Ciegas, sin corazón ni cerebro, se acercan a la costa armadas con tentáculos venenosos. La ‘Pelagia noctiluca’ ha vuelto a infestar este verano el Mediterráneo. Y fenómenos similares ocurren en todo el mundo. Los científicos ya hablan de la ‘gelatinización’ de los mares y buscan soluciones. Por Samdha Shafy

Cuando Josep Maria Gili sale a la terraza de su oficina en Barcelona y mira hacia la izquierda, se topa con el Port Olímpic y la imponente escultura que Frank Gehry plantó allí en 1992.

Es un pez metálico gigante que brilla bajo el sol y que mira majestuosamente al Mediterráneo. Ghery lo concibió como el símbolo de ese mar. Pero, 21 años después, ese pez ya no es el icono distintivo de la costa de Barcelona, sino las medusas.

Ciegas, sin corazón ni cerebro, estas medusas se acercan a la costa arrastradas por las olas y las corrientes; muchas de ellas, armadas con tentáculos venenosos. Y su proliferación las ha convertido en las nuevas reinas de los mares. Su desmesurado crecimiento cuesta cada año muchos millones de euros por los cortes eléctricos y los importantes daños materiales que causan. También dificultan la pesca. Y luego está el problema que Gili ve desde su terraza. la presencia de medusas en las playas en verano es una tragedia para el turismo.

Este verano es la rojiza y luminiscente Pelagia noctiluca la que ha llegado a las aguas de Barcelona. En los últimos días, los miembros de la Cruz Roja han tenido que atender hasta a 400 bañistas al día por culpa de lesiones causadas por sus picaduras. “En el Mediterráneo estamos acostumbrados a las medusas -dice Gili-. Pero lo que observamos desde hace unos años no es normal”. Las playas del Mediterráneo han sufrido históricamente invasiones de Pelagia noctiluca cada diez o quince años. Pero ahora son cada vez más habituales: 2005, 2006, 2007, 2011, 2012 o 2013 han sido años con invasión.

Antes, las invasiones de ‘Pelagia noctiluca’ en el Mediterráneo se producían cada diez o quince años

La Unión Europea está tan preocupada que ha financiado un proyecto de investigación que está recogiendo datos sobre la proliferación de medusas en el Mediterráneo para elaborar una estrategia para su gestión. Entre otras cosas, los científicos pretenden probar unas redes protectoras para las playas y una aplicación para smartphones que permitirá a los usuarios informar de dónde han visto a estos seres.

Este empujón desde Bruselas venía haciendo falta desde hace tiempo; lo cierto es que la ciencia sabe poco sobre las medusas, pues son difíciles de estudiar. Cuando se recogen animales aislados para su estudio en el laboratorio, se deterioran rapidamente y mantenerlas en un acuario es muy complicado. Por eso no hay muchos expertos en este campo. Uno de ellos es Josep Maria Gili. Él y su colega Verónica Fuentes, de 35 años, son los responsables en España del proyecto de la UE. Para ellos, lo más importante es informar a la gente: “A los turistas les decimos que tienen que venir a vernos porque el Mediterráneo es fantástico, -afirma Gili-, pero también tenemos que avisarlos de que el mar no es una piscina. Aquí pueden disfrutar del sol y de aguas cálidas, pero a veces también hay medusas”.

La invasión no es un problema solo del Mediterráneo. En el mar del Norte y en el Báltico, los bañistas suelen encontrarse a finales del verano con ejemplares de Cyanea capillata y con bancos de Aurelia aurita, la más abundante de las medusas, que no es peligrosa para el hombre. En las costas de Namibia, antes ricas en sardinas, reinan ahora las medusas aguamar y gelatina de cristal. Y en la franja marina entre China y Japón, los pescadores llevan quejándose desde los años noventa de que en sus redes cada vez caen menos peces y más medusas. Se trata de la Nemopilema nomurai, una medusa con una campana de hasta dos metros de diámetro que en el siglo XX tapizó las costas en tres ocasiones, pero que desde 2002 infesta las aguas asiáticas cada año.

¿Qué significa todo esto? ¿Por qué los mares se llenan de medusas? Josep Maria Gili arruga la frente. “Las medusas son como esas botellas con mensaje que llegan arrastradas hasta la playa -dice-. Y el mensaje que el mar nos da es. ‘Me estáis destruyendo'”.

“El principal problema es la sobrepesca”, explica. Es una cuestión matemática. “Si reducimos el número de peces que comen medusas y que pelean con ellas por el alimento, lo que hacemos es aumentar su número”.

Además, las medusas son unos seres realmente difíciles de superar: están formadas en un 98 por ciento por agua. El resto son tejidos gelatinosos, órganos sexuales, cavidad estomacal, un primitivo sistema nervioso y unas cápsulas urticantes que disparan dardos venenosos a gran velocidad.

Por frágiles que parezcan, son increíblemente resistentes. Soportan la contaminación, la proliferación de algas, la suciedad…

Hay unas 1500 especies de medusas: algunas tan diminutas como un grano de arena; otras tan pesadas como un ñu. Y, por muy frágiles que parezcan, son increíblemente resistentes, obras maestras de la evolución. A lo largo de 600 millones de años han sobrevivido a drásticos cambios en los océanos sin haber tenido que sufrir grandes modificaciones. Y ahora están superando la destrucción del medioambiente a manos del hombre mucho mejor que la mayoría de las especies: resisten bastante mejor que los peces la contaminación, la proliferación de algas, las aguas turbias y la escasez de oxígeno. Los estudios han demostrado que las plagas de medusas aparecen en aquellos lugares donde el ser humano explota y ensucia el mar de una forma intensa.Y, además, las medusas se están beneficiando del cambio climático, porque muchas especies crecen más rápido expuestas a temperaturas más elevadas. Por ejemplo, las tropicales, como la avispa de mar, cuyo veneno puede matar a una persona en menos de dos minutos, han comenzado ya a expandirse por las aguas subtropicales.

El declive del turismo en el Mediterráneo por la proliferación de esta marea gelatinosa no le preocupa demasiado a Gili; lo que le asusta es que una desmesurada población de medusas altere el equilibrio ecológico. ¿Pero qué hacer para evitarlo? ¿Parar la sobrepesca? ¿Acabar con la contaminación? ¿Detener el cambio climático?

Verónica Fuentes, colega de Gili, está intentando ganarse para su proyecto a los pescadores. Es una tarea difícil porque ¿qué pescador quiere oír que debería pescar menos por amor al medioambiente?

Fuentes ha invitado a su instituto a Marcarro, secretario de la Federació Nacional Catalana de Cofraríes de Pescadors, que defiende los intereses de 1200 pescadores de la región. Ambos se encuentran en una sala de conferencias. Fuentes comienza con diplomacia: “Hay muchos motivos por los cuales las medusas se están expandiendo; la pesca es uno, pero también la contaminación del agua y las temperaturas más altas”. Vizcarro la mira con cierto escepticismo.

La investigadora le muestra una foto: una medusa con varios pececillos entre sus tentáculos. “Algunas medusas comen peces”, explica Fuentes. Vizcarro mira la imagen con atención. “¿Hay cosas así por aquí?”, pregunta. Aún no responde Fuentes, pero en el mar del Norte sí .Vizcarro analiza la foto. Sus pescadores últimamente no pescan apenas sardinas. ¿Es posible que las medusas se las estén comiendo? La duda queda flotando.

Verónica Fuentes proyecta un vídeo grabado en Japón: montañas de medusas enormes atrapadas en unas redes llenas a reventar. “¡Arg!”, musita Vizcarro y aparta la mirada. Es el momento que la investigadora ha estado preparando: “Necesitamos vuestra ayuda -le dice-. Nosotros vigilamos la costa, pero necesitamos información sobre cuántas medusas hay ahí fuera, en el mar. Esa información solo nos la pueden dar los pescadores”. Y le explica su idea: una aplicación para smartphones creada especialmente para ellos. “Nos interesa”, asiente Vizcarro. Sus pescadores llevan tiempo avisando de que ven muchas más medusas que antes y de que, donde hay muchas medusas, hay menos peces. Vizcarro se levanta:  “Nosotros también queremos saber qué está pasando”.

Cuatro plagas gelatinosas

‘Nemopilema nomurai’, costas de Japón. Desde 2002 es una plaga anual en las costas de Japón y China. Pesa hasta 200 kilos y mide más dos metros. Puede hacer naufragar a pesqueros pequeños.

‘Pelagia noctiluca’, mar Mediterráneo. La medusa clavel, de color violeta rosáceo, umbrela abultada y ocho tentáculos, forma enjambres mar adentro que llegan a la línea de costa arrastrados por el mar. Sus cnidocitos son muy urticantes.

‘Aequorea victoria’, costa de Namibia. Sus aguas eran ricas en sardinas, pero ahora sufren a esta medusa conocida como ‘gelatina de cristal’ por su tono transparente. Tiene más de 150 pegajosos tentáculos. Con su toxina inmoviliza a sus presas.

‘Cyanea capillata’, mar Báltico. La medusa melena de león vive mar adentro y se han hallado ejemplares con tentáculos de hasta 35 metros. Se alimenta de peces y otras medusas, y su picadura, aunque molesta, no suele ser grave.