Los hombres, al igual que las mujeres, cambian biológicamente con la llegada de un bebé. Nuevos estudios hablan del papel fundamental de la paternidad. Son los sorprendentes y polémicos hallazgos de la antropóloga de la Universidad de Oxford Anna Machin. Por Lorenz Wagner/ Fotos Cordon Press

Igual que las madres tienen instinto maternal, los padres tienen instinto paternal. La antropóloga evolutiva del Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Oxford (Inglaterra) Anna Machin es experta en paternidad. En su libro La vida de papá: la creación de un padre moderno ha reunido el resultado de todos sus estudios y los descubrimientos de otros equipos de investigación. En su obra cuenta cosas como que los padres tienen depresión posparto y que, en algunas fases, son más importantes que las madres para la salud mental de los niños. También recoge numerosos estudios que señalan que la presencia de un padre reduce la mortalidad infantil. Lo más sorprendente de todo es que la reduce independientemente del contexto socioeconómico de la madre y de la salud del bebé en el momento del parto.

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Anna Machin, antropóloga evolutiva del Departamento de Psicología experimental de la Universidad de Oxford (Inglaterra)

XLSemanal. Hasta hace poco los expertos no parecían muy interesados en el papel de los padres.

Anna Machin. Sobre las madres hay toneladas de estudios, pero sobre ellos… nada. Es una laguna enorme. Hasta hace diez años, en la investigación dominaba la idea de que los padres no influyen en el desarrollo del niño.

“A los padres la depresión les llega al año de tener el bebé. Se retraen, sufren ansiedad”

XL. ¿Cómo les explica a los escépticos que la investigación sobre los padres es necesaria?

A.M. Les digo que los hombres, igual que las mujeres, cambian biológicamente con el parto. Su cerebro, sus hormonas. Ellos también tienen instinto paternal. También sufren depresiones posparto. Y, si este argumento no funciona, entonces les digo: «Vale, pensemos solo en los niños, tenemos que descubrir todo lo que podamos sobre los padres, ya que tienen una influencia enorme en el desarrollo de los hijos, y supongo que ustedes querrán niños sanos, no?».

XL. ¿Los padres tienen depresiones posparto?

A.M. Sí, uno de cada diez. Aunque el concepto posparto no es correcto. Ellos suelen tenerla al cabo de un año, las mujeres la tienen antes. Estos padres sufren ansiedad, se vuelven agresivos, se retraen, se encierran en sí mismos. Todo eso tiene un efecto sobre el niño. Este tipo de progenitor necesita ayuda, igual que una mujer con depresión posparto, pero a ella nadie le dice que espabile y se deje de tonterías. Para ayudar, primero es necesario saber que estas depresiones existen. Muchas veces acaban llevando a una automedicación con alcohol.

XL. ¿De qué manera habría que apoyar a los padres?

A.M. Hoy sabemos que la forma en la que se los trata antes, durante y después del parto es lo más importante para el hombre en su camino a la paternidad. Él es parte del nacimiento, no se limita a estar presente y poco más. Los médicos y las comadronas podrían ocuparse también de los padres. De esa manera se conseguiría un beneficio para toda la familia. El padre tendría menos riesgo de sufrir depresión y a la madre la ayudaría en el plano psicológico, pues la sensación de que está sola ante el parto sería menor. Ahora, además, sabemos que es algo que también influye en el aspecto puramente médico: reduce complicaciones en el parto.

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Según numerosos estudios, la presencia de un padre reduce la mortalidad infantil durante el primer año de vida… Y lo hace independientemente del contexto socioeconómico de la madre y la salud del bebé

XL. ¿Qué pasa tras el parto? ¿Hay diferencias básicas entre cómo educan las madres y los padres a sus hijos?

A.M. La evolución siempre evita las redundancias. Así que los papeles del padre y de la madre son muy diferentes desde el primer momento. El niño necesita ambos. Cuando los progenitores interactúan con el niño, en la madre vemos sobre todo una activación del sistema límbico del cerebro, donde residen los sentimientos, el cuidado, la protección. Su relación con el bebé está marcada por esos conceptos. En el caso del padre, lo que vemos es una activación del neocórtex, donde residen la cognición social, la interacción y la comunicación, la planificación, la motivación, el desafío. Es decir, la relación está dirigida hacia fuera, hacia el exterior. El hombre tiene el impulso de empujar a su hijo, de enfrentarlo a sus límites. De lo que se trata es de que el niño descubra el mundo, de cómo maneja los riesgos, también de cómo gestiona el fracaso.

“Los vínculos entre el padre y el bebé se crean más lentamente: jugando”

XL. ¿Así que a las madres no debería extrañarles que los padres actúen con los niños de una forma diferente a como lo hacen ellas?

A.M. Más bien deberían alegrarse, es bueno para el niño. De hecho, obligar al hombre a actuar como ellas en realidad es perjudicial.

XL. ¿De qué manera se vinculan el bebé y el padre?

A.M. Hemos visto que los padres crean esos lazos más lentamente. Madre e hijo pasan juntos por el parto, que desencadena un montón de fenómenos compartidos, es un proceso químico, un intercambio de hormonas. La madre, además, le da el pecho. Los padres crean el vínculo mediante la interacción, haciendo cosas con el bebé. Pero hace falta algo de tiempo hasta que esa interacción sea posible, es decir, hasta que el progenitor también recibe una respuesta por parte del niño. Al menos seis meses. Es cuando los niños empiezan a gatear, a jugar. De hecho, a los padres los primeros meses les resultan muy frustrantes. A estos siempre les digo: no os preocupéis, todo llegará. Habladles, cantadles y leedles cuentos. Es importante.

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Haciéndose cosquillas, peleando o jugando, padre e hijo liberan hormonas fundamentales que producen sensación de euforia y generan vínculos. La evolución siempre evita redundancias “Los papeles del padre y la madre son distintos”, dice la especialista

XL. ¿Cómo reaccionan los padres a esa frustración inicial?

A.M. Muchos hacen lo correcto de forma instintiva: exageran la interacción. Muchas madres saben a lo que me refiero: el padre llega a casa, levanta al niño por los aires y da vueltas con él, o se pone a cuatro patas y lo persigue por el pasillo. Suspiran y piensan y ahora cómo lo hago para volver a calmarlo, ya es hora de acostarlo. Pero es la única posibilidad que tienen los hombres de establecer un vínculo similar al que la madre crea mediante la lactancia. Jugando, haciéndole cosquillas o peleando se liberan hormonas fundamentales tanto en el padre como en el hijo: oxitocina, dopamina y betaendorfina, que producen sensación de euforia y generan vínculos.

XL. ¿Y cuáles son las cosas que los padres pueden hacer mal tras la llegada de un bebé?

A.M. Muchos se retraen. Hablar de lo que les pasa se sigue considerando poco masculino, sobre todo en el entorno laboral, al que muchos vuelven poco tiempo después del parto. Los padres no tienen con quién hablar del tema, aunque su vida también ha dado un vuelco total. Como padre cambias. Tu cerebro cambia, tus hormonas, tu psique, todo.

“La testosterona del padre se reduce incluso antes del parto, en el embarazo”

XL. ¿El cerebro cambia?

A.M. Incluso antes del nacimiento del bebé. Para la naturaleza, la paternidad comienza antes. El nivel de testosterona del padre se reduce durante el embarazo. Es un fenómeno que se da en todos los lugares del mundo, independientemente de las culturas y de los grupos sociales. Los hombres con niveles altos de testosterona experimentan una reducción especialmente marcada. Ni siquiera es necesario que el padre viva con la madre, un contacto regular es suficiente. Es cierto que el nivel hormonal vuelve a subir tras el parto, pero nunca recupera los niveles previos.

XL. ¿A qué se debe este fenómeno?

A.M. Es cosa de la evolución. Como los bebés son dependientes de sus progenitores, la presencia de un padre contribuye a asegurar su supervivencia. A los hombres no les gusta oír eso de que tienen menos testosterona. Pero yo les digo: «Tranquilos, no hay motivo para el pánico. Desde un punto de vista evolutivo, estáis en la cúspide de la masculinidad, no hay nada por encima de la paternidad. Además, cuanto más bajos sean vuestros niveles de testosterona, mejores padres seréis. Podréis empatizar mejor con vuestros hijos, leer sus necesidades. Y la oxitocina y la dopamina, las hormonas de la gratificación, estarán más altas y os harán sentir estupendamente».

XL. ¿Esto que cuenta es válido solo para los padres biológicos?

A.M. Todavía no contamos con datos suficientes, pero lo más probable es que valga para todos. Parece que llevar la misma sangre no es requisito básico.

XL. ¿Y cómo cambia el cerebro del padre tras el nacimiento?

A.M. Igual que le ocurre a la madre, se produce un aumento de la llamada ‘sustancia gris’. Te vuelves más empático, más organizado, es decir, te conviertes en un mejor cuidador.

XL. ¿No hay diferencias entre el cerebro del padre y de la madre?

A.M. Hay una fundamental: cuando un hombre ve a su hijo, se activa el neocórtex. Es el impulso de coger al niño en brazos y alzarlo. En las mujeres se activa el sistema límbico. En cambio, en los padres homosexuales se activan las dos áreas cerebrales. Se crea una nueva conexión cerebral que permite a las dos áreas comunicarse. De esa forma pueden asumir al mismo tiempo los papeles de madre y de padre, de tal manera que el niño cuente con ambos.

XL. ¿Ocurre lo mismo con las madres lesbianas?

A.M. Sí.

XL. En su libro cuenta que, en algunas fases, los padres son más importantes que las madres para la salud mental de los niños. Resulta difícil de creer.

A.M. Pero es verdad. En ciertas fases de la vida de un niño, la madre es más importante para su desarrollo; y en otras etapas, lo es el padre. Cuando analizamos los estudios sobre la salud mental a largo plazo de los niños, sobre todo durante la pubertad, los que tenían un vínculo previo fuerte con su padre eran mucho más robustos y sanos. El padre, con su papel, es enormemente importante para hacer que el niño sea más resistente. Soy consciente de que este tipo de afirmaciones resultan controvertidas porque sirven al sistema de roles tradicionales.

“No hay nada que pueda reemplazar el tiempo que pasa el padre con el adolescente”

XL. Hombre, es que realmente hay muchas madres que crían niños maravillosos ellas solas…

A.M. Pero es muy poco frecuente que estos niños no tengan ningún contacto con hombres. A veces los padres ven a los niños de forma regular aunque no vivan con ellos, o hay un tío, un abuelo, el padrastro, la pareja de la madre o simplemente un buen amigo que se convierte en persona de referencia y asume las tareas del padre. Y exactamente igual que el cerebro de un padre homosexual o de una madre lesbiana cambia, las mujeres solteras pueden asumir el papel del padre gracias a la capacidad de adaptación del cerebro humano. Al final no es una cuestión de género, sino de la función, de la activación cerebral que lleva al niño a sus límites, unos límites razonables, por supuesto, no peligrosos.

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«Si los padres se implican a fondo en unas fases concretas de la infancia, las consecuencias son sorprendentes». La especialista señala dos. cuando el niño empieza a gatear y, luego, cuando tiene edad de ir al colegio.

XL. ¿En qué momento es especialmente importante la función del padre?

A.M. En la edad de ir a la guardería, luego en el momento de la primera escolarización y en la juventud, ya que el padre es el que prepara al niño para el mundo fuera de la familia. Hay multitud de estudios sobre el tema. Si los padres se implican a fondo en unas fases concretas de la infancia, vemos que las consecuencias son sorprendentes. Por ejemplo, si un hombre lee y ayuda a su hijo cuando tiene siete años, el efecto en su carrera académica cuando es un veinteañero resulta muy marcado. El progenitor también parece ser especialmente importante para el desarrollo de la confianza en sí mismo.

XL. ¿Cuál de los resultados de sus estudios le ha sorprendido más?

A.M. Lo importante que es que los jóvenes pasen tiempo con el padre. No hace falta que hagan nada especial. Salir a pasear al perro, hacer deporte, lavar el coche, lo que sea. Los padres que en esta fase se centran menos en el trabajo y dejan un poco de lado su carrera profesional son un apoyo enorme para sus hijos. No hay nada que pueda remplazar el tiempo que pasan juntos.

“Que las mujeres tengan sueldos más bajos no solo es discriminatorio, debilita el papel del padre”

XL. Muchos hombres no les dedican demasiado tiempo a sus hijos; sus permisos de paternidad, si los disfrutan, suelen ser cortos. Y muy pocos se cogen una excedencia más adelante o buscan más cercanía con el hijo adolescente. ¿Les resulta más cómodo quedarse en el viejo rol de que ellos llevan el pan a casa?

A.M. Infravalorar el papel del padre proveedor sería injusto. Este padre gana el dinero que permite que el niño acceda a muchas cosas. Aquí topamos con la igualdad de géneros. Que las mujeres tengan sueldos más bajos o que tengan más problemas para desarrollar su carrera profesional no solo es discriminatorio, también debilita el papel del padre. Mientras los hombres sigan ganando más que las mujeres, las parejas por lo general no tendrán otra opción: él vuelve al trabajo lo antes posible y ella se queda más tiempo en casa. Es algo que tiene que cambiar. Probablemente se consiga en la próxima generación.

XL. ¿Qué le hace albergar esa esperanza?

A.M. El número de mujeres que tienen una carrera profesional está aumentando. Y también está creciendo el número de padres que quieren implicarse de verdad en el cuidado de sus hijos. Lamentablemente, las parejas jóvenes de hoy se encuentran en una fase de transición. Las mujeres quieren seguir siendo ‘buenas madres’ pero también hacer carrera, y muchos hombres quieren seguir siendo el padre proveedor pero también el padre atento. No pueden conseguir las dos cosas, ni ellas ni ellos. Es necesario un nuevo modelo. Si un padre se atreve a quejarse de la doble carga, laboral y familiar, le respondemos: ¿y qué tendría que decir entonces la madre? Las mujeres suelen reaccionar con especial sensibilidad a esta cuestión y minusvaloran a los padres. Es posible que las feministas se enfaden conmigo por hacer esta observación, pero significaría que no entienden lo que quiero decir. No pretendo poner al padre por encima de la madre. Solo quiero ponerlo en el lugar que le corresponde: al mismo nivel. Una competición entre padres y madres, como la que se está produciendo, al final perjudica a todos. Padres y madres se necesitan mutuamente. Y los dos quieren tener unos hijos sanos.

PARA SABER MÁS

The life of dad: the making of a modern father. De Anna Machin (Simon and Schuster Ltd).

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