No es un ‘spoiler’ de la película que se estrenará este año. Es la triste realidad. El aumento del tráfico de huesos de león para abastecer el mercado chino -donde se venden para mejorar la potencia sexual- está acabando con los pocos que quedan. Y, además, ha dado lugar a un inquietante negocio ‘legal’: las granjas de leones. Por Fernando González Sitges / Fotos: Brent Stirton (Getty Images)

 Convencidos de que la vegija de este pez aumenta la potencia sexual

Se llamaban José y Liso. Habían nacido en una ciudad y toda su vida la habían pasado en el circo, recibiendo golpes para doblegar su voluntad. Pero en 2016 se convirtieron en dos de los treinta y tres leones rescatados en circos de Perú y Colombia y trasladados a Emoya, un santuario sudafricano para grandes felinos. Por primera vez los animales decomisados olían las fragancias de la sabana, sentían el calor de los rayos del sol y pisaban un suelo de tierra donde crecían acacias, hierbas altas y matorral.

 Vuelve la leona Elsa

De los treinta y tres leones, solo José y Liso eran machos. Presionados por el encierro y los golpes, ambos se habían convertido en animales malhumorados y agresivos. Pero, para sorpresa de sus cuidadores, al soltarlos juntos en el santuario se hicieron amigos rápidamente y su carácter cambió. Era el paraíso… por poco tiempo.

Un año después de la llegada de los leones, los cuerpos de los dos machos aparecieron mutilados. Los furtivos habían llegado por la noche y habían envenenado a los felinos. Con la rapidez que da la práctica constante, los furtivos les habían cortado la cabeza, las patas y la cola y, finalmente, los habían despellejado. El mercado de partes del cuerpo de león sumaba dos nuevas víctimas demostrando que el apodado ‘rey de la selva’ ya no está seguro ni en pequeñas reservas vigiladas.

Un reemplazo para los tigres

Cuando el mercado ilegal de partes del cuerpo de los tigres para abastecer las farmacias de medicina tradicional asiática se quedó sin suministro por la caída en picado de todas las especies de tigre, sus intereses se centraron en los leones.

Grandes, fieros y emparentados con los tigres, los leones eran el sustituto perfecto para abastecer este comercio que empuja y alimenta la caza y el tráfico ilegal de especies amenazadas por todo el mundo. El vino de huesos de tigre, considerado un símbolo de posición social que infiere fuerza y vigor sexual al que lo toma, pasó a ser vino de león con idénticas propiedades. A esto se añadió una creciente demanda de garras y dientes de estos poderosos felinos para bisutería; símbolos, igualmente, de poder y posición social. Y los leones, ya amenazados por la pérdida masiva de su hábitat, empezaron a perder sus poblaciones con una velocidad alarmante.

trafico de huesos de leon en china

Proceso de despiece de leones en una granja legal en Sudáfrica

En 2015, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza estimaba que en los últimos veinte años el 42 por ciento de su población había desaparecido. De los cientos de miles que poblaban el continente africano, el último censo, en 2015, estimó que no quedaban más de 20.000 leones viviendo en libertad en África. Y desde entonces las cosas han empeorado.

Sudáfrica ha aumentado el número de esqueletos de león que se pueden exportar al año: de 800 a 1500

Sudáfrica, ejemplo de conservación de muchas especies africanas y miembro activo de los principales programas conservacionistas del continente, permitió las granjas de leones, donde los animales, a modo de ganado doméstico, se crían y sacrifican para vender sus cuerpos, en todo o en parte, a los diferentes mercados. Esto incluye vender cacerías en cercones a supuestos cazadores que, lejos de todo espíritu deportivo, masacran al mayor depredador de la sabana sin riesgo alguno, para hacerse la foto y presumir en sus círculos sociales. Son parte de la misma y patética pretensión de aquellos que compran los huesos de estos felinos en los países asiáticos para intentar resolver inútilmente sus problemas de impotencia.

Las granjas de la codicia

En estas granjas, los huesos, garras, dientes y pieles de león se venden legalmente bajo supervisión de las autoridades y van a los mercados asiáticos, principalmente de Laos y Vietnam. Entre 2008 y 2011, Sudáfrica exportó 1160 esqueletos de leones cautivos. Pero con la desaparición de los tigres la demanda del mercado aumentó notablemente y la presión de los propietarios de estas granjas consiguió que el Gobierno anunciara, el pasado mes de julio, que aumentaría el número de esqueletos de león para exportar anualmente de 800 a 1500.

Los dueños de las granjas sostienen que ayudan a la conservación de la especie, pero cada vez más organizaciones internacionales avisan de que tras el comercio legal se esconden huesos y despojos de animales salvajes e incluso huesos y restos de tigres que son muy difíciles de diferenciar. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ya avisó en 2016 de que el comercio de leones cautivos despiezados potenciaría la caza furtiva, que vería en este mercado legal una vía donde esconder su mercancía. Lo mismo ha concluido un informe del año pasado de dos asociaciones conservacionistas africanas que demuestra los vínculos entre los importadores de huesos de león y las redes de tráfico ilegal de especies o extremidades de especies protegidas.

Es decir, las granjas de leones suministran al mercado asiático las partes demandadas de los leones de forma legal y las mafias del tráfico ilegal aprovechan estos envíos para colocar sus mercancías. Como consecuencia de esta nueva vía de comercio, los ataques de los cazadores furtivos crecen año a año, lo que reduce la población de leones salvajes.

Con 8000 leones cautivos y tan solo 1700 en libertad, Sudáfrica se ha convertido en el foco de atención de conservacionistas y traficantes de todo el mundo que miran con recelo, incertidumbre o codicia el resultado de estas granjas de leones donde se juega el futuro el que hasta hace muy poco considerábamos rey de la selva.

PARA SABER MÁS

When the last lion roars, Sara Evans. Bloomsbury Publishing, 2018. Bones of contention, Vivienne Williams, David Newton, Andrew Loveridge y David MacDonald. Wildcru-Traffic, 2015.

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