Durante millones de años, y hasta hace solo 8000, la naturaleza produjo seres gigantescos en todos los continentes, como si quisiera insistir en que el gran tamaño podría ofrecer alguna ventaja. Sin embargo, sobrevivir no era cuestión de talla. Le presentamos a los perdedores de la evolución. Por Fernando González

Ralph von Königswald buscaba dientes de dragón en el oscuro y desordenado interior de las farmacias chinas. Como buen paleoantropólogo de principios del siglo pasado, Königswald sabía que en estas boticas de la medicina tradicional china vendían toda suerte de fósiles bajo el nombre de ‘dientes de dragón’ entre los que se encontraba, de vez en cuando, aquello que buscaba: huesos de hombres primitivos.

megaterio

Hasta hace 8000 años vivieron el megaterio (pariente del perezoso) -en la imagen-, el gliptodonte (como un armadillo gigante) y las ‘aves del terror’, incapaces de volar pero sí de tragarse de un bocado a un niño de 8 años.

Tras hallar fragmentos de diferentes animales prehistóricos, aquella mañana Königswald dio con algo que lo dejó sin respiración: enterrado en una pila de pequeños fósiles había un molar de aspecto humano, pero del tamaño de una cereza. Era tres veces más grande que ninguno de los que había visto antes. ¡Había encontrado un gigante!

La alta concentración de oxígeno en la atmósfera posibilitó tamaños que nunca han vuelto a darse

Durante años, el paleoantropólogo buscó la pista de este ser formidable encontrando más dientes similares. Convencido de que había dado con una especie nueva, Königswald la denominó Gigantopithecus, ‘mono gigante’, mandó una copia en yeso de los dientes a un anatomista alemán y enterró su tesoro justo antes de que lo detuvieran y lo encerraran en un campo de prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial.  Mientras su descubridor sufría su cautiverio, Franz Weidenreich -el anatomista- publicó que pertenecían a un humano formidable surgido de un periodo de gigantismo por el que habría pasado la evolución humana. Solo al acabar la Segunda Guerra Mundial los dientes fueron desenterrados, y nuevos hallazgos permitieron corregir el error y eliminar al gigante de nuestra familia. Gigantopithecus se descubrió, por fin, como el mayor antropoide que haya existido, un pariente del orangután que vivió en China hace un millón de años y que pudo medir hasta 3 metros y pesar más de 500 kilos. Una vez más se demostraba que en tiempos pretéritos la evolución produjo seres gigantescos en todos los órdenes zoológicos y en todos los continentes.

Hace 300 millones de años, gigantescos artrópodos propios de una pesadilla poblaban las selvas que cubrían la Tierra

Con frecuencia se cree que los grandes seres del Jurásico fueron los únicos gigantes del planeta. Pero mucho antes de que los dinosaurios lo dominaran y millones de años después de que un meteorito los extinguiera, los gigantes han probado suerte en la Tierra.

Hace 300 millones de años gigantescos artrópodos propios de una pesadilla poblaban las selvas que cubrían la mayor parte del planeta. Las plantas vasculares habían proliferado de forma exponencial y la concentración de oxígeno en la atmósfera permitió a este grupo que respira directamente a través de su piel adquirir tamaños como nunca se han vuelto a dar.

animales prehistorios deinoteiro

Pariente de los elefantes, el deinoterio medía 4,5 metros y pesaba 14 toneladas. El mito de los cíclopes proviene de sus fósiles. el agujero central de la trompa fue visto como la cuenca de un único ojo.

Meganeuropsis, un grupo de libélulas de casi un metro de envergadura, se convirtieron en los insectos más grandes de la historia. Escorpiones gigantes, cucarachas y arañas de medio metro, enormes cochinillas y pulgas de varios centímetros poblaban la Tierra. Y bajo el agua estos gigantes quedaban empequeñecidos por animales como el Jaekelopterus rhenaniae, una criatura acorazada de 2,5 metros de largo que recuerda a un escorpión y que vivió entre 100 y 200 millones de años antes de que las libélulas gigantes surcaran aquella atmósfera rica en oxígeno. Para su desgracia, los cambios en la composición de esa atmósfera terminaron con ellos para siempre dando el relevo a nuevos gigantes.

Tierra terca

Tras la extinción de los dinosaurios, criaturas enormes siguieron apareciendo en función de los recursos que el planeta ponía a disposición de las especies. La naturaleza diseñó una y otra vez animales fabulosos como si quisiera insistir en que el tamaño grande podría ofrecer alguna ventaja. Y siempre factores ambientales o nuestra especie desde su aparición acabaron con ellos.

animales prehistoricos

Megalania prisca -7 metros, y de 300 a 600 kilos- fue un formidable predador de las tierras australianas hace 40.000 años. Como la de los dragones de Komodo, su mordedura era venenosa.

Grandes predadores como hienas, osos o leones gigantes sucumbieron por falta de presas, perezosos de 4 metros, mastodontes y armadillos acorazados del tamaño de un Volskwagen desaparecieron ante el avance de nuevas especies más especializadas, aves similares a un avestruz de 400 kilos y marsupiales del tamaño de un hipopótamo desaparecieron por la caza indiscriminada del ser humano. Parece que este planeta no es benevolente con los gigantes. Pero la Tierra es terca en sus apuestas y hoy el mayor animal que haya poblado nunca el planeta surca sus océanos alimentándose de diminuto krill. Aunque ya está amenazada de extinción, la ballena azul nos demuestra que este mundo es, si le dejamos, un buen lugar para los gigantes.

PARA SABER MÁS

When size does matter – Big Beasts. Last of the Giants – in pictures, documental del biólogo Patrick Aryee realizado para el canal Sky1.

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