El profesor de Harvard David Sinclair lleva 25 años investigando cómo frenar el envejecimiento. Y probando sus fórmulas en su propio cuerpo. Esta es la historia de una obsesión… y de un negocio multimillonario que promete transformar nuestra vida… y alargarla. Por Carlos Manuel Sánchez / Foto: Nic Walker (Getty Images) 

• Seis claves para frenar el envejecimiento

Tiene 50 años, estatura media y pelo castaño. Un tipo normal. Pero sus fans prefieren describirlo de otro modo: no tiene una sola cana y casi ninguna arruga. Según los análisis de sangre, su edad metabólica ronda los 31. O eso dice… Cualquiera pensaría que es un charlatán, si no fuera porque es profesor de Harvard, genetista de prestigio mundial y un investigador avalado por sus publicaciones en Science, Nature y Cell.

«No soy médico y no doy consejos ni extiendo recetas. Pero creo en la transparencia, y no me importa decirle lo que hago yo», advierte antes de desvelar su cóctel de la eterna juventud.

El menú contra el envejecimiento

«Son tres sustancias: nicotinamida mononucleótido (NMN). Cada mañana tomo una cápsula. Se trata de un compuesto que segrega el organismo de manera natural, pero con la edad se va reduciendo. Está en el brócoli y en los aguacates, pero no en suficiente cantidad, así que lo sintetizo en mi laboratorio. También tomo medio gramo de resveratrol en polvo, un antioxidante presente en la uva tinta, que mezclo con yogur porque está muy malo. Y por la noche una pastilla de metformina. Un fármaco muy conocido para la diabetes de tipo II. Según muchos estudios, también es efectivo contra la demencia, el cáncer, las enfermedades cardíacas…».

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Sinclair tiene el sótano de su casa lleno de estas tres moléculas. No, de momento no las vende. No tiene permiso de las autoridades sanitarias. Aunque recibe correos todos los días de gente interesada. Tampoco se fía de los suplementos que se venden por Internet. «He analizado muchos y la mayoría no contienen lo que dicen».

Sinclair es tan reconocido (y tan polémico) que guarda su cuaderno de notas en una caja fuerte. La revista Time lo incluyó entre las cien personas más influyentes. Acaba de publicar Lifespan. Why we age and why we don’t have to (‘Tiempo de vida, por qué envejecemos y por qué no estamos obligados a hacerlo’). En él asegura que la vejez es una enfermedad. Y que tiene cura. «La diabetes de tipo II, la osteoporosis, el cáncer, el alzhéimer o los problemas del corazón solo son síntomas de esa enfermedad. La medicina actual trata estos síntomas uno a uno. Es un error de estrategia. Hay que combatirlas todas juntas. ¿Cómo? Yendo a la raíz. Estimulando las defensas naturales del organismo frente al deterioro progresivo del ADN, que causa el envejecimiento», explica. Sinclair defiende que hay una serie de genes que se encargan de proteger y reparar las células, y que esos genes se pueden activar.

Pero ¿el envejecimiento es una enfermedad? La Organización Mundial de la Salud le ha dado, en parte, la razón. Existe una clasificación internacional de patologías que se publicó en 1893 y se actualiza desde entonces. Oficialmente podemos padecer 14.000 enfermedades. A partir de 2022, el código MG2A, correspondiente a «edad avanzada», será una de ellas.

¿CUÁL ES EL LÍMITE DE LA LONGEVIDAD?

Que vivimos más es un hecho. A lo largo del último siglo, la esperanza de vida casi se ha duplicado y ya ronda los 85 años en los países desarrollados. La higiene, el agua potable, una mejor alimentación, las vacunas, los antibióticos, los avances médicos… En resumen, el progreso nos ha hecho más longevos. Los niños que nazcan hoy en España vivirán, de promedio, 104 años. En Japón, el Gobierno regalaba una taza de plata de ley a los que cumplían un siglo. Ahora son ya tantos que la taza solo la bañan en plata.

“Basta con saltarse una comida un par de veces por semana y se activan las enzimas que protegen nuestras células”, afirma el científico

Pero el progreso tiene un límite. A nivel celular estamos diseñados para vivir, como mucho, 120 años. El deterioro de nuestro organismo culminará con un cáncer, una dolencia degenerativa, un infarto o una enfermedad oportunista que se aprovechará de nuestra debilidad. ¿Se puede forzar ese tope? Sinclair no lo descarta. Quizá hallemos una manera de que las células se reseteen, cada 10 o 20 años, entrando en un bucle que nos conduzca a la inmortalidad. Por el momento, el investigador se marca otro objetivo. «No se trata solo de llegar a los 120 años, sino de hacerlo en plena forma, jugando al tenis y no languideciendo durante el último trecho de tu vida». Y pone como ejemplo a su padre, que toma lo mismo que él, y que trabaja, hace piragüismo… En fin, está hecho un chaval y va camino de los 80. ¿De verdad podremos emular a Matusalén hasta que nos dé un ‘jamacuco’, yéndonos de este mundo sin haber sufrido achaques?

Esa es la idea. Científicos e inversores se han aliado para hacernos cumplir más años con salud. El Financial Times considera que «la longevidad es la mayor oportunidad de negocio del siglo XXI», teniendo en cuenta que en el mundo ya viven más personas por encima de los 65 años que por debajo de los 5. Y es una revolución, asegura Sinclair. «La tecnología genética y la investigación sobre células madre pronto significarán para la humanidad lo que supusieron los antibióticos y las vacunas». Las mejores universidades trabajan en ello: el MIT, Oxford, Stanford, Harvard; las farmacéuticas tienen ya una batería de medicamentos en fase de ensayos clínicos; las start-ups reciben cientos de millones de fondos de inversión. De ellos, 75 han ido a parar a Life Bioscience, la empresa de Sinclair, que recibió el espaldarazo de Tristan Edwards, un antiguo ejecutivo de Goldman Sachs, y de Adam Neumann, fundador de WeWork. Y lidera un mercado en el que compite con Calico (de Google) o con Juvenescence, del millonario británico Jim Mellon.

Joven para siempre 1

“Si mis fórmulas contra el envejecimiento funcionan con los ratones, luego compruebo qué efectos tienen en mí”. Su mujer, su padre y su perro también toman sus pastillas

Life Biosciences es una sociedad matriz de la que dependen varias filiales. Una trabaja en fortalecer las mitocondrias, las centrales energéticas de las células. Otra investiga cómo eliminar las células zombis. Una tercera está centrada en la autofagia, una especie de servicio de autorreparación… «Los científicos se han puesto de acuerdo en que hay ocho factores que nos hacen envejecer, desde el agotamiento de las células madre a la inestabilidad del material genético. Se trata de abordarlos todos». También ha creado una empresa centrada en tratamientos de fertilidad. «Tenemos hembras de ratón de 16 meses, el equivalente a 65 años en una mujer, a las que damos NMN y que están teniendo descendencia sana». Y otra compañía para alargar la vida de nuestras mascotas.

El ‘Financial Times’ considera que la “longevidad es la mayor oportunidad de negocio en este siglo”

Tanta visión comercial tiene sus detractores. ¿Son solo productos para ricos? Sinclair se defiende. Cuando empezó a investigar con NMN, su precio superaba los 2000 euros por gramo; hoy ronda los 200. Y el gasto mensual en metformina no llega a los 2 euros. ¿Y nuestros sistemas de pensiones resistirían? La creación del estado del bienestar se basó en una esperanza de vida de 10 años desde la jubilación; hoy vamos por 20. ¿Y qué pasará con medio siglo de propina? Los más optimistas argumentan que, como estaremos sanos y activos, podremos retrasar el momento de retirarnos. ¿Pero eso no lastrará a las generaciones que vienen detrás? Por fin están las dudas científicas. ¿Qué pasa si una terapia tiene consecuencias desconocidas a largo plazo?

UN INVESTIGADOR PLAGADO DE POLÉMICAS

La controversia acompaña a Sinclair desde sus comienzos. En los noventa empezó a colaborar con Leonard Guarente, profesor del MIT y una eminencia en hongos, criaturas que a pesar de su simplicidad y de su breve vida (siete días) comparten el 70 por ciento de su material genético con los seres humanos. Un cultivo de hongos olvidado durante semanas en una nevera lo cambió todo… Aquellas células estaban ateridas y hambrientas, pero estaban vivas. Volcaban todas sus energías en sobrevivir. Fue así como se descubrió que las sirtuinas, un grupo de enzimas, son capaces de activar los genes que protegen y reparan las células.

Se ha demostrado que el deporte, pasar frío y comer menos son maneras naturales de activar las sirtuinas. Sinclair va al gimnasio con su hijo; y a la sauna una vez por semana, combinando baños de agua fría y caliente; y probó la restricción calórica, pero confiesa que se ponía de muy mala leche. «A los humanos que no comen lo suficiente les pasa lo que a los ratones: aumenta su agresividad. Pero hemos descubierto que no se trata de caer en la desnutrición; basta con saltarse una comida un par de veces por semana».

El siguiente hito fue descubrir que el resveratrol activaba una de las siete sirtuinas que segregan los humanos. Fue en 2002. Sinclair aisló la molécula y la probó en hongos, moscas y ratones. Fundó la empresa Sirtris. En 2008, la compañía GSK la compró por 270 millones de dólares. Luego resultó que los fármacos desarrollados por Sirtris provocaban diarrea y la empresa cerró. «Pensaba que había decepcionado a todo el mundo», reconoce Sinclair. Contraatacó con nuevos ensayos. Pero los efectos en los ratones no siempre se dan en las personas. Así que Sinclair los prueba él mismo. «Soy mi propia cobaya». Y también se los da a su familia, incluso a su perro.

A lo largo del último siglo, la esperanza de vida casi se ha duplicado. “¿Cuál es nuestro límite? No lo sabemos”, comenta el científico

Lo último es la NMN, que activa todas las sirtuinas. ¿Será el ingrediente principal del elixir de la larga vida? Sinclair dice que no podemos estar seguros, pero tiene su propia teoría: «La mayoría de las especies solo viven lo justo para reproducirse y un poquito más. Solo cuando no tienes depredadores te puedes permitir el lujo de alargar la vida. Nuestra esperanza de vida era de 40 años cuando teníamos que defendernos de otros predadores. Una ballena puede vivir 200 años. Nuestro límite? No lo sabemos».

PARA SABER MÁS

Lifespan: Why We Age- and Why We Don’t Have To. El nuevo libro de David Sinclair.