Crítico, mordaz, sarcástico… así era Pieter Bruegel el Viejo, uno de los grandes de la pintura flamenca. Un libro conmemora el 450.º aniversario de su muerte; y Alejandro Vergara, experto del Museo del Prado, nos descifra los símbolos y mensajes que esconden sus cuadros; algunos de ellos, denuncias implacables de su tiempo. Por Fátima Uribarri

• Las claves ocultas de ‘El triunfo de la muerte’, de Pieter Bruegel

Un campesino con la camisa manchada de excrementos y una pareja manteniendo relaciones sexuales. No figuraban en el paisaje original. Los añadió Pieter Bruegel. Era una broma. Al autor de la obra, Hans Vredeman de Vries, no le hizo ninguna gracia, pero Bruegel era bromista y socarrón, no se pudo reprimir. Su primer biógrafo, Karel van Mander, lo describe como un tipo cómico y divertido. Cuenta también que lo apodaron Pieter den Drol (‘Pedro el Bufón’).

A Bruegel le interesaba lo popular. Se colaba en las bodas campesinas simulando ser pariente de los novios, incluso llevaba regalos. Así podía fijarse bien en todo. Luego lo plasmaba en sus cuadros

Tenía, además, Bruegel mucho desparpajo. Se colaba en las bodas populares haciéndose pasar por un pariente de los novios, incluso llevaba regalos. Le encantaban las fiestas campesinas y fijarse en todo: en las costumbres, vestimentas, gestos… Luego lo plasmaba en sus lienzos detallistas al milímetro, repletos de personajes -hasta 119 pueblan Los proverbios flamencos-, regados también de símbolos, secretos y mensajes. Y de chistes. «Los monstruos, las fantásticas criaturas híbridas e imaginativas estructuras se consideraban una fuente de entretenimiento y humor. Puede que el espectador de ahora crea que tienen un significado simbólico profundo. Y puede que no lo tengan». Lo dice Maximiliaan P. J. Martens en el catálogo de la exposición Brueghel. Maravillas del arte flamenco.

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Gente defecando y borracha
Bruegel lo muestra todo. «Es una manera de ofrecer una visión crítica a través del humor, Bruegel lo hace con un tono satírico. Y, por otro lado, así se transmite la idea del mal olor. También en las obras flamencas salen borracheras y no se idealizan, se ve a gente vomitando», explica Alejandro Vergara, experto del Museo del Prado.

Pieter Bruegel el Viejo es noticia. Se cumplen 450 años de su muerte y lo celebran esa exposición y un libro monumental de Taschen, Bruegel. Obra completa. Para conocerlo y entenderlo mejor, Alejandro Vergara -jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte hasta 1700 del Museo del Prado- nos guía por El triunfo de la muerte, uno de los dos únicos Bruegel del Prado. Es un cuadro inquietante que muestra cómo la muerte, implacable, puede con todos. «No sabemos para quién se pintó ni para dónde. Sería para una colección particular, no para una iglesia», explica Alejandro Vergara. No sabe uno hacia dónde mirar. abundan los personajes y están revestidos de detalles. «Este tipo de pinturas que después también hicieron el Bosco y Teniers son los cómics, que salen de Bélgica», cuenta Vergara.

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¿Era Bruegel antiespañol?
Hay quien cree que Bruegel se pone del lado de Flandes en su conflicto con España y por eso españoliza a los soldados de sus obras. No lo cree Alejandro Vergara. «Pintaba para la élite de los Habsburgo, para gente próxima al régimen. Además, los Países Bajos se sublevan contra Felipe II en 1568, después de sus cuadros. Bruegel muere en 1569», explica.

Pieter Bruegel el Viejo nació en los Países Bajos del siglo XVI, donde vivió las convulsiones de la revolución luterana; él era católico, pero mantuvo una postura crítica. Y fue contemporáneo de Miguel Ángel. Llama la atención porque, mientras en Italia se buscaba el ideal, Bruegel soltaba demonios, monstruos y bestias terribles en sus lienzos. No era novedad. además de que ya lo había hecho Jheronimus van Aken, el Bosco, no hay más que fijarse en los claustros románicos para ver algo semejante. Lo llamativo de Bruegel es que desplegaba campesinos borrachos, gente defecando y criaturas monstruosas a la vez que en Italia se buscaba la pureza. A veces también hace una mezcla muy suya de lo flamenco y lo italiano, y en medio de lo grotesco suelta unas figuras de belleza exquisita, muy italianas.

Lo que impera en Bruegel, sin embargo, es lo flamenco, sin idealizaciones. «Mientras que en Los borrachos, de Velázquez, y en los cuadros de los italianos se transmite la idea de que el vino nos hace felices, Bruegel saca a gente vomitando», cuenta Alejandro Vergara. Es como Goya. Tienen en común la pasión por el grabado y la denuncia de los vicios del mundo. «Bruegel es el pintor anterior a Goya más parecido a Goya en su visión de la vida y del mundo. Coincide con él también en su mensaje moralizante», dice Vergara.

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Combate entre insensatos
En El combate entre Don Carnal y Doña Cuaresma hay dos posturas enfrentadas: se oponen el hombre y la mujer; la gordura y la delgadez; la carne y el pescado; lo profano y lo clerical; lo luterano (hay quien dice que el rostro de Lutero es el de Don Carnal) y lo católico. Bruegel no toma partido: todos se comportan con insensatez.

Cuando Bruegel nació, el Bosco llevaba muerto nueve años, pero seguía teniendo tirón. Pieter comenzó versionándolo en sus grabados; se lo pidió el impresor: para vender más. «Bruegel comienza haciendo grabados bosquianos, así hace carrera. Y solo lo versionó en grabados», puntualiza Vergara. Lo hizo tan bien que lo llamaron ‘el segundo Bosco’.

A Alejandro Vergara le entusiasma Bruegel, sobre todo por sus paisajes. Los pintores de los Países Bajos muestran horizontes muy profundos porque su paisaje habitual no contiene montañas. Bruegel viajó a Italia. Cruzó los Alpes y eso le impactó:  por eso a veces los picos alpinos se cuelan en sus cuadros. Otra consecuencia de este viaje italiano es que se quitó la hache del apellido porque le parecía muy germánica. Sus descendientes sí mantuvieron la hache y son Brueghel.

Cuando vio que se moría, sintió miedo y pidió a su mujer que quemara «gran cantidad de sátiras; algunas, demasiado mordaces y sarcásticas», contó su primer biógrafo

Pieter el Viejo fue el creador de una dinastía de pintores notables. Tuvo dos hijos, Pieter Brueghel el Joven, que hizo copias de las obras paternas y fue su mayor propagandista, y Jan Brueghel el Viejo, que fue muy amigo de Rubens y dicen que es el mejor Brueghel. Siguieron la dinastía Jan Brueghel el Joven y David Teniers el Joven -sus nietos- y luego Abraham Brueghel, su bisnieto.

Fundador de una dinastía

Pero el más reconocido es Pieter el Viejo. Sus obras siguen fascinando. Jürgen Müller y Thomas Schauerte explican en Bruegel. Obra completa (Taschen) cómo denuncia la hipocresía y se mofa de la alquimia, la brujería, la falsa erudición o la charlatanería. Lo dice con imágenes. Su obra Los proverbios flamencos es como un gran manual de su pensamiento. Hay allí todo un repertorio de fábulas, refranes y citas bíblicas. Hay que fijarse porque pinta figuras que parece que realizan labores cotidianas y luego descubrimos que hacen cosas absurdas: un hombre arroja dinero al agua, lo que significa que lo gasta en cosas superfluas; otro atrapa una anguila por la cola, lo que quiere decir que se embarca en tareas difíciles…

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Crítica simbólica
«Pasear llevando sobre los hombros una carga», (imaginar que las cosas son peores de cómo en realidad son); «Cagar por el mismo agujero» (ser inseparables, ‘uña y carne’); «El pez grande se come al chico»; «Tirar el dinero al agua» (nuestro ‘echar la casa por la ventana’). Hasta más de cien refranes inspiran las escenas de Los proverbios flamencos, el cuadro en el que Bruegel explica fábulas, citas bíblicas y lanza un mensaje moralizante.

Bruegel fue crítico y le fue bien. Tuvo buena clientela, a pesar de que no recibió muchos encargos eclesiásticos y no pintó bodegones ni retratos. Se centró sobre todo en representaciones del Nuevo Testamento, cuadros de género y paisajes.

Fue mordaz, sarcástico… Interpretó el mundo a su manera. Pintaba lo que pensaba. Ah, pero cuando vio que se moría sintió miedo. Le pidió a su mujer que quemara «gran cantidad de sátiras dibujadas con gran esmero y provistas de leyendas, algunas de las cuales eran demasiado mordaces y sarcásticas», contó su primer biógrafo. Su mujer no las destruyó.

PARA SABER MÁS

Bruegel. La obra completa. Jürgen Müller y Thomas Schauerte. Editorial Taschen.

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