La tendencia ha llegado desde Japón, pero los baños de bosque se han puesto de moda en Estados Unidos, Centroeuropa y también en España. Una práctica en medio de la naturaleza llena de beneficios para la salud y la mente. Se lo contamos. Texto y fotografías: Daniel Méndez

Baños de bosque: Manual de instrucciones

“No reivindicamos algún poder mágico de los bosques. Tampoco identificamos especies vegetales o animales ni nos marcamos el objetivo de recorrer determinados kilómetros”.

Habla Alex Gesse, guía de baños de bosque, entre las encinas del Parque Natural de Collserola, en Barcelona. Entonces, ¿qué es lo que hacen? ¿En qué consiste esta técnica de origen japonés? «Básicamente lo que hacemos en un baño de bosque es estar en el entorno natural despertando nuestros sentidos y conectando con el espacio. Hacemos una serie de actividades que te ayudan a relajarte y te ofrecen un momento de silencio, de reflexión».

Relax y silencio. El término ‘baño de bosque’ deriva del japonés shinrin-yoku, que significa ‘bañarse (o ducharse) en el bosque’. La palabra comenzó a usarse allí en los años ochenta, cuando la Agencia Japonesa de Bosques impulsó los paseos por sus parajes naturales como manera de combatir el estrés laboral. Recogía elementos del sintoísmo y el budismo y ofrecía sobre todo una alternativa al ritmo frenético de la gran ciudad. Se calcula que en Japón la práctica del shinrin-yoku cuenta ya con dos millones de practicantes y la actividad se ha extendido a países como Corea del Sur, Estados Unidos, Australia, Alemania o España. Buena muestra son los libros que analizan esta práctica. En España podemos mencionar el del propio Alex Gesse, llamado Sentir el bosque: la experiencia del shinrin-yoku o el libro Shinrin-yoku, el arte japonés de los baños de bosque, de Héctor García y Francesc Miralles.

Banos de bosque shinrin-yoku

La tendencia es una respuesta a nuestra vida cada vez más desconectada de los entornos naturales: hace 50 años, el 70 por ciento de la población mundial vivía todavía en zonas rurales. Según las Naciones Unidas, en 2050 dos de cada tres personas vivirán en zonas urbanas. En España, el 70 por ciento de la población vive en una ciudad. Inmersos en la vorágine cotidiana, no nos damos cuenta de lo exigente que este entorno resulta. No se trata solo del estrés laboral o las cargas familiares, se trata también del esfuerzo cognitivo que nos requiere la constante estimulación de las calles donde nos movemos, de las pantallas que observamos.

Las plantas liberan una serie de componentes volátiles que benefician nuestra salud

«Cualquiera que haya ido al bosque o a un espacio natural se da cuenta de forma intuitiva de que se relaja», explica Alex Gesse, quien ejerce de guía y formador de guías en varios puntos de la Península Ibérica (pueden conocerse sus próximos paseos en su web institutodebañosdebosque.com). «Esta intuición se ha constatado en los últimos años de manera científica», continúa. Se sabe, por ejemplo, que las plantas liberan una serie de componentes orgánicos volátiles para protegerse de hongos, bacterias e insectos. Son las fitoncidas, que identificó por primera vez el biólogo ruso Boris T. Tokin en 1928. Diversos estudios han demostrado que las fitoncidas que emiten los árboles favorecen cambios hormonales que benefician a nuestra salud.

Banos de bosque shinrin-yoku 5

No hay normas para practicar ‘shinrin-yoku’. Solo se trata de dejarse llevar por lo que los sentidos en relación con el entorno nos van pidiendo, ya sea sentarnos sobre una roca, oler una hoja o acariciar la corteza de un árbol.

Al mismo tiempo, un paseo por la naturaleza reduce la concentración en nuestra saliva de cortisol, hormona asociada al estrés y la ansiedad. Del mismo modo que se reduce el ritmo cardiaco y la presión arterial. Otros estudios elaborados por el Departamento de Salud e Higiene Pública de la Nippon Medical School comparó la presencia de las llamadas ‘células NK’ (del inglés natural killers o ‘asesinas naturales’, conocidas por su capacidad de destrucción de células cancerosas) en personas expuestas a entornos naturales frente a aquellas que nunca salían de su ciudad. Para ello, un grupo de sujetos fue enviado durante tres días a las montañas de Nagano. A su regreso tomaron muestras sanguíneas y verificaron que los niveles globales de células NK habían aumentado, logrando así un refuerzo extra para la destrucción de células cancerosas. Los efectos positivos duraban una semana.

Experimento español

En España, la Asociación Vizcaína de Familiares de Personas con Enfermedad Mental, junto con la Unión de Selvicultores del Sur de Europa y la Asociación de Forestalistas de Bizkaia ha puesto en marcha un experimento: a lo largo de tres meses, tres grupos distintos han realizado paseos reflexivos en los bosques de Mendata, acompañados de personal psicológico y guías de shinrin-yoku. Los resultados se presentarán en junio.

Banos de bosque shinrin-yoku 1

“No hace falta irte una semana al Pirineo. Puedes hacer microbaños de bosque en cualquier zona verde que tenas cerca de casa, en cualquier parque”, explica Marta Pahissa, responsable de proyectos de medioambiente de DKV Seguros, empresa que ha realizado un informe sobre baños de bosque

Incluso una compañía de seguros se ha fijado en la práctica del shinrin-yoku. Es la compañía DKV, que publicó en 2017 el informe Baños de bosque, una propuesta de salud, de la mano del Instituto de Salud Global de Barcelona. Marta Pahissa, responsable de desarrollo y gestión de proyectos de medioambiente de DKV Seguros, fue la encargada de coordinar la publicación. «El contacto con la naturaleza -sostiene- reduce la mortalidad, la morbilidad, mejora la salud cardiovascular, también tiene un efecto positivo en la reducción de la obesidad, así como en la salud emocional y psicológica». Subraya que, pese a que no se conocen con exactitud los mecanismos, los ensayos científicos no dejan lugar a dudas. Y añade: «No hace falta irte una semana al Pirineo. Puedes hacer microbaños de bosque en cualquier zona verde que tengas cerca de casa, en cualquier parque urbano». Contemplar el verde ayuda, como demostró un experimento nipón en los ochenta: se midió la recuperación de una serie de personas sometidas a una misma operación en distintas habitaciones de un hospital; algunas con vistas a un árbol y otras, a una pared.

Los baños de bosque empezaron en Japón. Los impulsó el Estado nipón para combatir el estrés laboral

Las que podían ver las hojas se recuperaron antes, necesitaron menos analgésicos y valoraron más positivamente la atención sanitaria. Todo por el efecto de la naturaleza. Pongámoslo en práctica. Y quién sabe si algún día será nuestro propio médico el que nos prescriba una buena dosis de naturaleza.

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