El león de la Metro-Goldwyn-Mayer, los de ‘Tarzán’ y casi cualquier otro felino que aparece en las películas de la primera mitad del siglo XX salieron de la granja de leones Gay, un lugar excepcional creado por un osado matrimonio que durante años asombró a la meca del cine. Por Fernando González-Sitges

• Los leones que conquistaron Hollywood en la primera mitad del siglo XX (ver galería)

Aquella mañana de enero, Greta recibió una llamada de Louis B. Meyer. Era el año 1926, y Greta Lovisa Gustafsson -que en breve sería la famosísima Greta Garbo- había recibido unos meses atrás, en su Suecia natal, un contrato de la Metro- Goldwyn-Mayer. Dispuesta a hacerse una carrera en el mundo del cine, había volado a Nueva York. Desde entonces, la espera en su pequeño apartamento se le había hecho insoportable. Pero aquella mañana la llamada de Mayer, su productor, cambió las cosas. Un vuelo la llevaría a California, donde tendría que hacerse unas fotos para la promoción de su primera película.

La granja de los leones de Hollywood 1

Greta Garbo

Por aquel entonces, Greta Garbo no hablaba casi nada de inglés, así que no entendió bien en qué consistía la sesión de fotos hasta que se vio sentada al lado de Jackie, un león de doscientos kilos que en esos momentos era mucho más famoso que la actriz en aquel Hollywood incipiente. En la sesión, ni Jackie ni la Garbo estuvieron felices. La actriz se sentía aterrorizada y Jackie, que notaba los nervios de la mujer, se mostraba inquieto. Incluso el fotógrafo acabó desesperado viendo que la modelo no se acercaba al felino ni relajaba su bello rostro. Por fortuna, la cosa no fue a más y las fotos de la actriz y el león se hicieron muy famosas. ¿Quién era aquel animal al que se hacía más caso que a Greta Garbo? ¿Por qué resultaba tan manejable, incluso nervioso, y posaba como un profesional ante las cámaras? La respuesta la tiene el matrimonio Gay.

El matrimonio Gay llegó desde Inglaterra y gastó todos sus ahorros en tres leones adultos. Charles decía que tenía un poder hipnótico con los felinos

HACER NEGOCIO EN EL CINE

Charles y Muriel Gay eran un joven matrimonio inglés que a principios del siglo XX emigró de Londres a California para ver realizados sus sueños. Allí decidieron adiestrar leones para un Hollywood recién nacido. Dispuestos a triunfar, en 1917 se gastaron todos sus ahorros en comprar tres leones adultos y un pequeño terreno, cerca del actual parque MacArthur, donde poder entrenarlos. Allí, el matrimonio empezó a adiestrar a los leones con tanto valor como pericia. Si Charles argumentaba que tenía un cierto poder hipnótico con los felinos, Muriel -sin más argumento que su valor y su trabajo- lidiaba con ellos con auténtica maestría.

La granja de los leones de Hollywood

El único incidente relevante en la granja se produjo en 1928. Tres leones se escaparon de sus jaulas y uno de ellos agredió a uno de los encargados, que falleció. En la persecución de los animales, dos de ellos tuvieron que ser ejecutados.

La apuesta pareció ir bien. La Metro-Goldwyn-Mayer contrató a los Gay para realizar diferentes producciones y, lo más importante, filmó a Slats -el mayor de los tres leones y el mejor entrenado- rugiendo en primer plano, lo que lo convirtió en el famoso ‘león de la Metro’, el león que ruge en la presentación de la productora al inicio de cada una de sus películas. Tres años después, los tres leones se habían convertido en 57, y los Gay empezaron a tener problemas de espacio. Para solucionarlo, Muriel convenció a su marido de comprar dos hectáreas de terreno en una zona despoblada de El Monte, entonces una pequeña ciudad del condado de Los Ángeles. Allí levantaron su casa y los recintos que los harían mundialmente famosos. A los visitantes que preguntaban qué tipo de lugar era aquel, Muriel solía contestarles con un sencillo «es una granja de leones», pero aquella finca albergaba mucho más; era un centro de entrenamiento, un parque temático, una granja y, lo que resultaba más rentable, un fabuloso plató para la industria cinematográfica.

UN PARQUE TEMÁTICO

El 1 de julio de 1925, los Gay abrieron las puertas de su negocio al público. Por apenas medio dólar podías ver leones haciendo toda suerte de equilibrios, saltos, formaciones y proezas… y a los Gay con ellos. Charles solía pasear montado en un enorme león. Pero lo que más impresionaba al público era el momento en que Muriel, tumbada en el suelo, permanecía inmóvil mientras Slats, con enorme melena y dientes descomunales, caminaba y se sentaba sobre ella.

El racionamiento durante la Segunda Guerra Mundial acabó con la granja. No se podía alimentar a tantos leones. Fueron llevados a varios zoos

El espectáculo se hizo tan famoso que se decía que ir a California y no visitar la granja era como ir a Egipto y no ver las pirámides. Los leones, por su parte, superaron la fama de la granja.Slats, el primer león de la Metro, murió de apendicitis en 1927, pero lo sucedió Jackie, el que posó con la Garbo y se llevaría el mérito de ser el primer león al que se oyó rugir en el logo de la Metro-Goldwyn-Mayer cuando el sonido llegó al cine. Jackie aparecería en más de cien películas de la productora y sobreviviría a un aparatoso accidente de avión en una réplica del Espíritu de San Luis, el avión con el que Lindbergh sobrevoló el Atlántico sin escalas por primera vez ese mismo año. Luego llegaría Numa, cuyo nombre le correspondía por ser el león que rodó las más famosas películas de Tarzán y que se hizo famoso por el susto que le dio a Charles Chaplin cuando entró por descuido en su jaula.

UN FINAL INEVITABLE

La fama de la granja de leones de los Gay traspasó fronteras cuando California acogió los Juegos Olímpicos de 1932 y el área de lucha libre se instaló en El Monte. A la granja llegaron actores y presidentes, gente del arte y de las ciencias, alta sociedad y políticos: Einstein, Roosevelt, Hoover, Chaplin, Edgar R. Burroughs, Harold Lloyd, Marilyn Monroe… Todos visitaron y alabaron la granja de los Gay. Pero el 7 de diciembre de 1941, todo cambió. El ataque a Pearl Harbor metió a Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Y con la guerra llegó el racionamiento. Los leones de la granja consumían una tonelada de carne al día, una cantidad imposible de mantener por el matrimonio. La granja cerró y los leones se distribuyeron en zoológicos de todo el país. Ya no volvería a abrir. Después de la guerra, Charles -aquejado de una enfermedad coronaria- no tuvo energía para poner de nuevo en marcha el negocio. En 1954, la granja desapareció con la construcción de nuevas carreteras. Hoy, diez autopistas cruzan, sin que nadie lo sepa, el terreno donde los leones alcanzaron la fama.

PARA SABER MÁS

El Monte, de Jorane King Barton. Arcadia Publishing. 2006. / Jungleland, de Jeffrey Wayne Maulhardt.Arcadia Publishing. 2011.

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