Greta

BLOC DEL CARTERO

La adolescente sueca despierta por igual devoción y rechazo. A la devoción puede objetarse que no conviene sacar de quicio los actos de alguien demasiado joven y con un bagaje limitado como para servir de guía; al rechazo, sobre todo cuando adopta formas virulentas, se le puede objetar… exactamente lo mismo. No puede desdeñarse la relevancia que ha adquirido su denuncia, quizá no tanto por méritos propios, o de los progenitores que la animan y la promueven, como por lo escandaloso de la inacción de tantos supuestos responsables respecto de algo que tiene detrás, con todas las limitaciones de las predicciones basadas en modelos, un considerable consenso científico. Lo que inquieta es que el personaje así creado lo inunde todo y tape otras voces, que acaso tengan más y mejor que decir.

LA CARTA DE LA SEMANA

El despertar de la primavera

El 28 de noviembre fue el Día Internacional del Maestro. Me gusta que la profesión de enseñar se siga llamando así. Pensar en quienes se han dedicado, se dedican y se dedicarán a la enseñanza como ‘maestros’ es un elogio y una responsabilidad. Ser maestro significa ser guía, ejemplo, fuente de conocimiento. Es autoridad amable, respeto, responsabilidad. Sobre todo, es saber comunicar el bien que significa aprender. Y eso solo puede darse cuando se posee. Por mi experiencia, no dudo de que cuando más he crecido es cuando he estado atenta a todo lo que nos enseñan los alumnos. He aprendido yo más de ellos que ellos de mí. A veces, en la monotonía de los días, se nos olvida bajarnos del estrado, mirar a los chavales y sorprendernos de ver tantos gestos que demuestran que están más vivos que nunca, esperando ese pequeño impulso que les permita comenzar a construir. Se nos olvida abanderarnos de la sencillez que predica el nombre que encarnamos, ‘maestros’, y valorar la fortuna de presenciar ese crecimiento, ese ‘despertar de la primavera’. Tenemos la profesión más bonita del mundo y hay que cuidarla siempre.

Clara G. (Correo electrónico)

Por qué la he premiado… Por reflejar con la elegancia de la sabiduría y la humildad el más bello oficio del mundo.


Fanatismo y fatalismo

La humanidad, que crece de modo exponencial, amenaza a su propio ecosistema. El problema es complejo y difícil de abordar, hay muchos parámetros y demasiadas cuestiones: pérdida de suelo fértil, agotamiento de fertilizantes, sobreexplotación pesquera, contaminación del agua, del aire… Por todo esto, es más fácil centrar la atención en paradigmas: antes el agujero de ozono, hoy el cambio climático. Esta tendencia hace que el problema parezca un poco más asible y permite avanzar. Pero si el paradigma se convierte en dogma, inevitablemente, aparecerán los acólitos y los detractores. Lamentablemente, eso ha pasado en la Cumbre del Clima de Madrid, donde se ha tomado como símbolo a Greta. Se afirma, sin sombra de duda, que esta activista ha movido más conciencias que nadie. ¿Pero las de quién? ¿De quienes ya estaban convencidos o de quienes no? Tras oír al presidente del país anfitrión de la cumbre decir «solo cuatro fanáticos niegan el cambio climático», uno se pregunta: ¿a qué cuatro fanáticos se refiere? ¿Tal vez a Estados Unidos, Rusia, la India y China? ¿Es posible que a nadie se le haya ocurrido pensar que si alguien tiene una actitud fanática de RAE es Greta y que los líderes de los países más poblados del mundo vean poco serio que una niña los increpe de forma arbitraria? Una cumbre se hace para convencer, empatizar, llegar a acuerdos, aunar propuestas y resolver problemas; pero si falta más de la mitad del mundo, solo es una reunión estéril más.

Juan Manuel López Vallina (Correo electrónico)


Pequeños cambios, grandes avances

Al finalizar mis estudios de doctorado, me encuentro en la delicada situación de escoger entre seguir mi carrera en la tierra que me ha formado o emigrar en busca de grandes oportunidades. España parece ser una excelente fábrica de formación de científicos de la que aprovecharse. No logro entender por qué invertir tanto tiempo y recursos en formar a profesionales cuyo talento será quizá aprovechado por grandes multinacionales internacionales. Yo, por ejemplo, he recibido casi diez años de formación (grado, máster, doctorado) subvencionada mediante becas por instituciones públicas. ¿Es que no quieren generar un retorno sobre la inversión? ¿O todo esto forma parte de un plan holístico aún más ambicioso y arriesgado? Como miles de estudiantes que emigran, yo estaría deseando volver a España aun cuando las condiciones no fueran tan favorables, pero sí aceptables. En ese caso, la previa inversión se vería altamente recompensada, pues no solo volvería el talento y la profesionalidad en la que han invertido. Además, traeríamos con nosotros la experiencia, el conocimiento y el saber hacer que destacan y ejemplarizan grandes empresas e instituciones de ciertas localidades. Si la ciencia y la tecnología son los motores de un país, solo hace falta refinar las políticas para atraer de vuelta ese motor y llevar nuestro país a la cabeza de la innovación.

Lluís Llorens Palomo (Barcelona)


¡Dejadnos en paz!

No sé por qué, cuando un colectivo apolítico se une para reivindicar un propósito digno y coge fuerza, aparecen como de la nada quienes quieren apropiarse del movimiento, poner sus siglas y colgarse las medallas. Tres ejemplos: 1.º Hace décadas (cuando era estudiante), fui con dos compañeros de clase al Gobierno Civil para declararnos objetores de conciencia. Rellené un impreso, con la fotocopia del DNI, mi firma y ¡solucionado! Borrón y cuenta nueva (como había pasado antes en Portugal), y 30.000 objetores en España nos libramos de jugar a los soldaditos. Luego se apropiaron del colectivo los borregos, los que decían la mili sí con ETA militar; estos fueron a las bravas y a muchos les tocó chupar cárcel por negarse a hacer el servicio militar. 2.º Los pensionistas llevan luchando varios años para asegurarse (y asegurarnos) unas pensiones dignas. Tienen diversas ideologías políticas, pero están unidos por un bien común. Ahora llegan los de las siglas políticas y los convocan a una huelga general. Ya han dinamitado al colectivo pen-sionista metiendo la zarpa donde no deben. ¿Por qué no los dejáis en paz? 3.º Greta Thunberg navega en un catamarán  ecopijo para llegar a la Cumbre del Clima en Madrid. Un contaminante helicóptero la sigue de cerca por si sufre algún percance. No dudo de la buena fe en sus discursos ni de que nos estamos cargando el planeta a golpe de talonario (todos somos culpables). Pero ¿sabes, Greta, que te están convirtiendo en un producto de los que aborreces?

Rafa Zamora Sancho (San Sebastián)


Compromiso

Él sabía que faltaba poco. Cuando el médico se lo confirmó cogiendo su mano, el paciente miró a los ojos del facultativo y le dijo: «Gracias por la atención que me ha dado todos estos años en los que me acompañó como profesional y como persona. Solo me queda pedirle que rece por mí». El médico sabía que era una petición seria. No solo por el modo de expresarla, sino por el conocimiento personal del paciente: serio, cordial, religioso, liberal y discreto. Por ello reflexionó un día entero cómo cumplir su petición. ¿Cómo haría él, agnóstico, especialista con amplia experiencia en ensayos clínicos y líder de un grupo de investigación traslacional, para abandonar el rigor científico y rezar sin convencimiento por su paciente con el que tanta confianza y buena relación tuvo? Evidencia científica y creencia, ese es el dilema. Al leer un texto de Medicina y filosofía, halló la clave: «La relación médico-paciente se fundamenta en una creencia, no en una evidencia; la creencia de que el profesional hará por el enfermo en todo momento lo adecuado para el mejor beneficio, contando con su opinión, con el menor perjuicio y de modo justo». Esa tarde, el facultativo entró en la capilla del hospital a orar.

F. J. Barón Duarte (A Coruña)


Las leyes del poder

Los filósofos griegos, 600 años antes de Cristo, ‘inventaron’ la democracia y la política, subordinándola a la ética. Fue Maquiavelo, hacia el 1530, quien, disconforme con los antiguos, en El príncipe decía que la política implica atender situaciones y tomar decisiones que no responden necesariamente a la moral, sino a las «leyes del poder». Consideraba así que el fin de la práctica política es conservar exitosamente ese poder. En otras palabras, la clase política y sus intereses se antepondrían al desarrollo individual y el de su colectividad. Es frecuente ver actuar a políticos que priorizan el arrumbe y desestabilización del contrario antes que la búsqueda de consensos lo más amplios posibles. El abordaje y resolución de las cuestiones relevantes para el futuro es evitado por una parte significativa de la clase política, que parece afanarse en poner al día el manual de Maquiavelo y sus ‘leyes del poder’. Quino lo expresaba magníficamente por boca de Mafalda: «Como siempre, lo urgente no deja tiempo para lo importante». Y así seguiremos si no nos damos cuenta dónde fallamos, que no es tanto en cuestiones de conciencia política como de conciencia de sí y de ética personal.

Gerardo Hernández Zorroza, Getxo (Vizcaya)


Legislar sobre la bandera

Quisiera comentar la carta Banderitis, de Manuel Monterrubio Gala. Noto en su definición de ‘banderitis’ que es una «afección» que debe afectar solo a la bandera de España. Craso error. Sin salir de nuestro país, hay muchos casos que afectan a otras banderas, como las de las comunidades autónomas de Cataluña, Euskadi, Galicia, Andalucía… Las he visto ondear en muchos actos en los que, además de ‘apropiarse’ de ellas, sus ondeadores las engalanan, casi siempre con estrellas rojas (esa misma que causó estragos en el gulag soviético y otros países). También me llama la atención que se diga que la bandera española ha sido «apropiada» por los partidos de derechas. No es cierto. Al menos no me consta que hayan prohibido a nadie su uso. Es una bandera de todos y, si no la usas porque prefieres otras tricolores, es tu elección, no una prohibición de ningún partido. Y en cuanto a que habría que legislar sobre su uso, completamente de acuerdo: no conozco ningún país en el que el uso de la bandera se limite a edificios públicos, actos oficiales, etcétera, estando prohibida para cualquier otra cosa. En cambio, sí hay muchos países en los que sonarse los mocos con la bandera nacional, arrastrarla despectivamente por el suelo o quemarla es un delito penado severamente. Sí debería legislarse sobre el uso y el respeto debido a la bandera.

Manuel Luaces Marco (Lugo)