Montañas

EL BLOC DEL CARTERO

La vida nos va deparando montañas. El reto es acertar a subirlas y luego, no menos importante, saber bajarlas sin despeñarnos. No todas las montañas son fáciles: las hay difíciles y hasta traicioneras. No siempre iniciamos la ascensión o acometemos el descenso en las mejores condiciones. A veces estamos cansados, dispersos o nos fallan el pie o la ilusión. A veces, en suma, caemos, más o menos aparatosamente. Nadie está exento de sufrir un percance. Nadie se basta todo el tiempo a sí mismo. No estaría de más tener eso en cuenta cuando vemos caer a otro. Tal vez nos ayudaría a ser más sensibles, más solidarios, menos frívolos y dañinos. Lo mismo si se trata de alguien ilustre como si es alguien cuyo nombre nunca salió en el periódico. Hasta donde podamos dársela, todos merecen recibir nuestra atención.

LA CARTA DE LA SEMANA

Craso error

¿Cómo creen que se sentirá hoy una persona mayor? ¿Qué creen que piensa cuando intentamos explicarle cómo funcionan los aparatos electrónicos que nos rodean? Yo no lo sé, tengo veintitrés años, pero pienso que quizá se parezca a cuando un niño de seis te dice que ya va a ir a la escuela de mayores, y tú le sonríes con indulgencia. En esta era, a veces puede parecer que su desconocimiento no puede compensarse con su experiencia. Craso error. Alguien que ha vivido una vida, con todas sus caídas, y sigue aquí, más aun teniendo en cuenta la historia de este país, sabe mucho más de este mundo que yo, por muy acostumbrada que esté a la tecnología. Porque sobre lo realmente importante –tomar decisiones y aprender de tus errores– solo se aprende practicando, y ellos llevan ya mucho andado como para que lleguemos a mirarlos por encima del hombro porque no saben entrar en YouTube. Más nos valdría escucharlos e integrarlos en el cambio. Quizá, si lo hubiéramos hecho antes, todo tendría el enfoque humano que apenas se percibe ya entre nosotros.

Luisa María López de la Casa-Huertas (Granada)

Por qué la he premiado… Por poner en su lugar saberes y competencias, que nunca está de más.


Que cunda el ejemplo

Después de una intensa búsqueda de 12 días y unas 400 personas, entre voluntarios y cuerpos de seguridad, han encontrado sin vida el cuerpo de Blanca Fernández Ochoa. Ante todo, mi más sentido pésame a sus familiares y amigos. Después de este fatal desenlace, espero que cunda el ejemplo y se movilice la misma cantidad de gente y con los mismos medios para tratar de encontrar a las próximas personas que (por desgracia) desaparezcan en España; que no quede en saco roto y que, por ser anónimos a ojos del resto del país, no merezcan el mismo trato que la familia de Blanca. Aunque no sean famosos ni hayan conquistado ningún título o medalla, merecen la misma oportunidad de ser encontrados.

Luis Ramón Castro Pérez (Zaragoza)


El monte, Blanca

Subir al monte, ascender al pico, caminar por la colina, acampar en la falda, ver el cielo desde la sierra, esquiar por las laderas, oír el trino de los pájaros en la espesura, vivaquear viendo las estrellas y contemplando la luna, saciar la sed en un manantial, empaparte de lluvia durante la travesía, observar y aprender de los animales, rasguñarte la piel apartando un zarzal, tropezar con alguna piedra, caer y volverte a levantar, animar al compañero que flaquea, sentirte pequeña y grande a la vez en medio de la naturaleza, oír el eco de tu voz, soñar que vuelas junto al águila, no estar sola en medio de la inmensidad, sino acompañada por ti misma; olfatear la hierba mojada, las flores silvestres, las heces de la fauna, compartir el bocadillo, saludar a otros caminantes, ver al agricultor trabajar la tierra y comprender su labor cuando comemos los productos que recolecta impregnados de su sudor; perderte y experimentar unos momentos de zozobra e inquietud; encontrarte con algún animal más rápido y fuerte que tú al que has invadido su hábitat y buscar al instante un lugar donde guarecerte; salir al amanecer de la tienda de campaña, mojarte con el rocío, con la escarcha; rellenar la cantimplora siendo consciente de que el agua es el mayor tesoro que puedes encontrar; rebañar la fiambrera y chuparte los dedos; ver tu aliento y oírte respirar; escuchar el estruendoso ruido del más profundo de los silencios; ensuciarte de barro, sentir el látigo del viento en tu cara, rezar genuflexa en una recóndita y solitaria ermita; no sentir los dedos ni de pies ni de manos, flagelados por el frío; sentarte en la loma mientras comes fruta; levantar la mano cuando has caído y sentir alivio cuando otra mano la coge y tira de ti; hacer tus más íntimas necesidades detrás de un matorral, pendiente de que nadie te vea; tirarte a la reparadora sombra; volver a casa exhausta, pero preñada de felicidad y satisfacción, con la mente limpia y las pilas cargadas. La magia de la montaña nos proporciona todo esto y mucho más, imposible de plasmar aquí. La montaña es un sentimiento, una adicción, la más bella de las tumbas. Querida Blanca, a buen seguro experimentaste en vida todo esto y más; has fallecido en tu querida, respetada, amiga y también traicionera montaña, que te ha arropado hasta el final. Tu vida fue un apasionante eslalon que ha quedado corto. Fuiste pionera y un ejemplo en el deporte femenino español, además de una bella persona; ahora, desde las alturas del más allá, pasarás la eternidad viendo y admirando todas las cordilleras y montañas en compañía de tu hermano Paquito. Llamarte Blanca fue una profecía.

Francisco Javier Sáenz Martínez (Lasarte-Oria)


Las piedras no saben nadar…

Esa era la canción con la que un grupo portugués logró salvar los petroglifos hallados por arqueólogos en Foz de Cô, donde iban a construir un pantano que Portugal decidió parar. Ahora son Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco, como los de Siega Verde, en España. ¡Qué sería Mérida sin su teatro, Egipto sin sus pirámides, Altamira sin sus cuevas, Granada sin su Alhambra, Córdoba sin su mezquita! Hubo una época en la que, en invierno, se hicieron hogueras con las puertas de la Alhambra. La cultura de un pueblo es proporcional a la protección que dan a su patrimonio. Ya están debajo del agua joyas arqueológicas como las de Cheles y Alconchel en Badajoz. ¿Salvar los dólmenes de Guadalperal? ¿Aún hay dudas?

M. Carmen Ruiz Millán (Correo electrónico)


La mala educación

Aparcamiento exterior de una conocida superficie comercial. Al estacionar mi vehículo a la sombra de una estructura metálica, observé que el coche aparcado más cercano estaba ocupado por un hombre corpulento de mediana edad que miraba su teléfono móvil. En el asiento posterior, un niño de unos diez años hacía lo mismo. Quizá su madre empujaba un carro con la compra en el interior del establecimiento mientras el padre ‘cuidaba’ del menor. Hace poco leí una frase muy cierta que decía que la tecnología de hoy nos acercaba a los que están lejos, pero nos alejaba de los que están cerca. Pero esta situación es más grave. Es la educación del hijo la que va a estar limitada por el nivel de educación que le llega, en este caso, de su padre. Se está convirtiendo en una situación normal que, en una reunión familiar, o de amigos, los mayores conversen mientras los hijos están ‘aparcados’ frente a un móvil.  Triste perspectiva para estos menores y, por extensión, para todos.

J. M. Gálvez, Armilla (Granada)


Banca, ‘quo vadis?’

Cierre incesante de sucursales. Paulatina supresión de cajeros automáticos. Nulo rendimiento de los depósitos de ahorro e imposiciones. Limitación horaria de apertura de caja. Clientes de avanzada edad desatendidos en oficinas en las que no les entregan el dinero que precisan para sus gastos cotidianos por llegar fuera del restringido horario y que los obliga a salir, apoyándose en su bastón, con andar quebradizo, indignados y refunfuñando, en busca de otra oficina, no siempre cercana. Abandono de la banca en los municipios rurales. Desaprensivos que, apostados en las oficinas que dispensan efectivo a los pensionistas, los asaltan, limpiándoles en la puerta, con el método de la mancha, cuando no empleando miserable violencia. Trato cada vez más distante, frío e impersonal del personal al cliente con rotación de empleados. Percibo incorrecto de inusitadas comisiones con creatividad literaria yuxtapositiva, incluso por ingresar numerario en la propia cuenta. Déficits de control de las estafas on-line, phishing. Emisión pródiga de tarjetas revolving con intereses desorbitados y usurarios, con nula información y general desconocimiento que se publicitan y comercializan en supermercados y grandes superficies comerciales con el señuelo de la flexibilidad y facilidad de pago, sin mención al coste que puede abocar a una deuda perpetua. Cláusulas abusivas: suelo, redondeo, gastos hipotecarios… Cabe preguntarse si, ante el despliegue de Amazon, Google, Facebook en el ámbito financiero, la banca española, con su actual modelo, está herida de muerte.

José María Torras Coll, Sabadell (Barcelona)


Bastidas contra la despoblación

Hemos deambulado centenares de horas, con el bloc y el lápiz en la mano, por sus todavía silenciosas calles, a través de las plazas y bajo la sombra de los soportales, percibiendo sobre nosotros las miradas temerosas de lo suyo, como si, como intrusos, fuésemos a robarles algo que les pertenece; sin embargo, una vez tratados, los habitantes de las bastidas del sudoeste de Francia son personas bondadosas y cordiales que aman la ciudad que las vio nacer. Hemos admirado las artísticas fachadas, iluminadas con rayos laterales que proporcionan un mayor relieve. Y mientras escuchábamos el rumor del agua salpicando en las fuentes y el ruido metalizado de los cubos de zinc que descendían por el cuello del pozo, desde el brocal, no hemos podido evitar embriagarnos por ese perfume de leyenda y, al mismo tiempo, realidad que flota en el aire. El hombre medieval de las bastidas debía sentirse feliz en su ciudad, donde se establecían los principios lógicos de perfecta convivencia. Aún hoy, setecientos años después, ese ambiente perdura y la armonía de un concepto que rebasa los límites de lo urbanístico se impone sin dificultad. Ciudades que permanecen inalterables al correr del tiempo, que han logrado salvarse de la avalancha impersonal de la arquitectura moderna, y su viejo casco urbano se manifiesta desafiante a todas las corrientes artísticas del momento. Los arquitectos que diseñaron las bastidas supieron crear un arte de perfecto equilibrio estético, sin dejar de ser funcional. Ante todo esto, nos preguntamos: ¿no estaría en el concepto de esas ‘ciudades nuevas’ la clave para evitar la alarmante despoblación que padece nuestra España rural?

Jesús Ávila Granados, Santa Perpètua de Mogoda (Barcelona)