Los animales presienten las catástrofes y son capaces de predecir los desastres naturales ¿por qué ellos presienten el peligro y nosotros no? Por F.G-S.

Gatos: los primeros en huir ante las vibraciones

Estos felinos tienen un elevado ‘sentido de la vibración’. Por eso, ante cualquier movimiento, son los primeros en desaparecer. En los pueblos que rodean el siciliano volcán Etna, todos los campesinos tienen gatos en casa como ‘detectores sísmicos’. Si todos los gatos escapan en un intervalo corto de tiempo, los campesinos los imitan y se alejan del volcán.

Aves migratorias: si el magnetismo se altera, echan a volar

La misma lectura de los campos magnéticos que utilizan para sus migraciones les permite a estas aves detectar cualquier cambio electromagnético producido por un seísmo. Antes de que se produzca, levantan el vuelo conjuntamente y huyen de la zona que será afectada. Las aves enjauladas se muestran agitadas ante la llegada de los temblores.

Peces gato: saltan y nadan como enloquecidos

Esta especie es capaz de percibir las pequeñas corrientes eléctricas que circulan por los sustratos del suelo en el momento previo al terremoto. Cuando las notan, saltan fuera del agua y nadan de forma enloquecida. En Japón, un país con una trágica historia de terremotos, usan este tipo de peces y las carpas doradas como ‘detectores’.

Tiburones: ante cambios de presión, se alejan hacia el fondo

Los tiburones de estuario son capaces de captar los cambios en la presión del agua que anteceden a un huracán. Así lo hicieron con el huracán Charley, en agosto de 2004. Doce horas antes de su llegada habían escapado a aguas profundas para ponerse a salvo. Esa especial sensibilidad también les permite advertir las alteraciones producidas por los seísmos.

Elefantes : al menor infrasonido, empieza la carrera

Su capacidad para captar infrasonidos les facilita oír cualquier fractura de la corteza terrestre. Además, a través de la planta de sus patas pueden captar los microtemblores que se producen antes de un seísmo, lo que demostraría que los paquidermos tienen un gran ‘sentido de la vibración’. Han sido los grandes supervivientes de la catástrofe del Índico.

Perros: aullidos antes del seísmo

Al ser los más cercanos al hombre, estos animales domésticos son, junto con los gatos, los que en más ocasiones han avisado de la llegada de un terremoto. Los perros, unas horas antes de que se produzca un seísmo, se muestran inquietos, empiezan a moverse de forma nerviosa y ladran incansablemente. Después, emprenden la huida definitiva.

Raza humana: la vista, el único sentido que alerta

De las cinco señales físicas que anteceden a un movimiento sísmico (cargas eléctricas, ondas sonoras de baja intensidad, afloramiento de gases del subsuelo, modificaciones en el magnetismo terrestre y nubes de vapor por la fricción de las rocas), los humanos sólo detectamos las últimas, que son visuales. El resto son ajenas a nuestros sentidos.

  • Pobre de oído. El hombre es sensible a las ondas entre 1.000 y 4.000 ciclos por segundo. Los sonidos que provoca la corteza terrestre al fracturarse no alcanzan ese umbral.
  • Escaso de olfato. Este sentido es, en el ser humano, un millón de veces menos preciso que el de un perro y no nos permite detectar la liberación de gases previos a los seísmos.
  • Carente de  ‘sistema de aviso’. La combinación de un oído y aparato fonador limitados impide a los humanos comunicarse a distancia. La tecnología ejerce hoy esa función.
  • Sin ‘detectores’ magnéticos. No percibimos los cambios en el magnetismo terrestre que se producen en un seísmo porque el cuerpo no puede procesar esas señales.
  • Sin ‘sentido de la vibración’.A diferencia de otros animales, no captamos las vibraciones que se trasmiten por el suelo y que ellos recogen a través de las patas.

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