La historia de amor de Gerda Bormann con su marido, Martin Bormann -poderoso director de la Cancillería del Partido y secretario del Führer-, es una de las más extrañas del Tercer Reich. Por Jose Segovia

Gerda medró en Berlín para suprimir la monogamia e introducir el ‘matrimonio de emergencia nacional’, que consistía en permitir la poligamia a los hombres, lo que facilitaría la procreación de hijos de raza aria.

Gerda Bormann admiraba a Mahoma porque “gracias a la poligamia contó con muchos soldados”

Gerda creía que la Alemania nazi podía adoptar la poligamia islámica, «una gran idea que no deberíamos desaprovechar», escribió en sus diarios. Pensaba que Mahoma era un hombre muy sensato y que el Reich podía adoptar algo de su doctrina de una forma más moderna. «¿Cómo hubiera podido Mahoma disponer, si no, de suficientes soldados?», se preguntaba Gerda, quien añadía: «El que esto fuera tildado de atrasado y bárbaro es una nueva prueba de la estrechez de miras de las dos Iglesias cristianas (la católica y la protestante)».

Algunos gerifaltes nazis coquetearon con esta propuesta, aunque el régimen totalitario de Hitler nunca la oficializó. Gerda siempre fue coherente con sus ideas, por brutales o estrafalarias que pudieran parecer. El cariño que le profesaba a su marido no mermó cuando este inició una relación extramatrimonial con la atractiva actriz Manja Behrens.

El rechoncho secretario de Hitler escribió cartas a su mujer en las que le contaba sus devaneos amorosos con Manja. «Este hombre afortunado se siente increíblemente feliz estando doblemente casado. ¿Qué dices, amor mío, de este loco marido tuyo?». Ella le respondía con prontitud, mostrándole su apoyo incondicional.

→La mujer de Bormann escribió unos borradores para legalizar la relación matrimonial a la que habían llegado ella misma, su marido y su concubina, Manja Behrens.

Además de estar profundamente enamorada de su marido, Gerda sentía respeto y admiración por el Führer y por la doctrina nazi. Pero también sentía orgullo por las relaciones extramatrimoniales del temible Bormann. En Berlín, todo el mundo creía que ella se resignaba a su destino de víctima silenciosa. Pero el caso era justamente el contrario.

Gerda no solo dio su beneplácito a las aventuras de su marido, sino que las favoreció. Para ella era el natural cumplimiento del deber de una «honesta nacionalsocialista». «En el caso de Manja -escribió Gerda a su marido- solo tienes que preocuparte de que tenga un hijo un año y yo, otro hijo el siguiente, de modo que siempre tengas al lado a una mujer activa».

Foto: Gerda Bormann (con lazo en el vestido), Hitler, Eva Braun y Martin Bormann, en la Nochevieja de 1938.

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