Fueron las primeras deportistas profesionales, tan populares que tuvieron su propia colección de cromos. El franquismo las retiró. Ahora hay una nueva generación. Por Ixone Díaz Landaluce

Ganaban el triple que un obrero; se codeaban con personalidades; y algunas, como Bene II, Chiquita de Ledesma o Chiquita de Anoeta, eran estrellas. Las raquetistas fueron una sensación entre los años veinte y los cincuenta. Llenaban los frontones de Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia o Tenerife, el Metropolitano de México y los jai alais de Filipinas y Estados Unidos.

Entre los años veinte y los cincuenta, las raquetistas ganaban el triple que un obrero

En 1917, el empresario del frontón Ildefonso Anabitarte llevó a unas cuantas pelotaris vascas a Madrid. El espectáculo fue un fenómeno alimentado por el dinero de las apuestas. De hecho, las raquetistas fueron las primeras deportistas profesionales de España; y, en 1943, 734 de los 1432 pelotaris federados eran mujeres. Mientras protagonizaban colecciones de cromos y acumulaban admiradores en el extranjero, en los frontones vascos se las trataba con desprecio, pese a que eran el sustento económico de muchas familias. En 1946, el fran-quismo dejó de conceder licencias y su popularidad comenzó a decaer. El Frontón Madrid cerró en 1981 y, con él, aquella generación de deportistas desapareció. Casi cuatro décadas más tarde acaba de nacer la primera Asociación de Mujeres Pelotaris. Denuncian que siguen sin poder dedicarse profesionalmente a su deporte.

LA ESTRELLA

El tesón de las pelotaris

Chiquita de Anoeta (1927-2008) debutó en 1941 en Salamanca y jugó en los frontones de toda España, pero también en los de México o Cuba. Cobraba 500 pesetas por partido y se la considera la mejor raquetista de la época.

CAMPEONAS ‘AMATEURS’

El tesón de las pelotaris 1

Actualmente, las pelotaris no gozan de la visibilidad o la fama de sus predecesoras. Ni pueden vivir del frontón. La navarra Maite Ruiz de Larramendi (a la izquierda) ha sido elegida la mejor pelotari del mundo en dos ocasiones y ha ganado decenas de mundiales y europeos, pero se gana la vida como técnica de radiodiagnóstico en un hospital de Pamplona. Y la mexicana Rosa María Flores, toda una celebridad en su país, es profesora.