La desclasificación de secretos oficiales es una pesadilla para los gobiernos, como ha puesto de manifiesto la promesa incumplida de Donald Trump de sacar a la luz todos los documentos del asesinato de Kennedy. Pero los papeles de aquel magnicidio no son los únicos que escuecen… Por Carlos Manuel Sánchez / Fotos: Getty Images

La verdad nunca caduca. Pero si no se conoce en su momento se va desgastando y pierde valor.

No para los historiadores, desde luego, pero sí para la ciudadanía, porque se reduce el poder de la verdad para transformar el mundo, para cambiar las cosas; así como para resarcir a las víctimas y hacer justicia. Por eso, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que no vetaría la desclasificación de los papeles sobre el magnicidio de John Fitzgerald Kennedy, contemplada por una ley de 1992 que obliga a hacerlos públicos al cabo de 25 años, la expectación fue máxima.

¿Se conocería por fin la verdad? ¿Actuó Lee Harvey Oswald en solitario, como concluyó la comisión Warren? ¿O hubo una conspiración, como interpretó el comité selecto de la Cámara? ¿Cómo reaccionaría el mundo ante la revelación del secreto más traumático de la historia reciente de Estados Unidos, 54 años después de que JFK fuera tiroteado en Dallas? La impresión general ha sido de desencanto. Trump reculó, presionado por las agencias de inteligencia, que le pidieron una desclasificación censurada. Aun así, y en diversas entregas desde octubre, han salido a la luz casi treinta mil documentos; muchos, llenos de tachones. En fin, el 88 por ciento del material oficial sobre JFK -una montaña de cinco millones de páginas- ya era público, otro 11 por ciento ha sido parcialmente desclasificado.

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Ya solo queda menos del 1 por ciento secreto. Quizá el 1 por ciento que importa, el que contiene la verdad. Junto con el de Kennedy, repasamos en este reportaje otros secretos oficiales que han visto la luz en los últimos años.

EL MAGNICIDIO DE JFK

Muchos testigos murieron de forma violenta

Que a estas alturas sigamos en la inopia sobre si Oswald actuó por su cuenta o fue un «chivo expiatorio» (como él mismo dijo), quizá una pieza sacrificable en un complot diseñado por la CIA y ejecutado por la mafia, es en buena parte culpa de su asesino, Jack Ruby, el arruinado propietario de un club de alterne que acabó con la vida de Oswald ante las cámaras de televisión.

Del expediente de JFK queda menos del uno por ciento por desclasificar. Quizá el que contiene la verdad

Hasta la fecha, lo más interesante de lo que ha ido conociéndose en los miles de papeles desclasificados sobre JFK en estos últimos dos meses es un informe de un confidente del FBI, un tal Bob Vanderslice, que confesó en 1977 que había hablado por teléfono con Ruby la misma mañana fatídica del 22 de noviembre de 1963. Y que este le preguntó «si le gustaría ver los fuegos artificiales en la plaza Dealy».

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¿Asesino sin causa? El exmarine Lee Harvey Oswald fue el asesino de Kennedy. Sus razones para cometer el crimen y sus presuntos instigadores siguen sin estar claros, pese a los miles de informes que ya han salido a la luz

No había ningún espectáculo pirotécnico previsto en esa plaza, así que muchos medios lo han interpretado como una velada referencia al fuego de francotirador (o francotiradores) que acabaría con la vida de JFK. ¿Sabía Jack Ruby lo que iba a suceder? ¿Conocía a Oswald? Una mujer dijo haberlos visto juntos en el club de Ruby. Se llamaba Karyn Kupcinet, era una actriz de televisión y murió en circunstancias no aclaradas seis días después del asesinato de Kennedy. Fue la primera de las decenas de testigos que murieron de manera violenta en los años que siguieron al magnicidio, como recuerda Javier García Sánchez, autor de Teoría de la conspiración, de la editorial Navona.

LOS PAPELES DE PENKOVSKI

El espía ruso que salvó el mundo… y luego quiso destruirlo

Oleg Penkovski fue un coronel de la inteligencia militar soviética que se pasó a Occidente por razones que se desconocen, aunque se especula que estaba resentido con sus superiores (no llegó a general) y pensaba que el presidente soviético Nikita Jrushchov era un loco peligroso. Penkovski le pasó a la CIA y el MI6 británico miles de documentos, planos y fotografías sobre el despliegue de los misiles balísticos rusos en Cuba, poco antes de la crisis de 1962 entre Estados Unidos y la Unión Soviética que estuvo a punto de desencadenar una guerra nuclear.

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El agente Penkovski recibió el nombre en clave de ‘agente Héroe’ cuando empezó a informar a la CIA. En 1962 alertó de que la URSS estaba instalando misiles nucleares en Cuba. Al leventarse el secreto sobre ciertos documentos oficiales en 1992 se supo que, antes de ser ejecutado por la KGB, advirtió a EE.UU. que la URSS preparaba un ataque nuclear total

Gracias a esta información, el presidente Kennedy tuvo datos fiables sobre el arsenal soviético, que era bastante más pequeño y menos operativo de lo que sus propios expertos creían y las fotografías de los aviones espía U-2 sugerían, y decidió que Jrushchov iba de farol cuando alardeaba de que «los misiles intercontinentales salen de nuestras fábricas como salchichas de una máquina de hacer embutido». Kennedy resistió las presiones de los halcones de su propio Estado Mayor y el mundo se libró del apocalipsis por los pelos.

La información filtrada por Penkovski logró que la crisis de los misiles cubanos no acabase en hecatombe nuclear

Penkovski fue descubierto por el KGB. Antes de que lo apresaran, el agente tuvo tiempo de enviar sendos mensajes a sus contactos en la CIA y el MI6 en los que los alertaba, falsamente, de que la Unión Soviética se preparaba para lanzar un ataque nuclear total de manera inminente. El agente inglés no lo creyó y no informó a sus superiores; el norteamericano sí informó, pero con reservas, sospechando que Penkovski había sido descubierto. ¿Por qué lo hizo? Su biógrafo sostiene que Penkovski, sabiendo que iba a ser ejecutado, pretendía que el régimen soviético fuera liquidado por las bravas con la previsible respuesta atómica de los americanos. Los papeles desclasificados por la CIA en 1992 no lo aclaran; en cuanto al MI5, sigue manteniendo el secreto. Tampoco se ha podido verificar si Penkovski fue introducido vivo en un horno crematorio para servir de escarmiento a otros posibles traidores, como aseguraron algunos testigos.

OPERACIÓN PAPERCLIP

Científicos nazis en la NASA

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos quería aprovecharse de la tecnología militar inventada por Alemania y se lanzó a contratar a científicos nazis, unos 1600, sin importarle que muchos fueran criminales de guerra. La Unión Soviética también lo hizo. Pero les sacaba la información y luego los trataba como ciudadanos de segunda. Por el contrario, en Estados Unidos muchos recibieron altos cargos y honores, en especial los que habían participado en el programa de cohetes. La mayoría acabó en la NASA, como Wernher von Braun, cuya experiencia en el diseño de las bombas V2 fue crucial para el programa Apolo. Von Braun era miembro de las SS y había visitado la fábrica donde mano de obra esclava construía las V2. No podía alegar ignorancia. Las condiciones eran tan deplorables que murieron veinte mil trabajadores durante el montaje de las bombas.

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Paperclip es el nombre en clave de la operación de la inteligencia militar de Estados Unidos para llevarse a su país a científicos nazis especializados en cohetes, armas químicas y experimentación médica tras la caída de Hitler. Se llevaron a 1600 científicos (y sus familias) en secreto y ‘limpiaron’ convenientemente sus expedientes

Otro caso llamativo fue el de Otto Ambros, el químico favorito de Hitler, que participó en la invención del gas sarín. También desarrolló la goma sintética, cuya producción se ubicó en el campo de concentración de Auschwitz. El Departamento de Energía estadounidense no tuvo ningún reparo en reclutarlo, a pesar de que había sido condenado en los juicios de Núremberg. La Operación Paperclip fue desplegada para identificar a los científicos alemanes que interesaba atraer. Gran parte de la operación aún está clasificada como ‘secreto oficial’.

PROYECTO STARGATE

Telépatas en la CIA

La CIA desclasificó este año 13 millones de páginas de documentos secretos variopintos; entre ellos, los relacionados con el curioso Proyecto Stargate. Desde los años setenta a 1998, la agencia reclutó a personas con supuestas capacidades psíquicas con el fin de predecir atentados o espiar los pensamientos de líderes extranjeros, entre otras misiones quiméricas.

La CIA reclutó a personas con supuestas capacidades psíquicas. Entre ellas, a Uri Geller

El programa se cerró por falta de resultados. Entre los agentes con dotes telepáticas o de clarividencia llegó a estar incluso Uri Geller, que se hizo famoso ‘contagiando’ a los televidentes de medio mundo su habilidad para doblar cucharas con la fuerza del pensamiento. Geller fue sometido a diversas pruebas para comprobar si era capaz de ‘ver’ lo que dibujaba otro sujeto en una habitación contigua. Los papeles desclasificados señalan que a veces se aproximaba bastante (por ejemplo, Geller pintó unos círculos y el otro individuo había dibujado unas uvas). Y otras se equivocaba de plano. Así que sus dotes para la visión remota no convencieron a todos.