‘Hobbies’

EL BLOC DEL CARTERO

Deplora un lector el hecho de que quienes optan en España por la creación deban resignarse, mayoritariamente, a convertir en una especie de hobby lo que en otras latitudes se considera una profesión con todas las de la ley. Salvo excepciones, al artista y al creador español, incluso habiendo alcanzado un grado de excelencia reconocido, se lo coloca en la tesitura de tener que conformarse con obtener una remuneración simbólica con la que no podrá cubrir ni los gastos de mera subsistencia. Lo arrojan a esa indigencia la escasa percepción del valor de su trabajo por parte del grueso de la población –instruida para ponderar otras cosas–, que la cultura no sea apuesta estratégica de ningún Gobierno o la falta de músculo industrial comparable al de las industrias culturales de otros países. Sigamos, pues, con los hobbies.

LA CARTA DE LA SEMANA

No me tienen despacio

Recuerdo el olor de las rosas silvestres que él cogía mientras caminábamos. Ese pequeño ramo era un trofeo que mi abuela ponía en un vaso con agua al llegar a casa. Recuerdo ir de su mano, sin prisas. El reloj no existía para nosotros. Simplemente paseábamos y veíamos la vida. Y era feliz solo con eso. Entonces observo las vidas de mis hijos. No me tienen despacio. El tiempo apremia. Hay deberes, compromisos; un móvil nos interrumpe, hay que entregar, urgente, una presentación… Me miran sorprendidos. No entienden por qué no pueden detenerse a mirar ese insecto tan raro que camina por la acera. No entienden que yo les diga que llegamos tarde a tal o cual sitio. Que siempre haya algo que hacer, siempre alguien esperándonos en otro lugar. Que no sea capaz de ver esas rosas silvestres que dejamos atrás corriendo. Las mismas que cuando yo era niña representaban el éxito del paseo. A veces, el mayor regalo que podemos hacerles a nuestros hijos somos nosotros mismos. Nosotros tranquilos y dispuestos a no perder detalle. Con tiempo y con calma. Ese es el trofeo que ellos atesoran en su corazón y que quizá desenvuelvan cuando formen su propia familia.

María Blázquez Sánchez, Getxo (Vizcaya)

Por qué la he premiado… Porque hará pensar un momento, seguro, a más de un padre y más de una madre


Porque lo que digan los demás da igual

Hace ya diez años que dejé de tener diez años, pero las cicatrices de tiempos pasados aún se pueden divisar en mi personalidad. Solo tengo que echar la vista atrás unos pocos años para verme triste y desalmado en una esquina del patio de mi colegio pensando que nada bueno pasaría porque no hacían más que reírse de mí. Como muchos, yo era un niño que leía mucho e intentaba ser bien hablado, pero mis compañeros me apartaban por ello, «es que habla raro, maestra», «es que a veces no entendemos lo que dice». Aún recuerdo a mi profesora diciendo que tenía que intentar ser más sociable con los demás y hacer lo que un niño «normal» debía hacer. Unos cuantos años después me encuentro en el metro, de camino a la universidad, y estoy viendo la misma situación en un niño de unos doce años. Solo el tiempo es sabio y coloca a todo el mundo donde le toca y premia a los que han trabajado duro sin excepción. Es muy importante cumplir las metas y nunca tirar la toalla, porque el éxito solo es para aquellos que se lo crean y solo para aquellos que nunca han abandonado.

Josep Rodríguez Ortega (Girona)


Un país dormido

En un país en el que solo se habla de política y deporte, algo falla. Es un país culturalmente dormido. Entiendo que la cultura en este país sea algo difícil de entender. Seguimos viviendo de nuestros artistas muertos y sus obras. Y mientras otros países saben explotar su cultura para que les genere una gran fuente de ingresos, en España artistas y creativos están obligados a convertir su talento en un hobby. Espero que algún día las generaciones que vienen detrás la sepan utilizar y disfrutar del gran talento que existe en España. No es tristeza lo que siento, es algo más parecido a la indignación: ver como no somos capaces de explotar lo que tiene este país me lleva a pensar que somos un país retrasado o poco listo.

David Creus Carrasco (Barcelona)


El tercer vértice

Paseando por una playa encontré un libro de poemas. Quien lo perdió había profundizado en su lectura –lápiz en mano– contando las sílabas para anotarlas al final de cada verso, rodeando las figuras literarias para nombrarlas tras una pequeña flecha, comparando los adjetivos del autor con otros sinónimos en búsqueda de su propia voz, para acabar escribiendo, a pie de página, aquello que emanaba de su lectura, en simbiosis entre lo racional y lo emocional. Como lectora accidental que he sido de ambos textos –el poemario en sí y su análisis lingüístico y la emoción que despierta en otro lector–, me reconozco como el tercer vértice de este triángulo amoroso: una privilegiada que al leer este libro ha encontrado un auténtico tesoro.

Helena García Arnau (Barcelona)


Discriminación rural positiva

Ya tenemos convocadas unas nuevas elecciones generales para el 10 de noviembre y seguro que nuestros políticos volverán sus miradas hacia el mundo rural, prometiendo soluciones al despoblamiento. En periodos preelectorales, se les llena la boca prometiendo una mejor conexión a Internet en el mundo rural, pero no se dan cuentan de que solo con eso en los pueblos no hacemos nada. Necesitamos que se nos discrimine positivamente, con medidas que favorezcan la vida en el campo. Desde medidas fiscales hasta ayudas al transporte, pasando por la reducción de las tarifas eléctricas, el apoyo a los emprendedores, la mejora de las infraestructuras, el mantenimiento de las escuelas y de los centros de salud, etcétera. No puede ser, por ejemplo, que para ver el fútbol en la tele del bar de un pueblo de menos de 300 habitantes –ancianos en su mayoría– se tengan que pagar los mismos 300 euros que paga un bar en Madrid. Las empresas deberían aplicar tarifas diferentes para el mundo rural, que discriminen positivamente a las poblaciones alejadas; y nuestros políticos, a las puertas de unas nuevas elecciones generales, deberían proponer una batería de medidas para favorecer la vida en los pueblos que vayan más allá de la conexión a Internet.

Ataúlfo Sanz, Canalejas de Peñafiel (Valladolid)


El poder de transformar tu vida

Un jueves cualquiera. Sentada en una terraza, observo a niños somnolientos remolcados con decisión por sus padres, adultos trajeados gritando al teléfono y con semblante preocupado, adolescentes vestidos a la última moda con sus carpetas bajo el brazo. Sonrío sin querer. Son las 8:30 de la mañana. Bebo un sorbito de café, mastico lentamente el pan tostado. No tengo que llegar a la oficina, nadie me espera para firmar autorizaciones de pago a proveedores, ningún cliente enfadado reclama un correo electrónico repleto de explicaciones… Estoy viviendo una reconversión profesional, un parón en el camino, un periodo de reflexión, un break. Ese estado de gracia que todo el mundo alaba cuando les dices que has decidido luchar por tus sueños y convertirlos en realidad. Para ello hay que ser valiente y lidiar con el miedo al fracaso, la inseguridad, el arrepentimiento y la frustración que a veces supone un año sabático. Valentía y resiliencia que mantengan a flote la confianza en uno mismo. Estos doce meses me han regalado algo que perdurará para siempre en mí: el poder de transformarme cuando lo necesite. Sonrío de nuevo.

Judith Diaz Taibo, Meara (Oleiros, A Coruña)


Resaltar los avances

He leído el artículo El muro verde, en XLSemanal. Me parece que es un avance extraordinario el proyecto de plantar masivamente una línea de árboles para revertir la desertización y ayudar, además, a desarrollar una zona que no tiene otros medios de subsistencia. Pero lo que más me ha llamado la atención es que este proyecto lleva en funcionamiento varios años –ya incluso empiezan a verse los frutos– y que hasta hoy nadie se ha hecho eco de ello. Mucho nos quejamos de la desertización, de la sequía, de la pobreza, de las hambrunas… y cuando surge un proyecto para revertir esos graves problemas, nadie, excepto ustedes, se ha molestado en dar a conocer un movimiento que lucha contra tales males. Es decir, como siempre, se hace hincapié en los problemas y se olvidan las acciones positivas. Estamos muy preocupados en difundir todos los desastres y no tenemos tiempo para resaltar los avances. Y con el añadido de que es un proyecto llevado a cabo por africanos. Mi opinión es que esa noticia debería salir en portada y dar seguimiento de su desarrollo y alcance. Seguramente, con ese muro no se va a acabar con el cambio climático, pero ya sabemos que un largo viaje se empieza con un primer paso, y si esto tiene éxito en África, se puede intentar también en otros lugares donde el desierto avanza.

Pilar Alastrué (Majadahonda)


Que los que abrazáis los abracéis

Soy estudiante de Enfermería de primer año, de esas canijas a las que les van a pedir el DNI hasta que cumplan por lo menos veinticinco. El otro día vino a la facultad un premio Nobel de Química a dar una conferencia y me di cuenta de que las personas que logran grandes cosas, cuando tenían mi edad ya hacían cosas. Y como, a pesar de ser bien canija, tengo una ambición bien rechoncha, el agobio me sacudió con el pensamiento de que, en vez de pensar a qué gimnasio me quiero apuntar, debería estar haciendo cosas. Unos días más tarde, me invitaron unos amigos de la parroquia a ir a una charla del Proyecto Grégoire [fundado por Gregoire Ahongbonon]. Grégoire libera, acoge y sana a las personas con enfermedades mentales que la población africana, por falta de conocimiento y de comprensión, abandonan, rechazan y encarcelan. Y he comprendido que este señor no deja que las lágrimas del sufrimiento corran por sus mejillas, este señor hace cosas. Os digo entonces que no dejéis que se editen fotos que corran por las redes, que no dejéis que se organicen manifestaciones que corran por las ciudades, no dejéis que dejar que estas cosas corran os haga sentir parte activa de un movimiento. Ojalá los arquitectos construyáis hospitales para Grégoire, los médicos curéis a sus enfermos, los que reís riais con ellos y que los que abrazáis los abracéis. Y digo ‘ojalá’ porque la entrega y el amor surgen en libertad. No voy a dejar que las lágrimas del sufrimiento corran por mis mejillas, voy a hacer cosas. Y, mientras las hacemos, voy a dejar que vuestras correcciones, vuestra ayuda y vuestro amor corran dentro de mí.

Marina Ezquerra, Tres Cantos (Madrid)