Frívolo, exquisito, hedonista, glamuroso y bello. Así es lo ‘déco’, como los años veinte y treinta, en los que esta corriente sedujo a ‘vedettes’, artistas, modistas, joyeros, arquitectos, cineastas y aristócratas. Es el estilo que se respira en las fiestas del Gran Gatsby. Por Fátima Uribarri

Suena música de jazz; ellos van repeinados y calzan zapatos bicolores; ellas fuman utilizando largas boquillas; se recuestan en chaises longues; ríen; bailan… Son delgadas, se recogen el pelo (corto) en casquetes que recuerdan a los de los pilotos de avión, son delgadas y van enfundadas en vestidos con forma de tubo… Es el glamour del art déco el acrónimo de art décoratif, en francés, un estilo que brilló en los años veinte y treinta del siglo XX; que se expandió a través del cine; transformó la moda; inventó lámparas, pitilleras, frascos de perfume, automóviles, sillas, jarrones…

Vestido de noche de Jean Paquin, de 1925. Seda azul y oro bordada y con abalorios, perlas y cuentas doradas

En el art déco militaron René Lalique (diseñador y joyero); las pintoras Tamara de Lempicka y Sonia Delaunay; las modistas Coco Chanel, Jeanne Lanvin y Elsa Schiaparelli; la vedette Josephine Baker; o el arquitecto y diseñador Charles Édouard Jeanneret-Grisel, más conocido como Le Corbusier, celebridades que bien podrían haber sido invitados habituales de una fiesta del Gran Gatsby.

El art déco gusta porque es el estilo de aquel delicioso intermedio entre las dos guerras mundiales, una fiesta sacudida por el bofetón del crack del 29 y que terminó en el espanto del nazismo. El arte de aquella época encandila. Mirando sus muebles, dibujos, joyas o vestidos siente uno ganas de arrancarse a bailar un charlestón. El déco es arte, pero ha sido denostado durante años por los más puristas: a las vanguardias ‘serias’ les ha parecido anticuado y cursi. Su funcionalidad lo ha empujado fuera de los cánones de la primera división de las vanguardias artísticas. Y, sin embargo, lo fue: nació como un afán de modernizar lo que existía y acercarlo al consumidor. El problema es que se expandió al mobiliario y al diseño de objetos de todo tipo, y el hecho de ser práctico supuso su salida del concepto de artístico.

El déco es lo exquisito fabricado en serie. Su filosofía lo impregna todo. Alguien déco se viste, se peina, decora su casa o utiliza utensilios de este estilo, que nace de la mezcla de muchas cosas: lo exótico, lo exquisito, lo antiguo… Pero también el cubismo. ¿Cómo se define el art déco? “Si fuera un perro, sería un chucho con la potencia de un doberman y la belleza de un dálmata”, contesta Manuel Fontán del Junco, director de Exposiciones de la Fundación Juan March

Hoteles de lujo y pisos de millonarios son escenarios ideales de lo déco. El cine globalizó su glamour. Aquí, Greta Garbo en una escena de El beso, de 1929.

Es un estilo complejo que incluso alberga tendencias: hay un déco más cubista y minimalista, y otro recargado, sofisticado, barroco, kitsch. Al gran público le encanta, como gustan los cuadros de la excéntrica pintora polaca Tamara de Lempicka, toda ella (su obra y su persona), el colmo de lo déco.

Los marqueses de Madrid

La belleza de este estilo es avasalladora y chic, como lo son algunas de las artistas que han destacado con sus creaciones déco. En una fiesta celebrada en Madrid durante la Primera Guerra Mundial, en los salones de los marqueses de Valdeiglesias o los de Urquijo, una de las invitadas podría ser la pintora Sonia Delaunay, un icono déco entre otros.

Sonia y su marido, Robert, llegaron a España en 1914 y aquí se quedaron hasta que terminó la Gran Guerra. A Sonia -que era rusa de nacimiento- (en realidad se llamaba Sonia Stern) el coreógrafo Serguéi Diáguilev le abrió las puertas de los salones de los aristócratas españoles y le encargó el vestuario de la ópera Cleopatra.

Los Delaunay venían de París, de codearse con Braque, Picasso, Derain y Vlaminck. Las marquesas y duquesas españolas quisieron que Sonia se ocupara de la decoración de sus palacetes y de sus vestidos. Llegó a tener boutique, Casa Sonia, en Madrid y Bilbao. Y después en París, la Boutique Simultanée, que se llamó así en honor a una tendencia, el simultaneísmo, inventada por Sonia cuando confeccionó una colcha para la cuna de su hijo Charles, con parches de colores al estilo de las campesinas rusas. Así eran sus telas, de colores y figuras geométricas. También diseñó bolsos, abanicos, paraguas y, más tarde, ‘vestidos poema’.

Rompedoras, atrevidas, modernas, así eran las mujeres déco, libres ya del corsé con la nueva moda de los vestidos con forma de tubo. Se cortaron el pelo a lo garçon para decirles a sus madres: “Hago lo que tú no has hecho, trabajo, fumo, conduzco, me baño en la playa…” Y esa nueva filosofía empapó los objetos de su alrededor, los tocadores donde se acicalaban con frascos de perfume de nuevo diseño, como el inmortal contenedor del Chanel número 5. Hay incluso tenedores y cine déco, como las películas de la Italia fascista, los looks de Greta Garbo… ¡Pero si la estatuilla del Oscar es un diseño del artista déco Cedric Gibbons!

Locos por Tutankamón 

El art déco es un estilo global que se ‘contagió’ incluso en parajes remotos como Japón, Australia y África. Fascinaba lo exótico: en 1922, Howard Carter descubrió la tumba de Tutankamón y se disparó el interés por el antiguo Egipto. También apasionaban las civilizaciones extinguidas.

No tiene la categoría artística del cubismo porque es una corriente que bebe de lo antiguo, no lo destruye; no se apoya en una proclama política, es pragmático: pretende acercar lo moderno al público, se vulgariza.

Lo cierto es que tras darse un baño déco siente uno ganas de pasar una noche loca en el Cotton Club.