La expedición que se lanzó al mar para localizar el Endurance,el barco devorado por los hielos en la mítica expedición liderada en 1914 por el capitán Ernest Shackleton, ha tenido que ser suspendida. Por Marco Evers 

La heroica expedición de Shackleton 

El Endurance era uno de los barcos de madera más resistentes y estables jamás construidos. Si una cosa tenía clara el explorador inglés Ernest Shackleton era que podía confiar en el Endurance, un navío de fabricación noruega. El 8 de agosto de 1914, pocos días después del comienzo de la Primera Guerra Mundial, el Endurance -con tres mástiles y 44 m de eslora- partió del puerto inglés de Plymouth. Su destino: la Antártida.

Shackleton, de 40 años, quería ser el primero en atravesar el continente blanco, pero la vida le tenía reservado otro destino. La expedición de este oficial británico y sus 27 compañeros concluyó en el mar de Weddell, una región especialmente hostil situada justo a las puertas de la Antártida.

El Endurance quedó atrapado en el hielo durante diez meses. Shackleton esperaba que el barco quedara libre con la llegada del verano, pero hasta entonces el hielo fue destruyendo poco a poco el navío. La tablazón de la cubierta se resquebró, los mamparos cedían uno tras otro…

La agonía del Endurance llegó a su fin el 21 de noviembre de 1915, a eso de las cinco de la tarde, cuando se hundió de proa en un agujero abierto en el mar de hielo. Shackleton se dirigió a su tripulación, que ya llevaba meses acampada sobre la banquisa, y dijo con voz queda: «Se ha ido, muchachos».

Calma y pingüinos

Lo que siguió fue una emocionante lucha por la supervivencia en la que la figura de Shackleton brilla aún hoy como el líder que supo gestionar una situación dramática. Con nervios de acero, pingüinos como fuente de alimento y tres pequeños botes consiguió la proeza de sacar a todos sus hombres del hielo sanos y salvos y llevarlos de vuelta a casa.

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Entre los 28 hombres del Endurance había veterinarios, carpinteros, marinos, científicos…

Pero el Endurance se quedó allí, a más de 3000 m de profundidad. ¿Qué quedará de él? Hacia su encuentro se dirigió una expedición científica dotada con un presupuesto millonario. Su objetivo: localizar y fotografiar el legendario pecio. La operación ha sido financiada por una opaca fundación tras la que, presuntamente, se encuentra un gestor londinense de fondos de inversión.

Como director científico de la expedición está el glaciólogo Julian Dowdeswell, de 61 años y profesor en la Universidad de Cambridge, donde también preside el Instituto Scott de Investigación Polar. Esta institución posee la colección más importante de piezas y documentos de la edad de oro de la investigación antártica.

«Conservamos los diarios privados de Shackleton», cuenta Dowdeswell. También guardan objetos que pertenecieron al explorador; entre ellos, sus botas, su reloj y muchas de las placas fotográficas de cristal. En Cambridge también se puede ver el sextante que utilizó el capitán Frank Worsley para calcular la última posición del Endurance. 68º 39′ 30” sur y 52º 26′ 30” oeste.

Alta tecnología en el hielo

Para su misión, los científicos alquilaron el Agulhas II, un rompehielos oceanográfico sudafricano de 134 m de eslora lleno hasta arriba de equipamiento de alta tecnología. A bordo llevaban dos robots submarinos autónomos, capaces de maniobrar en el mar de hielo a más de 100 km de distancia del barco y de tomar imágenes en alta resolución del fondo marino. Con un aparato similar se buscaron infructuosamente los restos del MH 370, el Boeing 777 de Malaysia Airlines desaparecido desde marzo de 2014.

Los robots submarinos estudiarán lo menos explorado de la Tierra: la cara inferior de la plataforma helada

«Tenemos una idea muy clara de dónde se encuentra el Endurance», contaba Julian Dowdeswell. El estado de conservación del pecio -así lo esperaba el científico- sería magnífico, quizá solo la proa se encuentre algo dañada, pero en esencia intacta y prácticamente libre de sedimentos.

De todos modos, el viaje hasta el lugar donde reposa el Endurance iba a ser muy complicado. El mar de Weddell es traicionero como pocos. Según Dowdeswell, en la zona donde se encuentra el pecio «la situación es muy delicada por el hielo», algo que no ha cambiado desde los tiempos de Shackleton. Es más, en los últimos siete años se ha acumulado hielo en cantidades especialmente elevadas.

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Shackleton murió en 1922 durante otra expedición. Aquí, en el Endurance

Para navegar a través del hielo, Knowledge Bengu -capitán del Agulhas II- se ha ayudado de los datos obtenidos por satélite, además de las imágenes captadas a más de 1000 m de altura por las cámaras de un dron. De esta manera esperaba que le resultara más sencillo encontrar el camino hacia aguas abiertas o al menos localizar las zonas donde el grosor del hielo fuera menor. En caso de necesidad, sería potestad del capitán decidir la suspensión de la misión, como así ha ocurrido.

Dowdeswell programó 5 días para la búsqueda del buque de Shackleton. Luego quería dedicar otros 15 a realizar un completo programa de investigación. Su destino era la enorme barrera de hielo Larsen C, situada a unos 300 km del Endurance.

El jefe de la expedición esperaba poder responder allí una pregunta clave: si la capa de hielo de la Antártida se está desestabilizando por culpa del cambio climático. En 1995 se fracturó la barrera de hielo Larsen A y en 2002 lo hizo la Larsen B. En julio de 2017 se desprendió de Larsen C un iceberg gigantesco, de 175 km de largo y hasta 50 de ancho, unas dimensiones pocas veces vistas.

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De la barrera de hielo Larsen C se desprendió en 2017 un iceberg de 175 km. El más grande del mundo

Dowdeswell quería utilizar los robots submarinos para estudiar la cara inferior de la maltrecha plataforma de hielo, así como el lecho marino bajo ella. Estos fondos «podrían ser la zona del planeta menos estudiada hasta la fecha», una tierra incógnita en un continente cuya existencia solo se pudo confirmar hace apenas dos siglos. El científico creía que podría encontrar indicios sobre la frecuencia con la que la barrera de hielo se ha ido fracturando desde los últimos 20.000 años, momento que señala el punto álgido de la Edad de Hielo. Si pudiera demostrar que el colapso de estas plataformas fue algo inusual a lo largo de la era preindustrial, entonces nos hallaríamos ante una señal alarmante de los efectos que el galopante cambio climático podría estar teniendo en el Polo Sur.

Inundación global

Las barreras de hielo son el extremo exterior de un glaciar. Flotan sobre el océano y frenan el flujo de hielo, que avanza desde el interior del continente. Si estas plataformas se reducen cada vez más, existe el riesgo de que muchos miles de millones de toneladas de agua acumulada en forma de hielo se precipiten al mar. Solo la fusión de los glaciares de la península Antártica bastaría para elevar el nivel global del mar en unos 24 cm.

Al igual que Shackleton, Julian Dowdeswell sabe por experiencia que en el Antártico los planes fracasan con más facilidad que en cualquier otro lugar del mundo. La expedición ha tenido que ser suspendida al verse atrapados en el hielo como le ocurrió a Shackleton. Y en este caso se contentará con un plan alternativo: investigar otra barrera de hielo… y buscar otro pecio igual de legendario.

Aquí se encuentra el iceberg más grande del mundo. Su interior puede contener los secretos del cambio climático

A un par de cientos de kilómetros al noroeste del Endurance se encuentran los restos del Antarctic. Este barco explorador sueco se hundió el 12 de febrero de 1903, también aplastado por el hielo. Sus ocupantes consiguieron llegar hasta una isla volcánica a bordo de tres botes. Los náufragos sobrevivieron durante meses en una oscuridad gélida, alimentándose de pingüinos y de la esperanza en un rescate milagroso.

Únicamente murió un joven marinero, el resto de la tripulación tuvo suerte: en noviembre de ese mismo año, un buque de guerra argentino que navegaba cerca de la isla se llevó de vuelta a la civilización a los exploradores naufragados.

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