestión de los servicios básicos en el medio rural, se me ocurrió ponerme en contacto con ella, haciéndolo vía teléfono.

La respuesta que se me dio fue directamente que escribiese una queja al presidente de la Diputación, bien como particular o a través del Ayuntamiento. Mi enfado fue in crescendo cuando, tras hablar con el secretario del Ayuntamiento para intentar poner una queja conjunta, me confirmó las múltiples cartas y quejas ya escritas y enviadas a la Diputación acerca del problema con la señal de televisión y la nula respuesta dada por parte de esta. Por esto es por lo que la gente abandona los pueblos, amén de la nula iniciativa laboral existente. El mundo rural no interesa políticamente a nadie, empezando por la Diputación, y todo lo que se dice de la España vacía es demagogia… y de la barata. Castilla ha tenido un pasado, yo diría que incluso glorioso, pero en la actualidad no tiene presente y peor aún es que no tiene futuro y ningún estamento político hace nada para remediarlo.

José Antonio Heredero (Madrid)


Experimentos con gaseosa

«Uno, a estas alturas, se contenta con ser demócrata, y eso, hoy por hoy, lo garantiza más la monarquía constitucional que la mayoría de los republicanos, instalados muchos en la guerra civil (que tratan de ganar al fin) y el separatismo». Son palabras de Andrés Trapiello. No se pueden expresar mejor los sentimientos que tenemos la gran mayoría de los españoles, que vemos con honda preocupación el gran deterioro que sufre la sociedad española.

Parece que pululan las manos negras que quieren destruir los logros y las ideas de reconciliación del espíritu del 78 y hacer trizas la unidad y convivencia entre españoles. Hay que conservar y fortalecer las instituciones dentro del marco legislativo de una Constitución, quizá mejorable, pero que ha conseguido instalar una monarquía parlamentaria, que tiene que ser la garantía de la unidad y solidaridad de todas las regiones españolas. Los experimentos, con gaseosa. Se precisan más que nunca las palabras sensatas, como las transcritas de Andrés Trapiello.

José Fuentes Miranda (Badajoz)


Estos días azules

Con la vuelta al colegio de los más pequeños y el verano a punto de expirar se acaban también estos días azules. Días en los que han disfrutado de nuevas amistades, que la vida deparará si serán efímeras o perennes. Han conocido nuevos lugares a los que no volverán nunca o lo harán repetidas veces. Han vivido nuevas experiencias que repetirán o no el año que viene, porque algunas de ellas les parecerán ya demasiado infantiles mientras anhelan las que ya viven los más mayores. Pero verano tras verano los más pequeños seguirán haciendo nuevas amistades, conociendo nuevos lugares y viviendo nuevas experiencias. Los veremos puntuales nadando por primera vez, aprendiendo a andar en bici, haciendo castillos de arena en la playa, conociendo ese primer amor, ese primer beso, ese primer cigarrillo; renegando de la furtiva presencia paterna en muchas ocasiones. Los que ya peinamos canas los seguiremos viendo y añorando este sol de la infancia.

Pablo Barrasa Foncea, Fuenmayor (La Rioja)


La web, en la crisis de los 30

Corría 1969 cuando, en plena Guerra Fría, la inteligencia militar de los Estados Unidos creó Arpanet, una red exclusiva para mantener las comunicaciones desde cualquier punto del país en caso de un ataque ruso. Veinte años después, el ingeniero británico Tim Berners-Lee inventó la World Wide Web (www): «Un espacio libre, abierto y sin permiso para que toda la humanidad pudiera compartir ideas y conocimientos». Han pasado ya tres décadas desde su aparición y todo parece indicar que la web ha entrado en la crisis de los 30 porque, en palabras de su creador, «ha perdido el rumbo y se detectan muchas cosas que han ido mal».

En efecto, la mitad de la población mundial no dispone de Internet en sus casas y los que están conectados sienten que sus derechos y libertades están desprotegidos debido a las filtraciones de datos, los problemas de privacidad o las fake news. Escándalos como el de Cambridge Analytica, que utilizó los datos de las cuentas de Facebook en favor de la campaña electoral de Donald Trump o el referéndum del brexit, han generado un sentimiento de inseguridad y desconfianza entre los usuarios de Internet. Esta situación ha traído de cabeza a Berners-Lee, quien ha puesto en marcha una campaña para pedir la colaboración conjunta de gobiernos, empresas y ciudadanos que garantice el acceso a Internet a todas las personas, respete la vida privada de los usuarios y evite las malas prácticas que ponen en peligro los derechos humanos. La web, tal como la conocemos, se encuentra bajo amenaza. El reto consiste hoy en educar a los ciudadanos en el uso correcto de Internet y las redes sociales, especialmente a los más pequeños, no en vano los usuarios potenciales del futuro tecnológico que ya es parte de nuestro presente.

Paula Santolaya del Burgo (Correo electrónico)


No se necesitan profesionales

En una ciudad llena de cultura como es Málaga, y que presume de ello, visitada por miles de personas de todo el planeta que hablan mil lenguas y dejan mucho dinero; en una ciudad donde hay más de 200 hoteles e infelizmente se contrata a gente sin formación, sin modales ni conocimiento de idiomas, pero, eso sí, menor de 30 años porque no compensa hacer contratos a gente de más edad, compensa recibir quejas diarias…; en una ciudad como esa no cabe una mujer de 48 años, que habla cuatro idiomas y tiene una formación impecable tras trabajar 19 años en Irlanda y Reino Unido, países en los que alguien de 48 años es considerado un empleado superior y un ejemplo para formar a los jóvenes… En España no se necesitan profesionales. Siento un profundo respeto por mi país, pero me vuelvo al extranjero, donde se buscan profesionales.

Carmen Edita Pérez Bizarro (Málaga)


Clase de humanidad

La clase no la recibo en un aula, sino en los servicios de una playa donde me lavo las manos… De pronto, entra una mujer mayor llevando en silla de ruedas a su marido. Ella quiere saber si va a orinar y él contesta: «No, cacas». Me pregunto cómo esa pobre mujer podrá con el imposibilitado corpachón para transportarlo de la silla a la taza y de la taza a la silla. Ella intenta abrir el WC para discapacitados, pero está cerrado: «Ocupado», se oye. Barrunto que el ocupante no es un discapacitado, sino un caradura que se ha aprovechado del único sitio libre que quedaba, aunque no le perteneciera. Imagino incluso que quienes no deberían estar esperando le abroncarán su falta de civismo y de consideración con el prójimo más débil, y que el intruso se esfumará con las orejas gachas o quizá encima respondón. Y acierto de primeras: el que sale no está impedido. Pero me equivoco en todo lo demás. Los ancianos se mantienen callados y el saliente, en vista de la situación con que se encuentra, pregunta a la endeble porteadora: «¿Quiere que la ayude?». Ella responde: «Bueno… Nos ha traído un hijo, pero ahora se está bañando». Él la tranquiliza con una sonrisa: «No se preocupe… Vamos». Y los tres se meten en el váter. Así pues, aprendo que no hay que pensar mal de antemano (me siento avergonzado) y que el mundo sale ganando si somos tolerantes. Sin duda, es la clase más valiosa de todas las que he tenido.

Alfredo Lope Echazarreta, Plentzia (Vizcaya)