La cerveza no es solo cosa de hombres

Un estudio reciente desvela la cercana relación de las mujeres con la cerveza. Una monja del siglo XII tuvo la idea de añadir el lúpulo. Por Fátima Uribarri

Cierre los ojos. Piense en una jarra de cerveza. ¿Qué se le viene a la cabeza? ¿Amigotes y fútbol? ¿Señores con tripa? Actualícese, la cerveza también es cosa de mujeres. Lo demuestra un estudio reciente, Mujeres cerveceras: desmontando mitos y leyendas, de Ambar. El informe reivindica la mano femenina en la historia de la cerveza y certifica la expansión de esta bebida entre las mujeres.

Su sabor amargo, la estabilidad de su espuma, su frescor y la estimulación del apetito que provoca la cerveza proceden de una planta trepadora. Se llama Humulus lupulus. Es el lúpulo, un aliado esencial de la cerveza desde la Edad Media. Fue una mujer, la monja benedictina Hildegarda de Bingen, la que tuvo la idea, en el siglo XII, de añadir lúpulo a la cerveza.

En la edad media se bebía mucha cerveza para evitar las aguas insalubres

Hildegarda sobresalió por sus amplios conocimientos, escribió libros sobre mística, teología, música, herbología y medicina. Fue consejera de reyes como Federico I Barbarroja, Enrique II de Inglaterra o Leonor de Aquitania. Se percató de que la cerveza -que se bebía mucho para evitar las aguas insalubres- era demasiado dulce y lo asoció con los problemas de visión de sus consumidores. El lúpulo dio amargura a la cerveza y añadió un leve efecto antibiótico.

Ellas las prefieren rubias

El 46 por ciento de las mujeres que han participado en el estudio Mujeres cerveceras. Desmontando Mitos y Leyendas prefiere tomar cerveza por la tarde en una terraza y el 56 por ciento de ellas elige la cerveza rubia. Un 7 por ciento de las ‘cerveceras’ opta por beberla en lata bien fría. Y el 16 por ciento la toma por la noche cuando sale con los amigos.

Para el cien por cien de las encuestadas “la cerveza no es cosa de hombre o de mujeres; es cosa de ambos”.

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