Este policía fue miembro del Ku Klux Klan durante un año. ¿Cómo consiguió introducirse en la organización más racista del mundo? Engañándolos. Lo cuenta en un libro que el director Spike Lee acaba de llevar al cine. Esta es su rocambolesca historia. Por Ixone Díaz Landaluce

El anuncio, en la sección de clasificados del periódico local, era escueto y misterioso: «Ku Klux Klan. Información de contacto. Apartado de correos 4771. Colorado. 80230». Rastrear esa sección del periódico era una práctica habitual en la unidad de inteligencia de Colorado Springs, donde Ron Stallworth trabajaba desde hacía unos meses. El mensaje llamó de inmediato su atención.

En su primera conversación telefónica con el Klan dijo: «Mi hermana salió con un negro. Se me revolvía el estómago al ver sus sucias manos negras en su cuerpo blanco»

Años atrás se había convertido en el primer policía negro de la ciudad. Siempre había querido formar parte del cuerpo, pero en los setenta aquel no era un sueño asequible para un joven afroamericano como él. Aunque le habían advertido de que los mandos no lo acogerían con demasiado entusiasmo, siendo aún un cadete le comunicó a su jefe sus planes. «No me gustaban los uniformes. Pero cuando vi a los de narcóticos por primera vez, aquellos tipos con el pelo largo y barba que parecían hippies de San Francisco, me gustó la idea de que, en realidad, fueran policías con pistola y placa. Así que hice campaña para convertirme en detective de narcóticos», le contó en 2014 a la revista Vice.

Ku klus Klan

Ron Stallworth

Cuando por fin consiguió convencer a su jefe, su primera misión como infiltrado fue asistir a un mitin de Stokely Carmichael, líder de los Panteras Negras. Al final del evento, Stallworth se puso en la cola para estrechar su mano y le preguntó: «Hermano Stokely, ¿crees de verdad que habrá una guerra entre blancos y negros?». Stokely le contestó sin titubeos: «Hermano, la guerra va a empezar. Y vamos a tener que matar a algunos blancos».

Su siguiente misión comenzó al leer aquel anuncio. Una rocambolesca historia que Spike Lee acaba de llevar al cine con la adaptación del libro que el detective escribió en 2014, Black Klansman. Era octubre de 1978 y, aunque el KKK sufría tensiones internas y el trabajo de infiltración del FBI había conseguido debilitar sus jerarquías, seguían organizando quemas de cruces y actos racistas por todo Estados Unidos.

Insultos racistas

Sin pensarlo dos veces, Stallworth decidió escribir una carta a aquel apartado de correos. La adornó con toda clase de insultos racistas. Aunque cometió el error de firmarla con su nombre, dos semanas después sonó su teléfono en la comisaría. Un hombre, que se identificó como Ken O’Dell, organizador de la ‘sucursal’ del Klan en la ciudad, preguntaba por él. Quería saber por qué quería formar parte de la organización.

Ku Klus Klan

En 1935, los linchamientos de negros en algunos estados del sur eran espectáculos públicos

Stallworth le dijo exactamente lo que quería escuchar: odiaba a los mexicanos, a los negros, a los judíos y «a todos aquellos que no tienen sangre aria en sus venas». Y añadió una pequeña anécdota de cosecha propia inventada sobre la marcha. «Mi hermana estaba saliendo con un negro y cada vez que le ponía sus sucias manos negras en su cuerpo blanco se me revolvía el estómago». O’Dell respondió inmediatamente al estímulo informándolo de los siguientes actos que el Klan estaba organizando en la zona. También le confesó que trabajaba como soldado en la cercana base militar de Fort Carson.

Acordaron conocerse en persona unos días más tarde. Entonces, Dell le preguntó cómo lo reconocería. «La misma pregunta que me estaba haciendo yo desde que había descolgado el teléfono. ¿Cómo iba yo, un policía negro, a infiltrarme entre los supremacistas blancos?», escribe Stallworth en su libro, cuyos extractos han sido publicados ahora por Times Magazine. «Inmediatamente pensé en Chuck, un infiltrado de narcóticos de mi misma altura y complexión». Le proporcionó su descripción y cerraron la cita. «¡Eres exactamente el tipo de persona que estamos buscando!», le dijo Dell antes de colgar.

Yo, la voz; tú, la cara.

Stallworth y Chuck empezaron a trabajar juntos. «Tenemos que estar siempre coordinados. Yo estaré escuchando lo que dices y tú harás lo mismo con mis llamadas. Yo soy la voz y tú, la cara», le dijo. Era fundamental que no dejaran ningún cabo suelto. Stallworth le dio a su compañero todo tipo de documentos con su nombre que no tuvieran foto y no mencionaran su raza: tarjetas de crédito, el carné de la biblioteca, el de la seguridad social…

Ku klux Klan

Supremacismo blanco, xenofobia, antisemitismo, homofobia y anticomunismo son los pilares ideológicos del Ku Klux Klan. Fundado en 1865 por veteranos derrotados en la Guerra de Secesión, representa desde entonces a la derecha más extrema de Estados Unidos

El primer encuentro con Chuck tuvo lugar en un bar. Dell no sospechó nada. «Me impresionó hablar contigo por teléfono. Tienes ideas que pueden ayudar a la causa». Allí, Chuck, que siempre llevaba un micro puesto, supo más de sus planes. «Si consigues que aprueben tu solicitud, tú también puedes venir», le dijeron. Pronto se dieron cuenta de que la clave era masajear el ego de Dell. «Le hacíamos sentir como un líder. Nunca sospecharía de alguien que pensaba que estaba haciendo un buen trabajo», escribe Stallworth. Aunque, oficialmente, el Klan había renunciado a la violencia, en aquellas reuniones los policías entendieron que aquello solo era una pose. Entre sus planes estaba montar patrullas para controlar las fronteras y disparar a quienes quisieran atravesarlas. Dell también les mostró su colección de armas.

El líder supremo

Poco después, Stallworth dio un paso más en su investigación. Había encontrado un número de teléfono en un panfleto distribuido por la organización que invitaba a llamar para escuchar «la voz del Klan». «Cuando llamé, entendí que se referían a un mensaje grabado con propaganda del Klan. ‘¡Despierta, hombre blanco! El negro quiere a tu mujer y tu trabajo. Los judíos quieren tu dinero’». Pero, de pronto, la grabación se interrumpió y alguien descolgó el teléfono. Era David Duke, líder supremo de la organización.

El propio líder del Klan le revelaba los planes de la organización. El detective informaba así a la Policía de las ciudades donde planeaban ataques y otros actos racistas

Stallworth le doró la píldora. «Sabía que la clave para hablar con alguien como él era la adulación». Hablaron durante 15 minutos y Duke se despidió emplazándole a conocerse personalmente cuando visitara Colorado. «Chuck no se podía creer que hubiera hablado con Duke. No podía creerse que esos idiotas estuvieran tragándoselo». A partir de entonces, sus llamadas se hicieron habituales y el propio Duke le ponía al corriente de los planes del Klan en diferentes ciudades. Nada más colgar, Stallworth informaba a los departamentos de Policía correspondientes.

«A menudo, Duke se mostraba sorprendido de lo bien preparadas que estaban las diferentes policías locales ante su presencia». Desafiando su suerte, el detective llegó a preguntarle si no le preocupaba que lo llamara un negro y él no se diera cuenta. Duke contestó. «No, siempre sé cuándo estoy hablando con un negrata. Por ejemplo, tú. Sé que eres un hombre ario puro por cómo pronuncias ciertas palabras. Los negratas no tienen la inteligencia de un hombre blanco y no pueden hablar inglés correctamente».

negro en el Ku Klus Klan

El expolicía Ron Stallworth tiene 65 años y está retirado. En 2014 publicó el libro Black Klansman, donde relata su experiencia como infiltrado en el Ku Klux Klan

En sus conversaciones, Duke siempre utilizaba el término despectivo nigger, no así en sus actos públicos, donde exhibía una imagen más moderada y modernizada del Klan, con sus trajes impolutos, su licenciatura en Ciencias Políticas y su excelente oratoria. Unas semanas después, el detective recibió su carné de miembro del Ku Klux Klan, convirtiéndose en el primer afroamericano en tenerlo.

Jugando con fuego

El caso dio otro giro rocambolesco el 10 de enero de 1979, cuando David Duke llegó a Colorado Springs para un evento destinado a reclutar nuevos miembros. Duke recibía amenazas de muerte con regularidad y el jefe de Policía de la ciudad le comunicó a Stallworth que, pese a su misión secreta, él sería el encargado de proteger a Duke aquel día. El detective protestó enérgicamente y argumentó que aquello podía poner en peligro la investigación. No sirvió de nada. No había más agentes disponibles; muchos de sus compañeros también estaban infiltrados en el Klan. Al llegar al restaurante donde tendría lugar el acto, Chuck -su compañero blanco que se hacía pasar por él en los cara a cara- estaba allí. Se cruzaron una mirada fugaz.

En medio de su misión secreta, su jefe le asignó proteger al líder del Klan, de visita en su ciudad. Se sacó una foto con él y le pasó el brazo por la espalda

Cuando Stallworth tuvo a Duke enfrente, le estrechó la mano y le explicó que le había sido asignada su protección. «Solo quiero que sepa que no estoy de acuerdo con su misión, sus afirmaciones, sus campañas o su organización de ninguna manera. Pero cumpliré con mi obligación profesional y me aseguraré de que salga con vida de esta ciudad», le dijo. «Está bien», contestó Duke. Poco después, el agente, que llevaba una cámara Polaroid encima, volvió a dirigirse a él. «Señor Duke, nadie me creerá cuando les diga que he sido su guardaespaldas. ¿Le importaría hacerse una foto conmigo?». Duke accedió y Stallworth le dio la cámara a Chuck. Antes de que disparara, el policía puso sus brazos alrededor de los hombros de Duke y de uno sus acompañantes. El líder dio un respingo: «Lo siento, pero no puedo salir en una foto contigo de esa manera». En el segundo intento, el detective volvió a hacerlo justo antes de que su compañero apretara el disparador. Duke, molesto, trató de encararse con él y de hacerse con la cámara. «Si me toca, le arrestaré por asaltar a un oficial de policía. Y eso son cinco años de prisión. No lo haga», le dijo. El líder dio un paso atrás.

«Puto policía negrata»

Unos días más tarde, el detective retomó el contacto telefónico con Duke. Como siempre, Stallworth le doró la píldora. También le preguntó si le había sorprendido algo durante su visita. Duke le relató la anécdota del restaurante. «Su respuesta me hizo llorar de la risa. Me contó el encuentro con ‘un puto policía negrata’ que había amenazado con detenerlo».

ku klus klan

John David Washington, hijo de Denzel Washington, es el detective Ron Stallworth en la nueva película de Spike Lee. Su primer gran papel protagonista

Poco después, su jefe cerró la investigación sin demasiadas explicaciones. Aunque su trabajo como infiltrado no dio lugar a ninguna detención, evitó muchos actos propagandísticos del Klan, como la quema de crucifijos. Stallworth también alertó al Pentágono de que varios miembros de la organización eran militares en activo. Dos de ellos, que trabajaban en el mando de la defensa aeroespacial y tenían acceso al control de armas nucleares, fueron reasignados.

Ron Stallworth siguió trabajando en el cuerpo durante más de 25 años. Nunca habló del caso hasta 2006, cuando, al poco de retirarse, contó su historia a un periódico de Utah. En mayo, Spike Lee ganó el Gran Premio del Jurado en Cannes por Infiltrado en el KKKlan (estreno en España, 2 de noviembre), la adaptación del libro que Stallworth escribió en 2014. Ahora, su historia forma parte de la cultura pop: la increíble leyenda del primer y último afroamericano que formó parte del Ku Klux Klan.

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