Robotización

El bloc del cartero

El progresivo desplazamiento de los seres humanos por las máquinas en multitud de tareas plantea, como sugiere un lector, un debate que no se puede aplazar y que quizá tenga más calado del que creemos. La revolución digital ha llevado la robotización mucho más allá de lo que planteaban esas máquinas que desde hace décadas se incorporaron a la industria para reemplazar a operarios humanos. Los algoritmos y la inteligencia artificial invitan a quienes buscan la rentabilidad de sus negocios a apostar por la supresión de humanos en labores cada vez más sensibles y de mayor valor añadido. Que los robots dejen a gente sin renta es tan inquietante como que resuelvan sobre cuestiones delicadas. En ambos casos, quien recauda el beneficio no puede eludir la responsabilidad que contrae.

LA CARTA DE LA SEMANA

Afortunada soy

«Tanto preocuparme, tanto trabajo, tantos desvelos… no han servido para nada», «mi vida ya no tiene sentido», «¿qué voy a hacer ahora?». Estos y otros pensamientos similares dominaron mi mente hace unos días durante más de veinte horas, el tiempo que pasó desde que vi a mi hijo inconsciente en el suelo, sobre un charco de sangre creciendo bajo su cabeza, hasta que reconocí su sonrisa cuando entramos por la puerta del box en el hospital. «¡Me tiene harta!», «le pegaría una hostia…», «¿pero este qué se cree?». Ideas como estas han rondado por mi cabeza durante varios años, desde que empezó su adolescencia, cada vez que nuestra recíproca incomprensión ha desembocado en una discusión o en un conflicto. «¡Cuántas oportunidades nos da la vida!», «¡qué afortunada soy por tener a mi familia!», «¡muchas gracias porque estamos todos bien!»… Son el tipo de pensamientos que predominan en mí desde que mi hijo volvió a casa sano y salvo pocos días después del accidente.

Idoia Camacho Markina, Orozko (Vizcaya)

Por qué la he premiado… Por recordarnos, tan contundentemente, dónde están las verdaderas prioridades.


Un debate inaplazable

Cada día en todo el mundo, y con pulcra discreción, se incorporan al mercado laboral cientos de robots industriales y máquinas inteligentes apropiándose de miles de puestos de trabajo y enviando a la jubilación anticipada y al paro a millares de asalariados. No hay que tornar al ludismo del XIX y destrozar la maquinaria que destruye empleos, pero sí resolver esta imparable robotización, cuestionándonos qué tipo de sociedad anhelamos: una conflictiva, con legiones de parados sin cobrar prestación, u otra solidaria que implemente la polémica renta mínima garantizada para que las personas que no logren trabajo perciban un mínimo vital digno. Y siempre es opinable la forma de llevarlo a cabo, aunque siendo España un Estado social que recauda siete puntos menos que la eurozona, sin duda lo justo sería que quienes más han obtenido de la sociedad lo costeen, y que las máquinas destructoras de empleos coticen por los trabajadores que arrojan al castrante averno del paro.

Miguel Fernández-Palacios Gordon (Madrid)


El pasado, atrás

Después de ocho meses de Gobierno en funciones, ya tenemos nuevo Ejecutivo. Su perfil es económico; cuando más lo necesita nuestra sociedad. Hay que dejarle trabajar y criticar los errores que cometa, así como destacar los aciertos que realice. Yo no voté por este Gobierno de coalición, pero son las reglas democráticas. Vivimos tiempos de transformaciones de gran calado. La nueva Comisión Europea está empezando a crear políticas en aras de los citados cambios. Para ello precisa ejecutivos nacionales operativos. Entre todos, estamos construyendo una nueva sociedad, acorde con los retos del siglo XXI. Dejemos el pasado atrás y miremos con optimismo el futuro.

Pedro Marín Usón (Zaragoza)


Feminismo voraz

Soy mujer. Tengo 38 años. Estoy embarazada de mi octavo hijo. Me encuentro en las antípodas del feminismo voraz actual. No sé si la cosa mejora si añado que soy doctora en Medicina y Cirugía y que ejerzo mi especialidad a tiempo completo en un hospital público madrileño. Estos días escudriño exhaustivamente, sin mucho esfuerzo dicho sea de paso, los curriculum vitae de los más altos cargos del Ministerio de Igualdad y asisto con estupor a declaraciones de la nueva directora del Instituto de la Mujer. Hoy siento tristeza y miedo por si se pierde en el camino parte del esfuerzo de tantas mujeres durante tantos siglos. Desde aquí doy las gracias a mis abuelos, a mi padre y, por supuesto, a mi marido por quererme, admirarme y apoyarme siempre. Los hombres nos necesitan… ¡y viceversa!

Uxúa Floristán Muruzábal (Madrid)


Apostar a crédito

Preocupa la adicción patológica a los juegos y apuestas on-line que se expande aventada por una desaforada publicidad invasiva que emite un 45 por ciento de los anuncios de apuestas en horario infantil. El Colegio de Médicos de Barcelona alerta: «Los adolescentes piensan que la apuesta deportiva es una actividad implícita al deporte. Hemos cruzado una línea roja que puede condicionar su estilo de vida». No es necesario acudir a una sala de juegos o al bar a una máquina recreativa, sino que desde cualquier lugar, con el teléfono móvil, se puede apostar. En YouTube existen los llamados ‘tipsters’ que se dedican profesionalmente a aconsejar métodos para ganar en las apuestas con vídeos. Por otra parte, las tarjetas de crédito incentivan la compulsión y generan un endeudamiento, en ocasiones eterno, a través de los microcréditos rápidos y las usurarias tarjetas revolving. Los adolescentes constituyen un grupo vulnerable al tener una distorsionada percepción del riesgo. Prevención, educación, regulación de la publicidad y, acaso, prohibición del uso de esos créditos deberían abordarse con responsabilidad por el flamante Ministerio de Consumo para evitar la ruina personal y familiar de quienes no son capaces de controlar sus emociones.

José María Torras Coll, Sabadell (Barcelona)


Análisis completos

Es la primera vez que escribo en esta sección, a pesar de leer cada semana y con mucho gusto su revista. Pero como periodista y profesora (jubilada) de Economía, y sobre todo como madre de una hija que vive en Australia con su familia desde hace varios años, no me pude dominar de saltar, enfadarme, rebelarme contra el contenido del reportaje sobre los incendios en Australia que publicaron semanas atrás. Está clarísimo que ese país sufre las consecuencias del cambio climático, relacionado en parte con la política energética del Gobierno (carbón) y que esto es una de las explicaciones de los terribles incendios allí ocurridos desde hace meses. Pero hay muchas otras y complejas causas (geográficas, sociales, culturales) que entran en juego y que los autores del reportaje pasan bajo silencio. Les aconsejo que lean artículos del periódico francés Le Monde, donde encontrarán unos análisis completos del problema. La forma de tratar la información de estos dos periodistas alemanes puede resultar muy peligrosa porque el contenido es incompleto, orientado y reiterado. Esto favorece opiniones públicas categóricas, sin contraste ni reflexión constructiva.

Marie-France Dupret (Correo electrónico)


Capellanes de hospital

La atención de los capellanes en los hospitales y residencias de ancianos es un derecho del enfermo, el derecho a tener la asistencia religiosa. Esta ayuda se presta en plantas como pediatría, donde hay que acompañar a los padres que ven morir a sus hijos, que ayudan incluso a organizar el entierro con sus compañeros de clase cuando fallece un joven. Cuando muere un hijo, el capellán ayuda a los padres a superar esas muertes tan antinaturales, tan duras e injustas. Los capellanes realizan ayudas respetuosas. Se presentan con un «soy el capellán, venía a hacerles una visita». Cuando el de la cama de al lado se da media vuelta, el capellán ya sabe que no le apetece y tiene que respetarlo. El paciente
–conforme ha reconocido la OMS– tiene varias dimensiones: la física, a la que se dictan básicamente los médicos y enfermeras; la dimensión psicológica, a la que se dedican los trabajadores sociales; y la dimensión espiritual o religiosa, que garantiza la atención espiritual. En el caso de la religión católica, se garantiza a través de sus sacerdotes, ya que existe un acuerdo con la Iglesia católica y también hay acuerdos con las demás religiones mayoritarias. En cuidados paliativos hay más hospitales de la Iglesia católica que públicos, y eso es porque hay muy poca inversión pública. Los capellanes realizan una gran labor escuchando a los enfermos, sus preocupaciones, miedos y sufrimientos, sus alegrías y sus esperanzas. No se entendería que el Gobierno retirase a los capellanes de los hospitales, ya que en muchas ocasiones arrancan una sonrisa a nuestros mayores.

Enrique Marcos Pascual (Logroño)


Logroño Gurs en Moira y Lampedusa

Me importa un comino la independencia de Cataluña, la designación de Dolores Delgado como fiscal general del Estado, el pin parental y la entrega de los premios Goya (¡con lo que me gusta el cine!), mientras en los brazos de las madres que parieron y criaron a Europa, amén de a sus puertas, se mueren de asco miles de personas huidas, sobre todo, de la guerra de Siria ante nuestra más absoluta inacción, cuando no rechazo. Inacción tanto en los campos de refugiados de allí, que están convirtiéndose en auténticas prisiones, como en sus países de origen a través de la presión diplomática y económica internacionales. Rechazo en el seno que ‘acoge’ a una ridícula parte de ellos. ¿De qué sirve memorizarnos, conmemorarnos y homenajearnos como, por ejemplo, refugiados republicanos de no importa qué ideología o procedencia geográfica en Gurs, Francia, como consecuencia de la Guerra Civil española, si somos incapaces de evitar o, cuando menos, paliar a estos refugiados de hoy idéntico sufrimiento que el que padecimos nosotros en aquel entonces? Las memorias históricas particulares no son material de museo o de mero debate, sino manuales de instrucción para garantizar una vida digna a la Humanidad entera, también y de manera muy especial en las circunstancias más duras y difíciles.

Cintia Palenzuela (Correo electrónico)