La agonía de la laguna salada más grande de Europa lleva treinta años gestándose. Este espacio natural único se convirtió, tras el paso del temporal DANA, en un ‘guiso’ envenenado que fue matando todo lo que encontraba a su paso. El último y más terrible estertor de un desastre medioambiental que los técnicos ya han bautizado como ‘ecocidio’. ¿Qué está pasando? Por Carlos Manuel Sánchez / Fotografías: Vicente Vicens y Carlos Luján

Algo terrible está pasando cuando en el mar Menor las doradas saltan a tierra, incapaces de aguantar un minuto más en el agua, que se les ha vuelto irrespirable; cuando la orilla hierve con la estampida de anguilas, lenguados, sargos y quisquillas, que intentan escapar de su hábitat; cuando vecinos y turistas se secan las lágrimas mientras las brigadas de limpieza hacen el levantamiento de un cadáver colectivo formado por dos millones de peces y crustáceos. En fin, cuando los biólogos marinos tienen que ejercer de forenses es que ha sucedido algo muy malo y, si no se actúa ya, irremediable.

“El Mar Menor es un ensayo de lo que va a pasar en el Mediterráneo en los próximos cincuenta años por el cambio climático y por la codicia humana”

«No estamos hablando simplemente de un delito ecológico. El Código Penal no está preparado para este tipo de catástrofes. Los delitos contra los recursos naturales están pensados para vertidos y daños ocasionales, ¿pero qué pasa cuando lo que se está dañando de modo irreversible es todo un ecosistema, que además es un espacio natural blindado por figuras de protección y convenios internacionales? -se pregunta Eduardo Salazar, experto en Derecho Ambiental-. Hay que empezar a hablar de que el colapso del mar Menor es un ‘ecocidio’, y un delito de esta magnitud, que puede impedir el uso y disfrute a las generaciones venideras de todo un territorio, no debería prescribir».

Desastre ecológico en el Mar Menor: "Yo acuso" 1

Eduardo Salazar Ortuño/Abogado experto en Derecho Ambiental: «Hemos tenido muchos años a un consejero que declaró ante el juez que los nitratos no afectaban al mar Menor, que se ponía Alluvia y las cremas solares… Es complicado individualizar la responsabilidad, pero es factible. El que haya contaminado que pague».

La agonía de la laguna salada más grande de Europa lleva más de treinta años gestándose. Los científicos la tienen perfectamente estudiada. Se conocen las causas. Tienen solución. No se ha hecho nada por solucionarlas hasta ahora. ¿Se ha llegado a un punto de no retorno? No se sabe. Lo que sí se sabe es que el ecosistema del mar Menor dio un vuelco radical en 2016, cuando se convirtió en una ‘sopa verde’ durante meses.

El fitoplancton se adueñó de la laguna, sobrealimentado por los fertilizantes de la agricultura intensiva del campo de Cartagena, que le llegan a través de las ramblas y de las filtraciones del acuífero. La explosión de estas microalgas enturbió unas aguas que eran cristalinas, impidió que llegase la luz al fondo y mató el 85 por ciento de las praderas, que hasta entonces eran las encargadas de aportar el oxígeno. Fue la culminación de un proceso que los científicos llaman ‘eutrofización’. El mar Menor, que era un enfermo crónico, entró en una fase aguda de agravamiento que ahora lo ha llevado a la UCI.

Desastre ecológico en el Mar Menor: "Yo acuso"

Santiago Pérez Blaya/Agricultor: «Yo era un niño cuando llegó el agua del trasvase. Entonces eran pequeñas explotaciones, pero empezaron a entrar grandes empresas. O crecías o te echaban del mercado. Hoy hay 9000 agricultores con derecho a riego, pero alrededor de treinta empresas acaparan la mitad del agua».

LA ‘SOPA VERDE’

El último episodio de mortandad masiva de su fauna es solo una consecuencia de la eutrofización, sostiene un informe suscrito por diez científicos de seis entidades; entre ellos, el Instituto de Español de Oceanografía, CEBAS-CSIC y las universidades de Murcia, Alicante y Politécnica de Cartagena. La bióloga Julia Martínez, directora técnica de la Fundación Nueva Cultura del Agua y una de las firmantes, lo sintetiza: «El mar Menor es una rareza. Una laguna costera hipersalina, de aguas transparentes porque tenía muy pocos nutrientes. No existe nada igual en el Mediterráneo occidental. Su destrucción es la mayor catástrofe ecológica que está sufriendo este país. Y es la crónica de una muerte anunciada desde los años noventa, pero que entró en su fase crítica a partir de la primavera de 2016».

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Julia Martínez/Bióloga: «En el mejor de los casos, la recuperación del mar Menor será lenta, difícil y larga. Creo que todavía estamos a tiempo, pero hablamos de décadas. Cualquier actuación apresurada corre el riesgo de empeorar las cosas. Lo básico es reducir la contaminación agrícola en origen».

«Durante aquella ‘sopa verde’ vimos algo estremecedor: un éxodo sin orden ni concierto de todas las especies en busca de zonas oxigenadas; incluso el hexaplex (una caracola cuya movilidad es muy limitada) se arrimaba a la orilla como podía…», recuerda. «Es verdad que a lo largo de 2017 y 2018 hubo una cierta mejoría en cuanto a la transparencia y los niveles de oxígeno, pero la capa profunda del mar Menor está muerta. Con la muerte de esa capa, las praderas, perdimos la única barrera que aislaba los sedimentos del fondo -que contienen nitrógeno, fósforo y metales pesados- de la columna de agua. Mientras tanto, el mar Menor, que sigue recibiendo enormes cantidades de nutrientes de la agricultura, empezó a recibir también esos flujos de nutrientes procedentes del fondo. Se desató entonces una reacción en cadena…», explica la bióloga.

UN ‘GUISO’ ENVENENADO

Sin embargo, en verano, el Gobierno regional de Murcia lanzaba el mensaje de que el mar Menor se había recuperado. «Pero los científicos, el 5 de septiembre, advertimos en un comunicado de que no era así. Los niveles de clorofila A, el indicador de la presencia del fitoplancton, se habían disparado. Había riesgo de otra ‘sopa verde’. Eso fue una semana antes de la DANA, que hizo de escoba y arrastró toneladas de sedimentos y nutrientes al mar Menor. Además, como entraron aguas pluviales, el mar Menor se estratificó en dos capas que no se mezclaban entre sí por la diferencia de densidad: la superficial, menos salina, y la del fondo».

“Lo que se ha producido en el mar Menor es un fenómeno aterrador y muy raro, solo documentado en el mar Negro y las profundidades abisales: la euxinia”

En la del fondo sucedió entonces un fenómeno extremadamente raro… y aterrador. Solo se ha documentado en unos pocos lugares inhóspitos del planeta, como el mar Negro o profundidades abisales, desde luego no en una laguna cuya profundidad máxima es de apenas siete metros. La elevada turbidez del agua redujo la luz drásticamente. Los valores de oxígeno llegaron a cero partes por millón. Pero esta situación de asfixia total, que ya empieza a ser un fenómeno recurrente, se complicó con algo incluso peor… si cabe. Se llama ‘euxinia’. «Hay microorganismos capaces de vivir sin oxígeno. Son las bacterias del azufre. El color negro del agua y el olor a gas sulfhídrico que emanaba de la laguna eran claros indicadores de la existencia del metabolismo de estas bacterias, que emiten sulfuros tóxicos para muchos animales y plantas», afirma Martínez.

Mar menor, 'ecocidio' en la laguna 2

El municipio más afectado por la DANA fue Los Alcázares. No es casualidad que sea el que más ha crecido urbanísticamente. «Ahora se inundan zonas que no eran inundables y el agua llega con tal virulencia que lo arrasa todo», explica Santiago Pérez Blaya. La DANA arrastró al mar Menor mil toneladas de nitratos

Pasaron los días mientras se cocía a fuego lento un ‘guiso’ envenenado en una marmita con un perímetro litoral de 73 kilómetros y que terminó por derramarse en una playa pinatarense. «Un mes después de la DANA, un cambio del viento empujó la capa superficial del agua hacia el sur de la laguna. Esta arrinconó a la capa profunda, que basculó y emergió como un iceberg en la parte norte. Era agua sin oxígeno y tóxica que fue matando todo lo que encontró a su paso».

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José Amat/Pescador: «Al mar Menor le debemos un respeto. No nos hemos dado cuenta de lo que teníamos hasta que hemos visto que podemos perderlo. He renunciado a faenar en los meses que entra la dorada, que supone un tercio de mis ingresos anuales. Hay que dejar que se recupere».

¿Y ahora qué? Los pescadores han amarrado por propia iniciativa. «Somos los primeros interesados en que la laguna se recupere -explica Jesús Antonio Gómez, patrón mayor de la cofradía de San Pedro del Pinatar-. Pero el problema del mar Menor está en tierra». Y hace memoria. «Yo empecé a pescar a los catorce. Por entonces se urbanizó La Manga y en 1976 se abrió el canal del Estacio para que los yates pudieran pasar al puerto. Con la entrada de agua del Mediterráneo bajaron la salinidad y la temperatura y entraron especies invasoras. Y el mújol, que era el pescado emblemático, ya no se recuperó ni en calidad ni en capturas. Yo creo que el mar Menor es un ensayo de lo que va a suceder en el Mediterráneo en los próximos cincuenta años el cambio climático, por las agresiones humanas, por la codicia. Por lo pronto, no puede ser que en un sitio tan pequeño haya diez puertos deportivos y 6000 barcos de motor y motos acuáticas».

La siguiente agresión fue el urbanismo desaforado, que solo se tomó un breve respiro cuando estalló la burbuja del ladrillo. La laguna atrae a medio millón de residentes en verano que tiran de la cadena. El mantenimiento de alcantarillados y depuradoras deja mucho que desear. Y colapsan con las lluvias torrenciales. Y en esta comarca, una de las más áridas de España, solo llueve torrencialmente. El 15 por ciento de los vertidos al mar Menor son residuos urbanos.

“Después de veinte años de denuncias, no se ha clausurado ninguna explotación ilegal”

Pero el 85 por ciento restante proviene de la agricultura. La llegada del trasvase Tajo-Segura, en los ochenta, le cambió la cara al campo de Cartagena, un secano de algarrobos y almendros, asociado a molinos de viento para extraer agua de pozos, ha ido transformándose en una sofisticada máquina de regadío capaz de sacar adelante cinco cosechas al año. La misma empresa que planta las semillas y recolecta las lechugas las envasa sobre el terreno, las comercializa y las pone en un supermercado de Liverpool o Hamburgo al día siguiente. Hay 60.000 hectáreas cultivadas. Unas tienen concesión de agua, otras no.

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El mar Menor ha sido rodeado por cultivos controlados por grandes corporaciones que usan elevadas cantidades de fertilizantes. El sembrado roturado en pendiente para que el agua no se encharque y pudra las raíces es una práctica nefasta para el mar Menor, donde acaban los fertilizantes

«Todos negaban que hubiera regadíos ilegales, a pesar de las denuncias, hasta que hicimos una cartografía con fotografía aérea en 2017 y vimos que había al menos 10.000 hectáreas ilegales», explica Pedro García, de la Asociación de Naturalistas del Sureste. Como el agua del trasvase no es suficiente, se abrieron pozos. Miles. Hay uno por kilómetro cuadrado. Toman agua del acuífero Cuaternario, que es salobre. Hay que desalarla. Además de las grandes desaladoras públicas, se instalaron desalobradoras privadas. Miles. Muchas escondidas en zulos. El agua cargada de nitratos y el rechazo de salmuera de la desalación van a parar al mar Menor. «Después de veinte años de denuncias, no se ha clausurado ninguna explotación ilegal», se lamenta Julia Martínez.

Desastre ecológico en el Mar Menor: "Yo acuso" 2

José Matías Peñas/Geólogo y edafólogo: «Lo que se ve a mi espalda parece una montaña, pero son residuos de la minería que debían haber sido limpiados hace treinta años. En contacto con el agua generan unos lixiviados muy ácidos y con una elevada concentración de metales pesados. Las lluvias los arrastran y acaban en el sur del mar Menor a razón de 3700 toneladas al año».

Celia Martínez, ingeniera agrónoma y portavoz del Pacto por el Mar Menor, que agrupa a vecinos y colectivos ambientales, cree que hay un antes y un después desde la multitudinaria manifestación en Cartagena (55.000 personas). «Como en esta región no solemos alzar mucho la voz, sorprende bastante que hayamos protagonizado la mayor movilización en España por el medioambiente. Urge una moratoria agrícola en el entorno del mar Menor. Que se cierren los regadíos ilegales. Que vuelva a ser de secano lo que era de secano». Sin embargo, advierte: «De momento, los tractores siguen roturando y ganando terreno para más regadíos».

Foto principal: miles de peces aparecieron muertos hace unas semanas en la playa de Villananitos de Lo Pagán, en el término municipal San Pedro del Pinatar (Murcia). Peces e invertebrados huían del agua contaminada. Cangrejos y anguilas, que aguantan durante horas fuera del agua, morían enseguida, emponzoñados por los sulfuros de la euxinia