Todo el mundo habla de seguir formándose y estudiando durante el resto de la vida. Pero ¿cómo se hace? El neurocientífico Martin Korte nos lo cuenta… y no siempre funciona como creemos. Por Lorenz Wolf-Doettinchem / Foto: www.johannesfelsch.com

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Nunca es tarde para aprender. Lo que sea… Lo dice Martin Korte, neurobiólogo alemán y eminencia mundial en el estudio de los fundamentos celulares del aprendizaje y la memoria. Sus descubrimientos nos proporcionan toda una ristra de consejos para mejorar nuestras vidas. Y durante toda la vida: de la infancia a la vejez. ¿Primer consejo? Siga leyendo.

XLSemanal. ¿Qué hacemos mal cuando nos ponemos a estudiar?

Martin Korte. Beber poco. Al cerebro solo le llega un riego sanguíneo adecuado si estamos suficientemente hidratados. Aunque supone apenas el dos por ciento de nuestro peso corporal, consume el 20 por ciento del oxígeno y del azúcar de la sangre.

XL. Lo de beber agua lo habíamos oído referido al deporte.

M.K. También hay que beber antes de clase o de sentarse a estudiar, desde primera hora y no hacerlo solo con el día avanzado. Es cierto que nuestros riñones intentan regularlo, pero una hidratación idónea permite un aumento del rendimiento intelectual de hasta el cinco por ciento.

XL. ¿En qué momento de nuestra vida aprendemos más?

M.K. Siempre estamos aprendiendo cosas nuevas, pero, a medida que nos hacemos mayores, nuestro cerebro compara cada vez más la información nueva con la que tiene almacenada. Por ejemplo, los niños disfrutan comprobando que al pulsar un interruptor la luz se enciende. Para un adulto, solo es emocionante si acaba de instalar un regulador de potencia e intenta ver en qué dirección hay que girarlo para que haya más o menos luz.

XL. Entonces, no hay grandes diferencias…

M.K. Claro que las hay. Las neuronas son sensibles a los procesos de aprendizaje hasta el final de la pubertad. A partir de los 20 años, esta sensibilidad empieza a disminuir de forma clara.

“Las personas nunca dejan de aprender. Las neuronas resisten más cuanto más a menudo se las usa”

XL. ¿A qué edad ya somos demasiado viejos para estudiar?

M.K. ¡Nunca! Las personas que no dejan de estudiar y aprender pueden incluso retrasar la aparición de una posible demencia. A diferencia de las articulaciones de la cadera o la rodilla, las neuronas resisten más cuanto más se usen. De hecho, con cada actividad neuronal, las células nerviosas liberan factores de crecimiento. Así que mantenerte mentalmente activo a una edad avanzada es beneficioso. Y puede hacerse.

XL. Lo de aprender toda la vida ¿no es un gancho publicitario de libro de autoayuda?

M.K. No. Es un hecho: aprendemos durante toda nuestra vida. Es una peculiaridad de la especie humana. Aunque se va haciendo más difícil con los años. La capacidad que las neuronas tienen para cambiar, la plasticidad del cerebro, se reduce. Además, el cerebro desarrolla una resistencia creciente a lo nuevo, ya que amenaza los conocimientos consolidados. Eso significa que con los años hay que estudiar de otra manera, nada más. A los 60 no podemos hacerlo como a los 16.

XL. ¿Y entonces cómo?

M.K. En la juventud, la novedad despierta tanta curiosidad que hace que esa información pueda almacenarse de forma óptima. Pero cuando, con la edad, dices que ya no eres capaz de estudiar y aprender bien, suele ser por otros motivos.

“Lo del aprendizaje activo hay que tomarlo al pie de la letra: el movimiento ayuda, tomar notas a mano es mucho mejor que hacerlo en el ordenador”

XL. ¿Cuáles?

M.K. Sobre todo por tener varias cosas en la cabeza, por un exceso de multitarea. Estamos todo el día usando nuestra memoria prospectiva para planear la siguiente acción. Eso consume capacidad de cálculo en las regiones responsables de la concentración. Aprender exige máxima concentración, y a edades avanzadas, más.

XL. Eso es fácil de decir…

M.K. Por mucho que critiquemos a nuestros hijos por la continua distracción que les supone el móvil, lo cierto es que los adultos nos distraemos con más facilidad: listas de tareas pendientes, correos electrónicos, llamadas… Tenemos que ejercitar nuestra capacidad de atención, aprender a controlarla.

XL. ¿Se puede aprender a aprender?

M.K. Sí. Por ejemplo, observando en qué momentos del día nos concentramos mejor. El siguiente factor sería el tiempo que le dedicamos. Unidades cortas, de una media hora, así como las repeticiones frecuentes, suelen ahorrar esfuerzo. Recordamos mejor las cosas a largo plazo si las aprendemos poco a poco y no en atracones. También podemos fijarnos en qué asociaciones le funcionan a cada uno. Lo mejor para la mayoría es lo visual, recurrir a los gráficos. La memoria visual es muy superior a todas las demás formas de memoria.

XL. ¿Qué otros trucos hay?

M.K. Trabajárselo, estudiar de una forma activa. Por ejemplo, reordenando apuntes o reelaborándolos de forma gráfica. El cerebro compensa el esfuerzo almacenando mejor. Y lo del aprendizaje activo hay que tomarlo al pie de la letra: el movimiento ayuda, tomar notas a mano es mejor que hacerlo con el ordenador.

XL. En las universidades suelen aconsejar que te hagas a mano una chuleta para los exámenes…

M.K. Y que luego te la guardes en el bolsillo… Yo también lo aconsejo. Darle vueltas a la materia para condensarla incrementa la capacidad de memorización.

XL. ¿Puedo poner mi cerebro en modo aprendizaje, de un momento para otro, como pulsando un botón?

M.K. Si se despierta la curiosidad, sí. La curiosidad hace que se activen sistemas turbo, como el de la dopamina. Pero lo normal es que el cerebro tenga que ir preparándose poco a poco para estudiar y aprender. Solemos necesitar unos 15 minutos. Por otro lado, las interrupciones frecuentes y rápidas resultan muy inefectivas, por no decir inútiles.

XL. La digitalización está transformando radicalmente el mercado de trabajo. ¿Podemos reciclarnos sin más?

M.K. Si una empresa ofrece habitualmente formación continua a sus empleados, adaptarse a la digitalización no supone mayores problemas. El éxito depende en buena medida de la cultura empresarial. Siempre que aprendemos algo nuevo y tenemos que reescribir un hábito adquirido, nuestro cerebro sufre, le cuesta, cometemos errores. ¡Pero si la empresa es tolerante, acabará funcionando!

“Deberíamos considerar la vuelta a la letra impresa. Almacenamos mejor la información si la leemos en libros tridimensionales que en una pantalla

XL. ¿Y si no?

M.K. En ese caso, las posibilidades son mucho peores. A muchas personas les cuesta aprender porque tienen miedo al fracaso, no porque su cerebro ya no sea capaz de hacerlo.

XL. ¿Qué efecto tienen sobre el aprendizaje la ansiedad y el temor a perder el empleo?

M.K. En ese tipo de situaciones, el nivel de estrés es muy alto. Si aumenta en exceso, ciertas regiones cerebrales simplemente se desactivan. Entre esas regiones se encuentra el hipocampo. Por otro lado, no hay que demonizar al estrés. En realidad, el estrés que no te agobia porque te ves capaz de afrontarlo lo que hace es darle alas al cerebro.

XL. ¿La digitalización es una maldición o una bendición para el aprendizaje?

M.K. Las dos cosas. Es una bendición porque nos permite ampliar de forma externa nuestros almacenes de información, ya sea mediante un disco duro o en la nube. Y es una maldición por la distracción continua que lleva asociada. De estas dos caras de la misma moneda, la que se va imponiendo por ahora es la maldición.

“Con la edad, a muchas personas les cuesta aprender porque tienen miedo al fracaso, no porque su cerebro no sea capaz de hacerlo”

XL. Así que… ¿de vuelta a los libros?

M.K. Al menos, deberíamos pararnos a considerar cuándo merece la pena volver a la letra impresa. Almacenamos mejor ciertos tipos de información si la vemos en libros tridimensionales porque recordamos dónde la leímos. El factor espacial es un añadido. Por el contrario, en una pantalla todo es igual. Cuesta saber si la información importante la has visto al principio, en el medio o al final de un artículo.

Para aprender a partir de los 50... "Empiece por beber un vaso de agua..." 1

Martin Korte, de 55 años, es neurobiólogo y ha investigado en los prestigiosos Institutos Nacionales de Salud estadounidenses y en el no menos reconocido Instituto Max Planck, en Alemania. Hoy dirige el Instituto Zoológico de la Universidad Técnica de Braunschweig

XL. En una encuesta sobre ofertas educativas, las apps de idiomas y las ofertas de e-learning reciben buenas valoraciones.

M.K. Funcionan especialmente bien en el aprendizaje de idiomas, sí. Te permiten escuchar la pronunciación, hay vídeos cortos… Sin embargo, los programas de e-learning puro tienen unas cuotas de abandono bastante altas. El e-learning funciona sobre todo si va combinado con un tutor, un mentor o un grupo. Es lo que se llama ‘aprendizaje integrado’ o blended learning.

XL. Muchos estudiantes tienen problemas en clase, pero las academias y las horas de refuerzo les funcionan. ¿A qué se debe?

M.K. En parte, al tiempo adicional que suponen. A veces, el problema tiene su origen en la atmósfera familiar. Los padres deberían reflexionar sobre la forma en la que ayudan a estudiar a sus hijos; si acaban discutiendo o enfadándose, esa situación de aprendizaje adquiere una connotación negativa. Los profesores de apoyo no parten con esa carga.

XL. ¿Qué ha aprendido usted últimamente?

M.K. Este verano fui de vacaciones con mis hijos. Ellos hicieron un curso de surf, yo me cogí una bodyboard. Se me dio fatal.

XL. Qué consejos se dio a sí mismo para afrontar la situación?

M.K. Lo que más me ayudó fue que intenté no dejarme frustrar por la gente que tenía alrededor y que lo hacía mucho mejor que yo. Me concentraba solo en lo que yo hacía. El primer día solo conseguí hacerlo bien una vez, al día siguiente ya cogí tres buenas olas. Avanzaba, pero también había retrocesos. Tenía que esforzarme para no dar por supuesto que cada vez lo haría mejor que la anterior. Al cerebro le gusta comparar con la situación más reciente, con lo que has hecho hace un par de minutos, y no con la situación de partida. Me ayudó mucho acordarme todo el tiempo de lo terriblemente mal que lo hacía el primer día.

PARA SABER MÁS

El último libro de Martin Korte, sin edición en español, se titula. Wir sind gedächtnis... (‘Somos memoria. Cómo nuestros recuerdos determinan lo que somos’).

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